Los amigos de Job tenían el ánimo (actitud de buen ánimo y el mal ánimo) demasiado "exaltado" e impaciente para tratar con un hombre que se hallaba en una condición tan deplorable como la de Job.
Por una inspiración divina de carácter profético.
Y me hace responder un soplo de mi mente.
Aparentemente la confesión de fe de Job cayó en oídos sordos.
Zofar dejó ver que era una inspiración divina en carácter profético.
Zofar no escucha.
Para él ya Job está derrotado y perdido.
(Job 19:3) Ya me habéis vituperado diez veces.
Ellos estaban angustiando el alma de Job.
Eran sus amigos y habían venido a consolarle, para afectar gran piedad y sabiduría, se habían puesto a robarle el único consuelo que le quedaba en un buen Dios, una buena conciencia y un buen nombre; y esto le llegaba al alma.
Le habían vituperado (insulto, humillado, rechazo, crítica, infamia) diez veces, es decir muchas veces.
Tales censuras de ellos y les muestra que los errores que él haya podido cometer tienen alguna excusa y en todo caso, deberían guardarle alguna consideración, en lugar de insultarle y buscar toda clase de pretexto para condenarle.
(Lucas 6:22) Bienaventurados sois cuando os odien los hombres, cuando os aparten de sí, os injurien y desechen vuestros nombres como malo.
Esta bienaventuranza no es para aquellos que sufren a causa de sus propios pecados o insensatez.
Es para aquellos que son menospreciados, excomulgados, injuriados y calumniados debido a su lealtad a Cristo.
La clave a la comprensión de estas cuatro bienaventuranzas se encuentra en la frase "por causa del Hijo del Hombre".
Cosas que en sí mismas serían una maldición se tornan en bendición cuando se soportan con buen ánimo por Él.
Pero el motivo ha de ser el amor a Cristo.
En caso contrario, son sin valor los sacrificios más heroicos.
(1 Timoteo 4:10) Pues, por esto mismo, trabajamos y sufrimos oprobio (humillación).
A lo que se refiere es a la vida de piedad.
Pablo está diciendo que ésta es la gran meta por la que ejerce todos sus esfuerzos. (recriminación, crítica, queja)
El creyente ve más allá de las cosas efímeras de este mundo y pone su esperanza "en el Dios viviente".
Él es el Salvador de los que creen en un sentido especial porque ellos se han apropiado de Su provisión.
Realmente el Salvador de todos los que creen.
(Hebreos 10:33) En ocasiones, su sufrimiento era individual.
Eran sacados a solas y expuestos públicamente a los insultos y las aflicciones.
En otras ocasiones padecían con otros cristianos.
(Hebreos 11:24-26) Por la fe, Moisés entendió lo que lleva a renunciar: no es la posesión de las cosas, sino su abandono, lo que da reposo.
Primero rehusó la fama de Egipto, era nieto de Faraón, pero su sangre era del pueblo escogido por Dios. Quiso estar escrito en el libro de la vida. En lugar de encontrarse en algún museo como una momia egipcia, "es famoso como hombre de Dios".
Repudió (rechazó los "placeres de Egipto"). La humilde asociación "con el" sufrimiento "del pueblo de Dios" significó más para él que la fugaz (rápido) satisfacción de sus apetitos. Más que los privilegios, no había nada más grande que padecer los malos tratos.
Volvió la espalda a los tesoros de los egipcios. La fe le hizo ver que la fabulosa tesorería de Egipto carecía del todo de valor a la luz de la eternidad. De modo que escogió sufrir la misma clase de vituperio que más adelante sufriría el Mesías. Valoró más la lealtad para con Dios y el amor para con Su pueblo que todas las riquezas juntas de Faraón, sabía muy bien cuales eran las cosas que contarían para él "un minuto" "después de haber muerto".
(Hebreos 13:13) Salir hacia Cristo, no con Él, no solo porque Él ha llegado ya al mundo de destino, sino "también" para indicarnos la "carta de viaje", la dirección de la marcha.
Abstenerse de "todo lo profano" (lo que no es sagrado "ni sirve a usos sagrados, sino puramente secular) de todo lo que, en la ciudad, en el campamento de los incrédulos, es "indigno" de un hijo de Dios.
Llevando su vituperio (vergüenza, enfrentamiento de los obstáculos) que Cristo llevó.
Todo convertido sinceramente del mundo a Cristo resulta un ser extraño para los mundanos.
(1 Pedro 4:14) Exhorta a gozarse por padecer como cristiano.
Estos padecimientos son una verdadera indicación de que el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre nosotros.
Este es el "Espíritu Santo" que "reposa sobre" los cristianos perseguidos de la manera en que la nube de gloria reposaba sobre el tabernáculo en el Antiguo Testamento, indicando la presencia de Dios.
Sabemos que el Espíritu mana en cada verdadero hijo de Dios, pero "reposa" de una manera especial sobre "los que están totalmente" "dados a la causa de Cristo".
Los tales conocen la presencia y el poder del Espíritu de Dios como "otros no pueden".
El mismo Señor Jesús que "es blasfemado por los perseguidores es "glorificado" (coronar, engrandecer, magnificar, exaltar, alabar) por Sus sufrientes santos. Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
