En este capítulo vemos como Jacob, ahora llamado Israel tenía una comunión con Dios y llevó al pueblo a la santificación. Estaba pleno en Dios. Tenía la primogenitura y la bendición de Dios; pues tocaba "sostener" lo que de Dios venía. No se puede tener lo de Dios si no hay esa santificación para llegar al cielo.
I. (Génesis 28:10-22) Dios no olvida las promesas que se le hacen.
A. Dios le trae a memoria a Jacob la promesa que le hizo en Betel y le envía allá para que la cumpla (30 años).
Jacob había dicho cuando estaba en apuros: "Si vuelvo en paz…esta piedra que he puesto por señal será casa de Dios. (Génesis 28:21-22).
Tal vez de siete u ocho años que había venido a Canaán. (Génesis 33:19-20) Había comprado un terreno allí y construido un altar en recuerdo de la última aparición de Dios, cuando le puso el nombre de Israel. (Génesis 33:19-20).
A pesar de tan señalado favor, parece ser que a Jacob se le había olvidado Betel.
Cuidado con los deberes descuidados: 2 Pedro 1:5-7 "añadid a vuestra fe virtud (poder obrar, actuar correcto, fuerza, valor para poder obrar, la integridad de ánimo); a la virtud, conocimiento (conocer-información de valor, comprender la realidad por medio de la razón-proceso de aprendizaje constante); al conocimiento - honradez, honestidad, respeto por los demás), dominio propio (capacidad que nos permite controlarnos a nosotros mismos, nuestras emociones y no que éstas nos controlen a nosotros); al dominio propio, paciencia (capacidad de sufrir y tolerar desgracias, adversidades, soportar); a la paciencia, piedad (obediencia de los mandamientos de Dios y el cumplimiento de la vida cristiana); a la piedad, afecto fraternal (cariño a lo propio de humanos); y al afecto fraternal, amor.
Nuestro deseo debería ser vivir en la casa de Dios en Betel.
Debe ser nuestro hogar, no nuestra posada (albergue viajero).
Haz altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú (28).
Jacob manda a su familia a prepararse (actos, evento, ceremonia); no tan sólo para el viaje y el traslado, sino para los servicios religiosos que allí iban a llevarse a cabo.
Los mandatos que da a su familia: Deben "quitar los dioses ajenos."
Raquel había robado los dioses de Labán.
Se le habían añadido los niños y mujeres y todo lo que había en casa le robaron.
Había muchos de Siquem (la ciudad) en medio de ellos.
Ellos habían sido instruidos en el recto conocimiento de Dios, pero tenían dioses ajenos.
¡Cuidado, que puedes tener un altar levantado a Dios en el cual se echan de menos muchas cosas y hay más dioses extraños de los que uno podría sospechar!
Deben estar limpios y mudar sus vestidos.
Simón y Leví tenían sus manos llenas de sangre; a ellos correspondía, de una manera especial, limpiarse y quitarse unos vestidos tan manchados.
Rubén pecó, Judá pecó con la cananea y vendieron a José por celo.
Eran hombres agresivos, no gustaron de ser como Jacob.
Esta ceremonia significaba la purificación y el cambio de corazón.
Sus familiares le entregaron todo lo que tenían de idolatría y las cosas supersticiosas.
Jacob se encargó de enterrar todo ello, para que no lo encontrasen después y no se volvieran a las prácticas anteriores.
Se trasladan de Siquem a Betel sin que nadie les moleste.
El temor de Dios estuvo sobre las ciudades.
"El camino del deber es un camino seguro."
Y las misericordias se movieron para Jacob.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
