Mateo 4:1 "Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo." La palabra "TENTADO" aparece en el original como "PEIRASEIN", que es lo mismo que "PROBADO." Probar y tentar es lo mismo al día de hoy. Hay un dicho de los judíos: "El Señor, El Santo de Israel, no eleva a un hombre a una dignidad hasta después de probarle y analizarle; si resiste la tentación, entonces, es que Dios le elevará a la dignidad (como para poder ejercer un ministerio o un servicio en el reino de Dios)." Esa dignidad se le atribuye a quien se ha hecho valer como persona habiendo demostrado respeto hacia sí mismo y hacia los demás. Cada cual responde a esa prueba de acuerdo a lo que hay dentro de él. A Jesús, el diablo le ofreció saciarle su hambre, le ofreció los reinos de la tierra y más, pero el Señor lo derrotó y salió limpio.
Mateo 4:2, 3 "Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a Él el tentador…" Esto le sucedió al Señor Jesús luego de un gran ayuno. Las tentaciones, las pruebas te llegarán, o ¡LAS PASAS O TE TUMBAN! Debemos saber que el tentador viene a atacar nuestro pensamiento. Nos lanza dardos como de fuego a nuestra mente; los lanza, pero esas tentaciones o pruebas no son un hecho. El diablo buscará aliados y armas entre nuestros propios pensamientos y deseos más íntimos. Vemos como Pedro fue tentado por el diablo y trató de que Jesús no fuera a la cruz (Mateo 16:22, 23 "Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!).
Lucas 22:42-44 "…diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra." Nunca, en toda la historia humana, ha habido una lucha con la tentación como la que Jesús mantuvo en Getsemaní con el tentador que trataba de apartarle del camino de la cruz. Pero, vemos que LA VIGILANCIA CONTINUA ES EL PRECIO DE LA LIBERTAD. En la milicia cristiana no hay licencias como para estar libres de estas tentaciones y pruebas, ni se dan permisos como para poder salir de esa batalla. A veces nos preocupamos buscando lo inalcanzable porque hasta nos llegamos a creer que podríamos alcanzar una etapa en la que estuviéramos más allá de la tentación. Nos ilusionamos creyendo poder llegar a una etapa espiritual en la que el poder del tentador ya esté quebrantado para siempre, pero no es así. Se requiere de cada creyente la vigilancia continua hasta el final de nuestra trayectoria hacia el Cielo.
Jesús mismo nunca alcanzó esa etapa. Desde el principio hasta el fin de su carrera tuvo que mantenerse en la lucha, por eso Él puede ayudarnos a pelear la nuestra. Somos atacados en nuestros dones y ministerios. Jesús fue atacado, era el Mesías. El diablo para tentarle le sugería que si era Hijo de Dios tenía todo el permiso de hacer lo que quisiera. Mateo 4:3 "Y vino a Él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan." Jesús le respondió, en el Vs. 4, "…No sólo de pan vivirá el hombre…". El diablo continuó las tentaciones, lo llevó a lo más alto de la ciudad, al pináculo del templo (Vs.5, 6) y le dijo: ¡Échate abajo, que los ángeles te librarán! Le proponía, como un juego caprichoso, que se tirara de lo más alto. Además, le ofreció los reinos del mundo y la gloria de ellos (Mateo 4:8, 9 "Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos y le dijo: Todo esto te daré si postrado me adorares."). Jesús tenía el poder y Satanás le pedía que lo adorara, era lo más que ansiaba que sucediera. Pero, Jesús le respondió (Vs. 10): "Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás." El diablo pretendía engañar a nuestro Maestro, era como decirle: "Lo que el Padre te ha dado yo te lo ofrezco." ¡Lo ofrecido ya le pertenecía al Señor Jesús!
Cuando los famosos predicadores caen en tentación y pecan ellos saben defenderse porque están dotados de muchas palabras. Entonces, para justificar su mal comportamiento usan su "labia" para presentar toda clase de "disculpas." Cuando se es tentado hay que luchar para salir limpio. La persona con una imaginación viva y gráfica sufrirá agonías de tentación más que una persona flemática que nunca las experimentará. La persona con grandes talentos mentales estará tentada a usarlos para su propio beneficio y no para el beneficio de otros. Será tentado a ser egoísta para que así no llegue a ser un servidor de la humanidad.
No había nadie en el desierto con el Señor Jesús cuando estaba librando esta batalla con el diablo. Jesús les contó luego a sus discípulos. Y nos lo dejó saber a nosotros en su autografía espiritual en los Evangelios. Él quiere que sepamos que nos quiere ayudar con nuestras tentaciones. La tentación era para desviar a Jesús del plan del Padre. Ese era el objetivo principal de Satanás al tentar a Jesús, desviarle del plan que el Padre había programado para Él. El diablo quería que Jesús transformara y comiera pan de aquellas piedras; pero, ¡mejor morir de hambre que vivir en pecado! ¡Dios le daría el pan! El diablo busca que los hijos de Dios desconfíen de la bondad de su Padre. Él puede decirte: "Échate abajo", pero, ¡no puede empujarte! Somos nosotros los que decidimos si caemos o permanecemos firmes. Si nosotros mismos no nos hacernos daño, nadie nos lo hará a la fuerza. ¡Hay que conocer claras las Escrituras para vencer!
La tentación es: ver, codiciar, tomar y esconder. En Génesis 3:6-8 leemos que Adán y Eva vieron, codiciaron, tomaron y escondieron. También Acán, en Josué 7:21, vio, codició, tomó y escondió. En Job 31:1 vemos la importancia de hacer pacto con nuestros ojos para evitar el comienzo de muchas tentaciones. Jesús dijo en Mateo 4:10: "Vete, Satanás…". Es preciso rechazar las tentaciones de forma contundente si queremos triunfar en ellas. La morosidad, el dejar para luego, hace que la tentación vaya cobrando la fuerza en nuestro interior hasta debilitarnos y hacernos caer. Este es un punto de suprema importancia; la mayor parte de nuestras caídas se deben a que no nos oponemos con un NO rotundo al atractivo de la tentación y mantenemos una secreta complicidad con el pecado que no nos decidimos a abandonar. Hay que decir: ¡Vete!
¡Seamos sabios, vigilemos todo el tiempo, usemos las Escrituras para que salgamos limpios cuando seamos probados! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
