Toda carne es hierba. A nosotros se nos olvida que todo pasa, la juventud, el día bueno, el día malo, la unión, la separación; todo tiene un tiempo. Todo en la vida es un movimiento constante, por eso no nos podemos aferrar a nada. La carne se aferra a cosas sin pensar que todo pasa. Pensamos que todo es eterno, pero nada aquí en la tierra es eterno. Cuando viene la tentación, o el día de la prueba si estamos en la carne es difícil pasarla, pero si estamos en el Espíritu la pasamos como otra más. Cuando viene la tentación y no estamos en el Espíritu viene la caída porque la carne nos va a entregar. A veces pensamos que somos capaces de vencer y resistir, pero cuando se ve el día malo, no hay nada que nos aguante sino Dios en nosotros, el Espíritu Santo. La carne, ella es nuestro enemigo.
Dios nos hizo del polvo y al polvo vamos, entonces por qué tanta soberbia y vivir siempre tan heridos por todo. A veces le prestamos tanta atención a este estuche que es nuestro cuerpo. Le prestamos más atención a la carne que al Espíritu. Mientras más disciplinemos nuestra carne nuestro espíritu va a desarrollarse y nos convertiremos en personas espirituales, porque se necesitan personas espirituales en la casa de Dios. Hoy día la Iglesia en Estados Unidos se ha movido a dar tanto lugar a la carne; porque el resistir no se ha hecho propio del creyente sino que se le presta más atención al estuche del cuerpo que al Espíritu. La carne, carne es y ésta es como la flor del campo que hoy es y mañana no. La carne tiene que morir en nosotros para poder ser perdonados. Cuando vivimos en la carne es porque no hemos muerto, no nos hemos arrepentido. Pero si hemos tenido un arrepentimiento tenemos un perdón.
Hay que nacer de nuevo en el Espíritu. Cuando vivimos más para la carne no se puede perseverar, porque nuestras luchas son espirituales y ¿cómo las vamos a luchar en la carne? Nuestra lucha es contra principados y potestades que nuestros ojos no pueden ver, pero el Espíritu sí. Y éste pelea con lo que tiene que pelear. Cuando comenzamos a vivir en el Espíritu somos capacitados para el futuro, el cual es incierto porque no sabemos qué traerá. Si no hemos vencido la carne nos toma por sorpresa. Si algo al diablo no le gusta es el futuro del que se convierte, porque va a tener la voluntad del Padre en su vida. El diablo no quiere que seamos espirituales para que no hagamos la voluntad del Padre en la casa de Dios. El diablo se reirá si no hacemos la voluntad del Padre. No podemos luchar nada con nuestras fuerzas sino en el Espíritu. El que vive en el Espíritu es un guerrero y las lleva todas a ganar, pero para eso hay que morir a la carne. Al espiritual nadie lo engaña porque Dios todo se lo revela y todo lo entiende. Cuando se vive en el Espíritu nada nos toma por sorpresa porque hay mucha sobriedad.
Juan 6:63 El Espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha. La palabra es vida. La carne no puede hacer ningún bien sino destrozarnos y después, ¿quién nos puede sacar de ahí? El que vive en el Espíritu vive gozoso, tranquilo. La carne es materia ya dispuesta para la muerte. El que vive en el Espíritu conserva su carne para que cuando Cristo venga ella ha de resucitar para unirse con el espíritu. El ojo es carne, nuestras manos, pies todo lo que buscamos en este cuerpo al fin y al cabo es carne. El cuerpo se enferma, pero el espíritu no. La carne no puede hacer nada por nosotros, pero cuando se da lugar a ésta se vive turbado. Es estuche de nuestro cuerpo, nos lo ha dado Dios para cargar nuestro espíritu. ¿Podemos ser tan capaces de comenzar a vivir siendo personas totalmente espirituales? El Espíritu es el que vence la carne.
Romanos 8:1-5 En el Espíritu es que se realiza una acción. Todo lo que es humano es trivial. Los que viven en la carne conforme a ésta caminan. Los que están en Cristo y viven conforme al Espíritu entienden que la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús nos libra de la ley del pecado y de la muerte. Donde la ley no pudo llegar porque era débil por la carne Dios envió al Hijo y de Él es que viene que en nosotros esté el Espíritu. La ley era débil, pero Cristo no tiene nada de débil, entonces podemos entenderlo más viviendo en el Espíritu. Jesús que vino en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado condenó al pecado en su carne. En su carne llevó nuestra maldición para que seamos espirituales y no carnales. La mente de la carne fue muerta porque ésta es enemigo de Dios.
Una conversación en el espíritu es para bien de nuestras vidas. Cuando se vive en la carne se obedece el impulso de la carne. Es gratificar los deseos de la naturaleza corrompida. Cuidémonos porque en el momento que estamos gratificando la carne no hay problema, pero luego se siente tan horrible. Cuando se gratifica la carne es bien feo. El que es verdadero se levanta por encima de las cosas de la carne y vive para las cosas que son eternas. El ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Somos eternos. El Espíritu de Dios es la garantía de vida, es estar en paz con Dios y tener una vida con serenidad. Cuando no se tiene paz nuestras vidas no están serenas sino inquietas, desesperadas. La vida que está dominada por la naturaleza humana cuyo centro es el "yo", cuya única ley es el propio deseo que se apodera de lo que quiere cuando quiere, está dominada por la lascivia. Si Cristo fue muerto en la cruz para que seamos muertos en la carne también en Él ya no tenemos una mente propia.
I Corintios 2:16 Nuestra ley es la voluntad de Cristo. Estamos centrados completamente en Dios y gobernados por el Espíritu Santo. Si no estamos controlados por Cristo entonces nuestra carne nos destroza y estamos centrados en Satanás y no en lo puro. El día que nos convertimos abandonamos el mundo del paganismo, tomamos la cruz, entramos al proceso espiritual quedando el paganismo atrás. Jesús padeció en su carne y terminó con el pecado que había en nosotros para convertirnos en personas espirituales y vivir como Dios quiere que vivamos. Cuanto más espiritual seamos más Dios nos ve y nos escucha. Si somos seguidores de Cristo debemos amarlo con todo nuestro pensamiento.
Suframos la persecución, no nos vayamos a la carne, nosotros decidimos. Cuando se vive en la carne se hace fácil en la tierra, pero no en el infierno. Es mejor recibir la persecución porque la vida limpia y moral del creyente condena al pecador. ¿Cómo hemos de vivir en la carne y no en el Señor que nos llamó para vivir en el Espíritu? Las reglas están en la palabra. Basta ya de lo que Jehová aborrece. Si aborrecemos el mal nos va a dominar el Espíritu Santo. O escogemos el Espíritu o la carne. El vivir en la carne se destruye la obra de Dios, pero vivir en el Espíritu se edifica por eso es mejor vivir en el Espíritu. Mientras vivimos una vida más limpia y moral todo el que nos mira se siente condenado por nosotros. Aunque por vivir en el Espíritu nos injurien no nos preocupemos porque ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a muertos, Dios. Vivir en el Espíritu nos hace mucho bien. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
