Job 1:1 "Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal." Era Job un varón perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. El temor para con Dios le preservó de lo malo (Proverbios 8:13 "El temor de Jehová es aborrecer el mal…"). No importando lo malos que fueran los que le rodeaban tanto mejor era él para con su Dios. En lo que creía era fiel, era un hombre apartado del mal. Job era cumplidor de los mandamientos, era cumplidor de la Ley; este hombre de Dios buscaba la perfección, su corazón era sano. Job era recto en su conducta para con Dios y con los hombres; era fiel a lo de Dios (a Su Palabra) y constante en sus propósitos (con determinación firme). El temor de Dios, que reinaba en su corazón, era el principio que regía toda su conducta. Job detestaba la idea misma de hacer el mal, por eso se apartaba de todo lo que fuera desagradable a Dios.
El corazón de Job era pobre, no era vanidoso a pesar de todo lo que poseía (Job 1:3 "Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era aquel varón más grande que todos los orientales."). La prosperidad a Job no le hacía egoísta, sino que esto le traía beneficio a su vida para hacer el bien. Job tenía una familia numerosa (Job 1:2 "Y le nacieron siete hijos y tres hijas."). Su piedad era evidente, él era un buen padre de familia. No se dice de cuánta tierra Job poseía, pero por todo lo que tenía acumulado en ganado se puede deducir lo grande que sería su terreno. Su hacienda o finca dedicada a la agricultura era más que suficiente para mantener a su familia. Vemos también que sus criados eran muchísimos. Así que Job con todas sus posesiones y riqueza tenía el gran privilegio de hacer el bien a muchísimas personas. Su riqueza, y más que nada el ser un hombre temeroso de Dios, perfecto, recto, "apartado del mal", le daban grande honor y poder en su país.
Sin embargo y a pesar de todo esto con lo que Job contaba, las aflicciones le llegaron, ¡y de qué forma.! Nadie está a salvo de las calamidades o pruebas de la vida humana. Ninguno de los bienes que se posee nos puede defender cuando llega la prueba.
Mencionamos que Job tenía una numerosa familia, una familia grande que compartían con alegría entre ellos (Job 1:4 "E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comiesen y bebiesen con ellos."). Se invitaban cada uno en su día, cada uno en su propia casa; vemos que eran prósperos. Los hermanos se invitaban para sus casas y tenían comidas, etc. Estaban en buena salud, vivían en amor, armonía, no había peleas de ninguna clase. Y aunque los hijos varones de Job habían hecho cada uno su propia familia, eso no les disminuía el afecto que tenían o sentían por sus hermanas. Job, como padre de familia obraba como sacerdote en favor de todos ellos. Había en Job el temor de Dios y preocupación de que sus hijos se conservaran puros y sin mancha en medio de las fiestas que hacían. Job tenía la función sacerdotal entre los suyos, aun teniendo ellos sus propios hogares. Tan pronto como pasaban los días del banquete los mandaba a llamar para purificarlos (Job 1:5 "Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días."). Job se esforzaba para santificarlos, hacía que se buscaran en sus conciencias y se arrepintieran de cuanto hubiesen hecho digno de reprensión. Conservaba su autoridad sobre ellos para bien y ellos, de buena gana, se sometían. A pesar de estar ellos casados y tener sus propios hogares Job continuaba siendo el sacerdote de la familia y a su altar venían sus hijos, los cuales apreciaban el participar de sus oraciones más que el participar de su hacienda. ¡Job tenía altar para su familia! Él ofrecía sacrificios por ellos. Se levantaba de mañana, madrugaba para ellos, como quien tiene puesto el corazón en la obra. El temor lo llevaba a pensar: "Quizá habrán pecado mis hijos y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones." Job cuidaba la espiritualidad de sus hijos todos los días por si acaso, eso lo hacía Job por el temor que le tenía a Dios. Lo hacía cada vez, él era perseverante en sus funciones sacerdotales. El que rectamente sirve a Dios le servirá continuamente. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
