Ser un eunuco en aquellos tiempos bíblicos implicaba vivir en una negación completa de todo aquello que era placer, era morir totalmente al yo para rendir un servicio a un rey, a una reina o a cualquier otra persona o causa por toda la vida. En ese tiempo un hombre podía ser seleccionado para ser un eunuco y estar en la corte de un rey. Pero, un eunuco vivía impedido de reproducirse como los demás hombres, por lo tanto no tenían la oportunidad como la tenían los demás hombres de que alguien los admirara, ni los aplaudiera pues en aquellos tiempos era de orgullo procrear y tener familia. Estos eunucos eran castrados de sus órganos reproductores. Los gobernantes que tenían un harén le hacían esto porque a los eunucos se les encargaba específicamente de cuidar a las mujeres y la manera de impedir que ellos se interesaran en ellas era castrándolos.
En la Biblia se destacan también aquellos hombres que voluntariamente se hacían eunucos a sí mismos por causa del reino de los cielos. Eran hombres sin defecto físico de nacimiento, ni con defecto hecho por mano humana, ellos se podían reproducir como cualquier otro hombre, pero decidían voluntariamente abstenerse de mujer no dándose al casamiento y dedicando así toda su vida y fuerzas solamente al Señor.
Hay cosas que uno como humano las ve en otras personas y las mide como grandes y maravillosas. Medimos muchas cosas de acuerdo a lo que son nuestras propias ambiciones humanas. Pero, cuando de Dios se trata, no podemos seguir viéndolas así. En muchas ocasiones estamos lejos del pensamiento de Dios y no logramos entender sus designios. Si lográramos ver realizados los planes de Dios en cada persona veríamos lo grande de Dios en cada uno. Pero, siempre se mide lo que es la fama y éxito humanos. Pero, la bendición de Dios no es dada de la manera como nosotros damos mérito o recompensamos hoy día a las personas. En el cielo está la recompensa para los mansos y los humildes. No podemos medir a las personas por los éxitos, ni por lo grande que parecen ser a nuestros ojos o a los ojos de los demás. Cuando nos medimos a nosotros mismos y nos miramos que no nos sentimos capaces de hacer esto o aquello, entonces nos castigamos. Pero, esa no es la forma en que Dios nos ve. En muchas ocasiones nos maravillamos y nos volvemos locos por la luz con la que brillan los demás. Entonces comenzamos a medirnos, pero cada cual va a brillar por la luz que Dios le da a cada cual. No vamos a tener más o menos luz de la que nos toca recibir de Dios. Si entendiéramos eso estaríamos localizados en el lugar donde Dios nos quiere tener.
A cada uno Dios le da la luz que tiene. Dios escribió su designio para nosotros antes de la fundación de la tierra. Tenemos que cumplir nuestra historia que ha estado en la mente de Dios. Inspirémonos en lo que Dios quiere y comencémonos a mover en eso perfecto. Tenemos que estar claros y convencidos de que cada uno de nosotros tenemos que ser lo que Dios quiere que seamos. Cada vez que invadimos el terreno de otras personas, menospreciamos nuestro propio valor a los ojos del Creador. Comencemos a amarnos a nosotros mismos. Es amar lo que Dios hizo. En ocasiones comenzamos a descender en nuestra fe en vez de crecer más en la fe respecto a lo que nos toca hacer. No podemos ser ni más ni menos. Sino lo que Dios quiere, lo que nos toca hacer. No nos metamos donde no nos pertenece. Cada cual a lo que Dios le llamó. Si cada uno está en el lugar apropiado, no se convierte en carga lo que nos toca hacer. Efesios 4: 16 Dios nos ama mucho por lo que somos.
En esta Isla de Puerto Rico y a cada creyente en su país donde vive, Dios nos coloca para hacer lo que Él quiere. Él nos capacita y nos da la luz que necesitamos para brillar donde estamos. Si pensamos que somos pequeños debido al servicio nuestro en el reino de Dios, entonces, ¡aprendamos de los eunucos! No hay una luz más grande que otra en la casa de Dios, a cada cual Dios lo ha colocado de acuerdo a la capacidad que Dios le ha dado. Todos juntos alumbramos. Tenemos una gran ventaja aquí en la Iglesia y es que no hay grandes o pequeños, aquí todos somos uno. No hay una vara para medirnos entre nosotros; a todos y a cada uno Dios nos pide lo que tenemos que dar. Decir: "no sirvo" es de Satanás y es él quien en verdad no sirve.
Dios quiere que seamos uno para que todos podamos andar en el camino que Él ha trazado para cada uno. Todos tenemos un poco para hacer. Si pensamos que tenemos más de lo que en realidad tenemos, no vamos a poder con la carga. Nunca dejemos nuestro lugar. Y menos, por mucho tiempo. Tenemos que ser fieles a lo poco o a lo mucho que nos toca dar. Cuando nos echamos para un lado no damos ese poco que nos toca dar, entonces hay un vacío en la Iglesia. ¿Qué hay en el pensamiento del que se echa a un lado y no se mueve con nosotros? Hay menosprecio de sí mismo, va huyendo, escondiéndose. La vida hay que conquistarla día a día llenándonos de amor, dándonos totalmente. Cuando nos menospreciamos nos detenemos. El poco valor que nos damos no deja que seamos nosotros mismos, que seamos lo que Dios quiere. Cuando estamos contentos con lo que somos aprendemos a disfrutar y nunca estamos pendientes de lo que está a nuestro alrededor.
Levítico 21: 18 La ley establecía que era prohibido que entrara a la congregación aquel hombre que era eunuco, mutilado. Se decía del eunuco que era árbol seco, no tenía fruto, por tal razón no se nombraba muy bien, no podían estar en la casa de Dios.
Hechos 8:27 Aquel eunuco de la reina se encontró con Felipe y se bautizó. Nosotros éramos árboles secos porque no teníamos nada que darle a Dios, éramos estériles, no había en nosotros nada bueno y al creer en el Señor Jesús todos aquellos que éramos desechados comenzamos a entrar a una vida nueva. No tenemos nada que dejarle a nadie solamente lo que viene de parte de Dios. Entonces, por qué no hacerlo, por qué tardarnos tanto y darle tanta larga a eso. Jesús murió para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Tenemos mucho valor, aunque nos burle la gente. Porque los que aman a Dios tienen mucho valor. Nuestro valor es por lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. La Iglesia del Señor vive privilegiada por Él. El Padre nos dio valor y por eso le damos valor a todo el que está a nuestro alrededor. Dios nos sacó de ser secos y nos colocó en su casa; protegidos y bendecidos por Él, somos hijos y tenemos que darle a Dios siendo fieles. El valor y talento que tenemos de parte de Dios no lo podemos menospreciar y alejarnos teniéndolo en poco. Si no damos el poco que nos toca dar vamos a llorar mucho. Sirvamos ahora en el reino de Dios con honra y obtendremos la eternidad. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Cuando Estamos Contentos Con Lo Que Somos Aprendemos A Disfrutar
Mateo 19:12
“hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.”
Algunos eunucos escogieron vivir sin aplausos por causa del reino de los cielos. Dios no mide como el hombre: a cada uno le da la luz que le toca, y cuando estamos contentos con lo que somos aprendemos a disfrutar. Estos son los puntos para la semana.
- Ser eunuco era morir al yo para servir toda la vida a un rey, sin familia y sin aplausos. Algunos, pudiendo casarse, se abstenían para dedicar toda su vida solamente al Señor.
- No podemos medir a las personas por sus éxitos ni por lo grandes que parecen. La bendición de Dios no se da como el hombre da mérito: en el cielo está la recompensa de los mansos y humildes.
- Cada cual va a brillar con la luz que Dios le da. Cuando nos medimos con otros nos castigamos, y cada vez que invadimos el terreno ajeno menospreciamos nuestro propio valor a los ojos del Creador.
- Dios escribió su designio para nosotros antes de la fundación de la tierra. Cada cual a lo que Dios le llamó: si cada uno está en su lugar, lo que nos toca hacer no se convierte en carga.
- En la casa de Dios no hay una luz más grande que otra ni una vara para medirnos entre nosotros; todos juntos alumbramos. Decir «no sirvo» es de Satanás, y es él quien en verdad no sirve.
- El que se echa a un lado deja un vacío en la iglesia; va huyendo y escondiéndose por menosprecio de sí mismo. Tenemos que ser fieles a lo poco o a lo mucho que nos toca dar.
- La ley llamaba al eunuco árbol seco, pero el eunuco de la reina creyó y se bautizó. Así éramos nosotros, y Dios nos sacó de ser secos y nos colocó en su casa.
Deja de medirte con la luz de otro. Identifica ese poco que Dios te pide dar en su casa y dalo esta semana con fidelidad.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Muchas Lucecitas Alumbrando Juntas
Mateo 19:12
Para leer en voz alta con los niños
“hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: hubo hombres que escogieron no casarse para servirle a Dios con toda su vida, aunque nadie los aplaudiera. El estudio dice que en la iglesia somos como muchas lucecitas: cada una alumbra con la luz que Dios le dio, y todas juntas alumbran la casa.
- Los eunucos servían a un rey toda la vida y nadie los admiraba. Pero algunos escogieron servir solo a Dios, y para Dios eso vale muchísimo.
- Dios no mide como medimos nosotros. No importa quién es más famoso o quién sale primero: Dios mira el corazón humilde.
- No te compares con otro niño. Dios te hizo a ti y te dio tu propia luz. Cuando te pones a medirte con los demás, te pones triste.
- Si alguna vez piensas «yo no sirvo para nada», eso no viene de Dios, viene del enemigo. Dios dice que tú sí sirves.
- Cuando uno se esconde y no da lo que le toca, queda un hueco en la iglesia, como una lucecita apagada. Y eso trae lágrimas después.
- Antes éramos como un árbol seco, sin fruto. Jesús nos buscó, nos limpió y nos puso en su casa como hijos.
¿Qué cosa buena sabes hacer tú que Dios te dio?
Esta semana úsala en la iglesia o en la casa, sin compararte con nadie.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
