Mega Zoé
Estudio #0650Iglesia en las casas

Sigue lo Bueno

Sigue lo Bueno enseña a perseverar en la oración y servir con humildad.

Nuevo TestamentoRomanos5 min lectura

Yo entendí que en mi vida tengo un llamado para lo bueno. Me pregunto ahora: ¿Entiendes tambien tú que tienes un llamado? ¿Y que tu llamado es para lo bueno? ¿Que no es para hacer nada malo? El que ama tiene un llamado que es para lo bueno; seamos fieles al Señor, no es para hacer lo malo. Nosotros somos la familia de la fe, nos amamos y nos respetamos. Cristo nos rescató y nos dio el gran privilegio de estar unidos en amor y ser la sal de la tierra. Somos aquellos que nacimos de nuevo para hacer Su voluntad. Por eso, que el amor nuestro sea sin fingimiento. Como lo dice Pablo en Romanos 12: 9,10: "El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros." El amor debe ser absolutamente sincero. ¡Qué difícil suele ser esto para muchos! Pues, ¡cada cual busca lo suyo propio! Filipenses 2: 21 El amor no debe tener nada de hipocresía, ni de apariencia ni tampoco tener segundas intensiones. Se dice que el amor interesado y egoísta es el que con un ojo da afecto, pero mira con el otro ojo buscando alguna ganancia o ventaja. Por eso, vemos a tanta gente que viven molestos cuando no reciben ganancias de los que aparentan amar; con sus actitudes reclaman todo el tiempo. Hay quienes tienen ese amor egoísta cuya meta es recibir más de lo que dan. Si el verdadero amor del Señor está, es un amor limpio de egoísmos, da el corazón antes que nada. ¿Es ese tu amor? La Biblia nos dice: "Aborreced lo malo y seguid lo bueno." Cuando el pecado te repugne, cuando lo aborrezcas, entonces estarás seguro. Por un lado hay que ver la belleza de la santidad y por el otro lado la infinita fealdad del pecado. Si una persona evita hacer el mal, meramente por las malas consecuencias que le traerá, entonces ahí no hay recompensa. Pero fíjate, si hay algo que debemos odiar es el mal, aborrecer el pecado amando el bien. Muchos odian solo las consecuencias del mal pero no aman el bien y la justicia, como las ama y pide de nosotros nuestro Señor. Debemos ser afectuosos en nuestro amor a los demás humanos, y en especial a la familia de la fe. ¿Te puedes imaginar lo que ocurre cuando te burlas de alguno de la familia de la fe? ¿Cuando a otros le cuentas sobre la caída de los que conoces, mientras que lo tuyo y lo que estás haciendo es peor? Ninguno de nosotros debemos vivir como extraños para los demás hermanos. Somos uno en Cristo. Romanos 12: 5 Es el mismo Padre el que tenemos cada uno de nosotros. Hay que fijarse que los chismes en la iglesia muchas veces tienen que ver con los derechos, los privilegios y los prestigios que algunos hermanos buscan para sí mismos. ¡Cómo se atreven reclamar derechos y privilegios exclusivos cuando todos somos la familia de la fe! ¡Qué falta de amor y qué egoísmo se dejan ver con esas actitudes! El ojo de algunos observa a los demás hermanos supuestamente amándolos, pero con el otro ojo los mira con un grande interés personal. Dan afecto con un ojo y con el otro miran la posible ganancia a obtener. ¡Cómo se busca el prestigio! ¡Cómo se pelea por tener la buena opinión de los demás! ¡Incluso, la fama! Hay que ser como Cristo, humilde, servidor. Lucas 22: 27 La humildad debe ser nuestra posición dentro de la familia de la fe. Ninguno de los que ostentan grandeza quiere ceder ante otros en la iglesia. Cuando dos se pelean sobre un puesto luchan con gran fuerza aunque se lleven de frente a quien sea. No hay humildad ni amor en esto. Hermano, el cristiano no tiene derechos, solo tiene deberes. Podemos ver a gente perezosa aparentando tener celo por lo santo. Romanos 12: 11 En ti no debe haber pereza, ningún letargo para el servicio al Señor y a la familia de la fe. No dejes todo para después, pues lo que se deja para después nunca se hace. En este mundo hay que luchar siempre, continuamente contra el mal para que haya el bien. El tiempo es corto y la vida es una preparación para la eternidad. Si te afanas acá en lo de esta tierra te alcanzará el mundo, el cual te puede separar de la eternidad. Debemos estar "sirviendo al Señor." No dejes escapar las oportunidades. La vida nos da distintas oportunidades de aprender algo nuevo o quitar algo viejo que no se debe tener; debemos hablar a otros y darles aliento, ánimo, advertencias, ayuda o consolar. La tragedia es dejar pasar las oportunidades que más nunca volverán. Hay un refrán que dice: "Hay tres cosas que no vuelven, la flecha que se tira, la palabra que se dice y las oportunidades que se pierden." Conozco a muchos que no aprovechan las oportunidades. Me dices, "¡Pastora, es que las tribulaciones!" ¿Qué vamos a hacer? ¡Enfrentarnos a ellas como sea! Recibir lo que venga y ver que Dios es victorioso. Y a esa tribulación le sacaremos el provecho. No será que la tribulación nos va a agarrar a nosotros por el cuello, sino que al fin y al cabo lo haremos nosotros a ella. Nos enfrentaremos a lo que sea siempre y cuando sea con Jesús. Seamos "constantes en la oración." Al dejar de orar te vacías del Señor y de la guianza del Espíritu Santo. Si se deja de orar nos despojamos de las armaduras del Todopoderoso. Cuando insistimos en vivir solos sin Jesús la vida se desploma. En la oración es que se hace la obra y se alcanzan las victorias. La oración trae el poder a nuestras vidas y paz a nuestros corazones. Cuando oramos en el nombre del Señor Jesús llegamos a lo más cercano posible de la omnipotencia que el hombre mortal puede jamás llegar. Por ello, nos hacemos un flaco servicio a nosotros mismos cuando descuidamos la oración. Si dejas la oración, llega la derrota que luego se les achaca a otros. ¡Cuidado! El falto de oración vuelve atrás. No descuides lo que te mantiene cerca de tu Dios. Hermanos, seamos sabios en todo y sigamos siempre lo bueno. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz