Por naturaleza, al hombre no le gust& dar valor a 1.as cosas. Menospreciar es costumbre. No dar vdor a las
cosas que Dios nos ha dado. Algunos piensan que la Iida es larga y que nada cuenta. Viven engañados. Si le
damos valor a lo que Dios nos ha dado le caeremos ma1 a los que no lo hacen.'. nos dirán que somos exagerados,
fanáticos, etc. Pero tenemos que aprender que nuestros oídos tienen que escuchar lo que Dios tiene para nuestras
vidas y no lo que el diablo viene a murmurar. Le es fácil a la gente murmurar sobre aquellos que le dan valor a lo
de Dios. Cuando aprendemos a dar valor a lo de Dios v2111os a tener días buenos. En ocasiones nos pueden decir:
"Tómalo suave, tranquilo... ", y eso nos molesta, porque dentro de nosotros hay un fuego que nos quema.
En Génesis 25: 26-34 Dios nos habla de Esaú, de quien tenemos que aprender de sus errores y menosprecios
a lo que Dios le había dado. Que nada de lo que digan de nosotros nos haga c21er como él cayó. V amos a tener un
Jacob a nuestro lado. No temamos del diablo porque ya fue derrotado, pero si temamos de un Jacob, porque lo
menos que pensó Esaú fue que de su propio hermano se tenía que cuidar, pues se le quedó con todo. Esaú pensó
que podía burlar lo sagrado, lo cual se debe pesar en buena balanza. Menospreciar es hacer las cosas:;in darle
ningún valor. A veces hasta a la Iglesia no se le da valo:1. Pensamos que lo grande es la música, pero gro.: tde es la
alabanza que sale de nuestras bocas, grande es la adoración; envolvemos en ella para bendecir a Dios y o.! lidamos
de nosotros ir:.ismos. Esaú no aprendió a darle a Dios alabanza. Cuando llegarnos a la casa de Dios es 'Jara que
seamos un cu;::rpo. Cuando no le damos valor a lo que corresponde; si Dios nos ha llamado a ser ·mciano,
misionero, músic·:.:, diácono y no le damos valor menJspreciamos lo que Di.os nos ha dado. Si Dio:; nos ha
preparado para su obra y ha puesto en nosotros d0nes ¿,::;ómo no los vamos a asar y decir que estamos c.;upados,
que tenemos otras c\)Sas que hacer? En vez cic crece:· r.erdemos. Menospreciar a Jesús es para castigo eter·10.
A cuántas cosas nos hemos hecho de la vista larga y las hemos dejado de hacer porque no nos impo ta nada.
Dejamos de cumplir. Pern:;amos que al.guíen tiene la c�,.Lipa y no nosotros. Ne· reconocemos que fue po: nuestra
negligencia al dejar de orar, de leer la Palabra, dejar la comunión con Jesús.:Somos nosotros los que d�jamos de
darle el valor a lo que es santo y nos aliviarnos la conciencia con otros echándoJ.es la culpa. No somos caoaces de
decir: "No le he dado valor a lo que Dios me ha dado." El miedo es a la oración, al ayuno, a enfrentarnos con Dios.
El hombre y la mujer de Dios sabe que Dios le llamó, que Dios le dio y por ende le ha de pedii cuenta.
Cuando dejamos de hacer un ministerio, Dios tiene que buscar a alguien que cumpla. A veces decimos: ''.A mi me
quitaron esto y lo otro," pero es porque dejamos de hacer. Hoy día se buscan muchas novedades para atraer gente,
pero éstas no libertan a nadie, lo único que nos puede fortalecer es vivir en fe y esta la trae la Palabra de Di os.
Podemos ver muy claro el caso de Esaú. Isaac h�ida puesto su vista en Isaac comía de la caza ie Esau.
Este era muy d:iestro, vivía muy ocupado en su trabc.,;"1. Con él había comiil.<.:. segura. En ese tiempo no había
escasez. Lo que habfa en Esaú era menosprecio y ese e:.:·. el peligro. Ese es el:'.. !ligro que tenemos en esto:; días.
Esaú eP dec !�" piC1TI.esi..:., �e la bendición. No le::lio importancia a eso La visitación de Dios a ve�es la
vendemos. ��súú era un bombre que cazaba; Jacob, un hombre quieto que busc:i.ba el bien para él, rnetidc en casa,
que cuidab¡:¡ ';l ganado, no vivía afanado, un hombre que calculaba, pensaba, meditaba. Era hijo de R�beca, a
quien le atraf:y la promesa. Génesis 25:23. Jacob med:taba cada día en lo q:1e Dios había hablado. S:: levantó
anhelando distir.:._� a lo que an.ti.elaba Esaú. Dios estaba viendo los actos de Ja::ob. Conocía todo. Sabía: ue Esaú
no iba a darle ;;;. lo que El le había dado. ¿Le damüs valor y meditamos e..i lo que Dios ha puesto eu nuestras
manos? Somos capaces de decir: "Dios me h;;:. t':.do esto y ¿se levantaran más personas a quererlo para ellos?"
Rebeca sabía que el mayor iba a servir al menor, porque éste si le dio importancia a la profecía. El ''alar que
le darnos a las cosas que Dios ha puesto ;:;n nuestras manos, mientras más nos entregamos y más peso le da.n1os, los
que están a nuestro alrededor también le Jarán peso y valor. Hagamos un estudio de nuestra vida, debemos
conocemos a nosotros mismos. En la vida tendremos un tiempo y ese día marcará lo que será nuestro futuro. Hay
que prepararse para la vida. Esaú no pudo ver que ese era su momento y por una comida vendió su primogenitura.
Jacob en otras palabras le dijo: "Véndeme lo que es tuyo porque me será de bien." Y Esaú tuvo su mala p:i.rte.
Deseemos vencer en el mañana y cumplir lo que (';S la voluntad de Dios en nosotros. No seamos cc:no Esaú
que menospreció no solo el llamado; sino r¡ue menospreció al Dios que lo llarr:ó. ¿Hemos de seguir en la 1;orriente
de todo el mundo, seguir caminando cómo camina y vive el mundo? En aqueEos tiempos al primogénito le tocaba
el doble de todo. Pero Esaú solo pensó en el momento, en el hambre. A ve•"::es pensamos en el momento, en la
circunstancia, pt"ro no pensamos en el mañana. Las,\;cisiones las tornamos ce l1 locura, pero no con las rodillas,
en oración. No entreguemos lo nuestro en las manos de otro Jacob. Si Jeh:ii;á no vela y no edifica en vano es
nuestro traba,; o. El busca al hombre y aunque nos duela, El busca hombre: como Jacob. No somo�. los más
perfectos, ni los mas grandes, sino que somos los que meditan y saben para donde van. Jacob buscaba e5a doble
porción, bu�c;aba ser el jefe de la tribu de la familia y lo fue. Fue antepasadc del Mesías. Eso era para Esaú no
para Jacob..Ss saber desde las entrañas y oler cual es mi futuro, es olerlo, respirarlo, es como algo u�ntro de
nosotros que nos hace meditar en qué es lo que quiero, q.1é estoy buscando, qué pretendo, qué anhelo, quien cuenta
mis días; Jehová cuenta mis días. El día de mañana tengo que plantar esto.
Jacob le dio valor a ser el hijo primogén!tc. b:.J.�có el linaje divino, Esaú buscó gratificación tempural. No
estamos para buscar lo temporal. Génesis 27:22 vendió su primogenitura y después le pesó. Pee eso, El
hombre y la mujer de Dios siempre tiene algo que hacer en el presente, lo que pasó ya pasó. Buscamos el trabajo
de hoy. ¡Cuán doloroso es que Esaú, no solo perdió la primogenitura sino también la bendición! Si vendemos la
primogenitura, lo que Dios nos ha dado, la bendición que era para nosotros será para otro. La preocupacion deber
ser de nosotro5 mismos; ¿Qué Jacob está a mi lado y quiere lo mío? Si vendemos la primogeniturs no hay
bendición. ¡Cómo no hemos de cuidar lo que Dios ha puesto en nuestras manos! ¡La doble porción que:)ios nos
ha dado; la bendición! ¿De qué vamos a vivir si Jehová no nos bendice y ¡:vospera nuestro camino? Nuestro
mañana lo bt:'ldice Jehová. Hallaremos gracia delante de sus ojos amándole, entregándonos a lo que Dics nos ha
dado. Donde 2,·)ngamos nuestro empeño nos pasará como a Jacob o como a Esa,�;; nosotros decidimos. Arnén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Ama lo que nos ha dado
Génesis 25:26-34
“Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.”
Por naturaleza al hombre no le gusta dar valor a las cosas: menospreciar es costumbre. Esaú vendió por un plato de comida lo que Dios le había dado, y perdió la primogenitura y la bendición. Lo que Dios pone en nuestras manos hay que amarlo y cuidarlo. Estos son los puntos para la semana.
- Si le damos valor a lo de Dios, les caeremos mal a los que no lo hacen: nos dirán exagerados o fanáticos. Nuestros oídos tienen que escuchar lo que Dios dice, no lo que el diablo viene a murmurar.
- No temamos al diablo, que ya fue derrotado; temamos a un Jacob. Lo menos que pensó Esaú fue que de su propio hermano tenía que cuidarse, y se le quedó con todo.
- Si Dios nos llamó a ser anciano, misionero, músico o diácono y no le damos valor, menospreciamos lo que nos dio. Decir que estamos ocupados, que tenemos otras cosas que hacer, es perder en vez de crecer.
- Cuando dejamos de orar, de leer la Palabra y la comunión con Jesús, le echamos la culpa a otro. Y cuando dejamos de hacer un ministerio, Dios tiene que buscar a alguien que cumpla.
- Jacob era un hombre quieto que meditaba cada día en lo que Dios había hablado. Esaú solo pensó en el momento, en el hambre; las decisiones se toman de rodillas, en oración, no con locura.
- Esaú no solo perdió la primogenitura, sino también la bendición, y después le pesó. Si vendemos lo que Dios nos ha dado, la bendición que era para nosotros será para otro.
Nombra una cosa que Dios puso en tus manos y que has descuidado, y vuelve a hacerla esta semana con empeño, sin excusas.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
El Guiso Rojo de Lentejas
Génesis 25:26-34
Para leer en voz alta con los niños
“Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Esaú cambió algo muy valioso que Dios le había dado por un plato de comida, y así demostró que no le importaba. La pastora explicó que Esaú llegó cansado y con hambre, y por un guiso rojo de lentejas vendió su primogenitura, el regalo especial del hijo mayor.
- La primogenitura era un regalo grande: el hijo mayor recibía el doble de todo y la bendición. Esaú la tenía, pero no la cuidó.
- Esaú solo pensó en su hambre en ese momento, no en el mañana. A veces queremos algo ahora mismo y olvidamos lo que de verdad vale.
- Jacob, en cambio, pensaba todos los días en lo que Dios había prometido. Él sí le dio valor a la bendición.
- Dios también te ha dado regalos: tu familia, tu iglesia, orar, cantar y servir. Si los descuidas porque estás ocupado jugando, los desprecias como Esaú.
- Cuando dejamos de orar o de leer la Biblia, a veces le echamos la culpa a otro. Es mejor decir la verdad: «Yo lo descuidé».
- Después a Esaú le pesó, pero ya había perdido la primogenitura y también la bendición. Lo que no cuidamos se pierde, aunque luego nos duela.
¿Qué regalo de Dios has descuidado?
Esta semana, escoge uno y cuídalo todos los días, como algo que vale mucho.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
