A Dios hay que darle alabanza. Para adorarle a Él se necesitan sonidos alegres ("Aclamad a Dios con alegría toda la tierra. Cantad la gloria de su nombre; poned gloria en su alabanza…" "Bendecid, pueblos a nuestro Dios y haced oír la voz de su alabanza." Salmos 66:1-2, 8). En muchos lo que hay, en vez de la alabanza, es la abundancia de dudas, quejas y malas noticias. Pero, si nos fijamos bien, el darle la gloria a Dios no es sino hacer patente lo que es Suyo ("Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras…!" Salmos 66:3). La devoción, a menos que sea decididamente dirigida al Señor, no es más que silbar al viento. Su poder pondrá al hombre de rodillas ante Él ("Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos." Vs. 3) De seguro que en el infierno hay millares de rodillas que en el día malo, en el día de la desgracia se doblaron ante Él, pero no lo hicieron como un homenaje del corazón, sino como un acto forzado hacia el Todopoderoso debido a la desesperación y no a la devoción. Solo así los hombres se le someten porque es lo menos que pueden hacer; pero esto no es lealtad sino que es el poder de Dios que los mantiene sometidos bajo su dominio sin límites. Es que Él es el Señor de todo lo creado, el Todopoderoso Dios.
"Toda la tierra te adorará y cantará a ti; cantarán a tu nombre." Vs. 4 Toda la tierra te adorará y cantará a Ti; esto sucede cuando Él desplaza los suspiros y los sollozos y nos pone la música para expulsar nuestra miseria. Es la manera en que podremos verle cara a cara; cuando pases por el amargo mar de esta vida y puedas llegar sano y salvo a la tierra de la eterna promesa. ¡Aprende a adorarlo! Debemos dar todo el volumen posible a nuestra voz ("Bendecid, pueblos, a nuestro Dios y haced oír la voz de su alabanza." Vs. 8). El vivir y estar de pie es la condición de los santos por la gracia divina, aquellos a quienes Dios preserva son inmortales e inconmovibles ("Él es quien preservó la vida a nuestra alma y no permitió que nuestros pies resbalasen." Vs. 9).
"Porque Tú nos probaste…" Vs. 10 Dios no tiene ningún hijo que no pase pruebas. Llega el día en que los himnos de nuestras aflicciones los cantamos más dulcemente porque nuestras bocas han sido purificadas con tragos amargos. Se dice que no se sabe cuánta será la cosecha real del maíz hasta que no se muela completo; ni cuánto darán las uvas hasta que su jugo no salga de la prensa. Así Dios nos refina como se afina la plata, para sacar de nosotros lo que Él quiere (Vs. 10 "Nos ensayaste como se afina la plata."). Para refinar la plata se requiere un horno bien construido, es decir, que se requiere gran experiencia y habilidad del que lo construye, para garantizar la precisión y exactitud del producto final. ¡Dios NUNCA LE DEJARÁ ESTOS PASOS A NADIE! Lo hará Él mismo y sacará lo mejor de nosotros ("Pusiste sobre nuestros lomos pesada carga." Vs. 11). Dios pone aflicciones sobre nosotros, ¡que no se te olvide! Si así lo vez te someterás más pacientemente a la presión que te aflige. Llegará un día en que por cada onza de carga presente recibiremos un sobre manera grande y eterno peso de gloria (2 Corintios 4:17 "Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria").
"Hiciste cabalgar hombres vulgares sobre nuestra cabeza." Vs. 12 Esos hombres son los perseguidores orgullosos. Los leones no se pelean con leones; las serpientes no usan su veneno en otras serpientes, ¡pero el hombre es el causante principal de las tribulaciones y aflicciones de los demás hombres! Dios nos prueba ("Pasamos por el fuego y por el agua." Vs. 12). ¡Cuántas crueldades y ataques del hombre! ¡Salimos de las pruebas sin daño y así la iglesia de Dios ha sobrevivido a todas! A Israel le vino Faraón y éste les hizo murmurar, no fue el hambre, ni la sed. Sino que fue este enemigo humano contra ellos, fue un hombre que les puso en un aprieto y según ellos: ¡nada peor que los egipcios! No fueron peores la sed, ni las serpientes venenosas, ni la pestilencia, etc. sino la crueldad y ataques del hombre mismo. Pero, el Libertador es grande; la liberación es cierta; la aflicción es dolorosa pero la exaltación gloriosa ("Nos sacaste a abundancia." Vs. 12). El enemigo o los enemigos nos causan heridas, nos traen desafío y la traición, pero nosotros somos los más ayudados. Vemos que Jesús se le apareció a Pablo y le dijo: "¿Por qué me persigues?" Los hombres cabalgan sobre nosotros, pero Él saldrá a defendernos.
Como quiera llevaremos holocausto a Dios ("Entraré en tu casa con holocaustos…" Vs. 13). ¡Ofrenda de alabanza agradecida! El menor sacrificio que podemos ofrecerle a Dios es la obediencia. La aflicción extrema debe abrir la puerta de nuestros labios ("…que pronunciaron mis labios y habló mi boca, cuando estaba angustiado." Vs. 14). Daremos a Dios lo mejor; el hombre bueno lo hará (Vs. 15). Hay que decir lo que Dios ha hecho a favor nuestro ("Venid, oíd todos los que teméis a Dios y contaré lo que ha hecho a mi alma." Vs. 16). ¡Tanta generosidad y abundancia de parte de Él!
"Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad el Señor no me habría escuchado." Salmos 66:18 La iniquidad alojada en el pecho estorba a la oración. Si escuchas al diablo Dios no te escuchará a ti. Si rehúsas escuchar los mandamientos de Dios, sin duda que Él rehusará escuchar tus peticiones. El que Dios aceptara nuestras devociones cuando nosotros estamos aun deleitándonos en el pecado sería hacer de Él el Dios de los hipócritas lo cual es un nombre apto para Satanás, pero no para Él.
Vemos que lo mejor es serle fiel a Él para que te escuche. Que como hijo Él te probará y refinará como a la plata, pero tú: ¡alábale y exáltale, bendícele y cántale! ¡Verás que el Señor que te ama te sacará a abundancia y preservará tu vida librándote de tus enemigos! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
