Mega Zoé
Estudio #0887Iglesia en las casas

Seamos Abiertos para que seamos Unidos

Seamos Abiertos para que seamos Unidos llama a servir con humildad y recibir y extender el perdón.

Nuevo TestamentoFilipensesSEMANA DEL 9 @ 15 DE FEBRERO DE 20166 min lectura

Solo podemos obtener la unidad mientras amemos. Si amamos y estamos unidos, entonces somos la Iglesia. La única forma en que podemos estar unidos es cuando cada uno ama. Hermanos, nosotros no podemos luchar aparte, no podemos trabajar para el Señor si no estamos unidos. ¿Crees que podemos hacer las cosas bien si no estamos unidos? ¿Podemos hacer algo sin unidad? Cuando en una familia las partes no están unidas hay peleas en la casa y hay murmuración. Cuando no hay unión no se sabe ni quién es el enemigo. Porque cuando hay unión, los que están unidos saben percibir dónde está el enemigo y quién es, pero cuando no hay unión no se sabe quién es el enemigo porque todos actúan de la misma manera unos contra otros. Mis hermanos, el Evangelio es una verdad absoluta para que todos por igual entremos por ella. No es conforme a los criterios de cada uno que la iglesia del Señor se moverá.

En este versículo de Filipenses 4:2 vemos a dos discípulas del Señor, Evodia y Síntique separadas, las vemos en desunión. De ningún modo podrían estar divididas discutiendo por la doctrina, porque ellas no implantaron la doctrina sino que la conocieron por el Maestro. Se cree que Evodia y Síntique eran diaconisas y estaban unidas en el ministerio de Pablo. Eran dos mujeres que de seguro eran perfeccionistas; Pablo tenía un buen sentir hacia ellas, un buen recuerdo. Mis hermanos, cuando en nosotros está el amor, el corazón nos late, no importa la distancia. El corazón puede sentir que algo está pasando, que algo va a moverse. Nuestro corazón siente eso cuando en nosotros hay AMOR Y UNIDAD. La unidad y el amor es lo único que nos sostiene como iglesia. Estas eran dos hermanas piadosas entregadas a la obra de Dios. Ellas no eran impías, pero en vez de unirse hicieron lo contrario. ¡Comenzaron entre ellas los desacuerdos! ¡Cuídate de eso!

Cuando tú dejas de batallar por guardar el amor y la unidad es que la unidad no te llegó al corazón. Se rompe la unidad cuando el amor no es lo que te aturde. El amor aturde porque es fuerte, el amor se apodera de uno, en la mañana, en la noche, las 24 horas. El amor es algo que entra dentro de ti y no se puede ir. De ahí que el amor nunca deja de ser (1 Corintios 13: 8 "El amor nunca deja de ser…"). Cuando dejas la batalla que provoca ese amor, cuando le das la espalda, viene el tiro directamente hacia ti para matarte. ¡Cuídate! "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida." Proverbios 4: 23

Mis hermanos, los desacuerdos vienen cuando pensamos que uno sabe hacer las cosas MEJOR QUE EL OTRO. El ego, las extravagancias de uno, siempre nos hacen ver que somos el mejor y que sabemos hacer las cosas mejor que nadie. Porque todos creemos saber cómo deben ser las cosas, y por eso somos prestos para decir y hablar mucho. Cuando uno no tiene la unidad, cuando no tenemos el sentir de Cristo, de esa forma fortalecemos al Enemigo. Sí, se fortalece el brazo del Enemigo. Iglesia, nosotros no podemos dejar de batallar por la unidad y el amor. Tenemos que estar unidos para batallar contra el Maligno y contra todas sus maquinaciones. (2 Corintios 2: 10 "Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo…") 1 Pedro 5: 8,9

Pablo les dice a Evodia y a Síntique que arreglen las cosas para que haya unión entre ellas. Debemos conservar la unidad entre nosotros. Aunque cada uno nos sentimos orgullosos con lo que hacemos, en lo que se refiere al Señor Jesucristo, debemos estar plenamente unidos. También hay un terrible caso de desunión entre los hermanos de Corintio por la Santa Cena en 1 Corintios 11: 18, 22. Los hermanos rompieron toda la comunión, la Santa Cena ya no se podía comer igual según había sido establecida por el Maestro. Entre ellos se rompió una comunión muy sagrada e importante para Dios. Ya no hubo lágrimas en esa cena, no hubo sanidades y se dejó de sentir la presencia del Señor. Parece algo pequeño, pero son cosas que detienen la obra de Dios. Mis hermanos, la meta de nosotros debe ser tener el mismo sentir. SER PREPOTENTE, ALTIVO, SABER MÁS QUE NADIE, ES ALGO QUE DAÑA MUCHO A LA IGLESIA. No permitamos que entre ese mal a nuestras vidas. Porque todos necesitamos algún día de los demás. El ser así, prepotente y engrandecerse uno mismo, es pensar que no necesitamos de los demás. Es algo erróneo porque a todos nos llega el día malo.

Un buen ejemplo de unidad y de amor lo fue nuestro hermano Pablo. Fue humilde y manso. Pasó por muchas cárceles y los hermanos no dejaban de ir a donde él, porque Pablo no era un hombre prepotente. Era horrible su soledad en la cárcel, pero sabía lo que era mantener la unidad con los hermanos, sabía amarlos. Por eso iban y se quedaban con él, tanto así que siendo Pablo ya viejo, las cartas de él se las escribían los que con él guardaban la unidad. Hay gente que piensa: "No necesito de nadie, yo voy a vivir mi vida y que nadie se meta." No lo dice con su boca pero sí con sus hechos. Pablo aconsejó a estas dos hermanas para que mantuvieran la unidad, que se mantuvieran como compañeras porque con sus divisiones le estaban causando grandes molestias a la obra. Pablo las amonesta por amor a la obra. Trabajemos por amor a la obra. Debemos entender que de esto se trata la obra de Dios y que no podemos alimentar el brazo del Enemigo, sino que debemos luchar y no echarnos a dormir, sino obtener lo que es nuestro. Podemos ver que cuando no hay amor, empezará la ira a florecer y en vez de unirnos lo que haremos es separarnos alimentando así el brazo del Enemigo.

Así que, mis hermanos, lo mejor es quebrantarnos delante del Señor y aceptar con humildad lo que está mal, no importa lo que sea. Debemos cuidar el corazón de las cosas que vienen a destruirnos y vivir en una actitud de humillación, porque si no, cuando venga el quebranto no podremos resistir. Por eso yo soy compañero de los que le temen a Dios (Salmos 119:63). Una iglesia es para cuidarla y amarla. Por tal razón, aprendamos de Filipenses 4:8, 9. Mi hermano no permitas que nadie te "pase la mano" en el día que te tienes que humillar. No permitas que el mal entre a tu vida ni a la Iglesia del Señor. Que nos libre Dios de la altivez y que podamos ser mansos, porque solamente el manso puede escuchar el consejo de alguien (Santiago 1:21). Recordemos que no somos "estrellas" que menosprecian a los demás, sino que somos hermanos en Cristo, pues las estrellas están en el Cielo. A nosotros lo que nos toca en esta Tierra es amar a la iglesia (a los hermanos) como el Señor Jesucristo la ama. AMEN.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz