Este salmo está escrito para darnos instrucciones a nuestras vidas sobre la oración. Nos enseña por medio del ejemplo de David la forma de ordenar nuestra oración en tiempos de aflicción. Estas instrucciones son muy necesarias para nuestra educación espiritual y además son muy prácticas. En una ocasión los discípulos le dijeron a Jesús, el hijo de David: "¡Señor enséñanos a orar!" Es una gran necesidad saber orar. Mucho antes de que se le hiciera esa petición al Señor, en este salmo el rey David nos brinda una valiosa lección sobre la súplica; aquí enumera sus propias experiencias en cuanto a la oración. Aprenderemos de la oración y del clamor de este hombre de Dios cuando estaba escondido en la cueva huyendo de sus enemigos (Salmos 142:1 "Con mi voz clamaré a Jehová; Con mi voz pediré a Jehová misericordia.").
Vemos que: "Mi queja NO DEBO DÁRSELA A NADIE QUE NO SEA AL SEÑOR." "Delante de Él expondré mi queja; delante de Él manifestaré mi angustia." Salmos 142:2 Nos podemos quejar a Dios pero no quejarnos "DE Dios." Cuando nos quejemos no debe ser delante de los hombres sino solamente delante de Dios. ¡Delante de Él manifiesto mi angustia! Notemos que no manifestamos nuestra angustia delante del Señor para que Él la vea sino para que nosotros podamos ¡VERLE A ÉL! Es para nuestro alivio y no para su información que le explicamos al Señor todo lo que se refiere a nuestros "ayes". Nos hace mucho bien el presentar nuestra aflicción ordenadamente porque gran parte de la misma desaparece en el proceso mismo de la oración. Gran parte del "ay" va desapareciendo porque lo resiste la luz de nuestro Dios. El resto del "ay" pierde de su terror debido a que el velo del misterio se va quitando cuando a Dios le presentamos clara y ordenadamente los hechos que nos afligen. No es la esposa ni los hijos, ni los amigos que nos librarán; nadie nos puede liberar de nuestros temores. Sería al contrario si vamos a los hombres, los llenaríamos a ellos de nuestros temores. ¡Solo Dios nos puede liberar y quitar nuestra carga!
Al Señor tienes que derramarle tus pensamientos y haciéndolo verás cómo son; muéstrale a Dios tu aflicción y se te hará patente (verás con claridad) el tamaño de la misma. ¡Qué todo sea hecho delante del Señor (no del hombre) porque en comparación con la gran majestad de su amor la aflicción parecerá casi nada! No busques a aquel o al otro para exponer tus padecimientos porque si lo haces, tu aflicción logrará verse más grande de lo que es. El encomendar nuestra causa solo a Dios es nuestro deber, es también nuestra seguridad y nuestro alivio.
"Cuando mi espíritu se angustiaba (desfallecía) dentro de mí, Tú conociste mi senda. En el camino en que andaba me escondieron lazo." Salmos 142:3 Verdaderamente es bueno saber que Dios nunca cierra los ojos, Él siempre conoce nuestra senda. Nuestros juicios van a la deriva, pero los de la Mente Eterna siempre son claros. El Señor no se retira a gran distancia de nosotros sino que sus ojos están de cerca sobre cada uno. Él te ve y no con la indiferencia de un mero espectador sino que te observa CON ATENCIÓN. Él sale a ver; Él considera tu camino y toda circunstancia que te pueda ocurrir en tu senda está bajo su cuidado y dirección. ¡Él tiene todo control!
Cuando te llegue la tribulación, ésta te empezará a la hora que Él considere oportuna; no podrá venir antes. Él ha marcado el grado de esa tribulación hasta el grosor de un cabello y su duración hasta el minuto. Él sabe además en qué forma está afectando tu espíritu y te proporcionará las provisiones de gracia y fuerza que Él considere que te serán necesarias para enfrentarla. Así que aun cuando las cosas parecen más oscuras podrás decir: "aunque Él disciplina no mata." Por tanto, espera en Dios porque: ¡aún tienes que alabarle! (Salmos 43:5 "¿Por qué te abates, oh alma mía y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.") Con frecuencia el alma nos parece perdida en pensamientos que la abruman; pierde pie, se tambalea, luce impotente en medio de las aguas profundas de la aflicción. Pero, recuerda que la aflicción forma parte del plan de Dios y que Él también te pide que te muestres dispuesto y absolutamente confiado en Él.
"En el camino en que andaba, me escondieron lazo." Cuando el hombre no se atreve a atacar a otro directamente, le tiende un lazo. Lo hace con sigilo, evitando ser observado. Pero, el Señor es mayor que ellos y nos hace andar con seguridad en medio del peligro. Él nos conoce a nosotros y a nuestros enemigos, conoce muy bien nuestro camino. Cuando nuestros amigos nos buscan, nos hacen ver que nos conocen desde la infancia, pero solo Dios nos conoce perfectamente. "Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien me quiera conocer; No tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida." Salmos 142:4 ¡No tengo refugio, solo Dios es mi refugio! Los que tenemos nuestra porción en Dios estamos en una alta torre y por tanto seguros en todas las tribulaciones y tormentas. "Clamé a ti, oh Jehová; Dije: Tú eres mi esperanza y mi porción en la tierra de los vivientes." Salmos 142:5 ¡Clamé a ti, oh Jehová! Cuando no tenemos a nadie lo bueno es ir y clamar a Dios. Todo lo que nos lleve a clamar a Dios se convertirá en una bendición para nosotros. David dice: "Tú eres mi esperanza y mi porción en la tierra de los vivientes." En la tierra de los vivientes no hay nada como vivir la vida centrada en el Dios vivo. El tener a Jehová como refugio es algo importante, pero el tenerlo como nuestra porción, ¡LO ES TODO!
"Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre…" Salmos 142:7 Para que alabe tu nombre, para que Dios sea glorificado por mí; este es otro ruego del que suplica. El que es librado de las mazmorras de la desesperación con toda seguridad: ¡engrandece el nombre del Señor!
David sabía cómo llevar sus cargas a Dios. Desde la cueva de la aflicción clamaba al que le podía librar. Nosotros ahora vivimos lo que otros ya han vivido y de ellos aprendemos. Así que como David oraba y clamaba a Dios desde la cueva: así también, ¡yo oraré y clamaré a mi Dios! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Oración De David Cuando Estaba En La Cueva
Salmos 142:1
“Con mi voz clamaré a Jehová; Con mi voz pediré a Jehová misericordia.”
Desde la cueva, escondido de sus enemigos, David nos enseña a ordenar la oración en tiempos de aflicción. Nuestra queja se la llevamos al Señor y a nadie más, porque solo Él nos puede librar y quitar la carga. Estos son los puntos para la semana.
- Es una gran necesidad saber orar. Mucho antes de que los discípulos le pidieran a Jesús que les enseñara, David ya nos daba en este salmo una valiosa lección sobre la súplica, aprendida en la cueva.
- Nos podemos quejar a Dios, pero no quejarnos de Dios, ni delante de los hombres. Si llevamos la aflicción a otros, se ve más grande de lo que es y los llenamos a ellos de nuestros temores.
- Le exponemos la angustia al Señor no para que Él la vea, sino para verle a Él. Al presentarla ordenadamente, gran parte del «ay» desaparece en la oración misma, porque lo resiste su luz.
- Dios nunca cierra los ojos: conoce tu senda y te observa con atención. La tribulación empieza cuando Él dispone, y Él marca su grado hasta el grosor de un cabello y su duración hasta el minuto.
- Aunque las cosas parezcan más oscuras, Él disciplina pero no mata. La aflicción forma parte del plan de Dios, y Él te pide confianza absoluta: espera en Él, porque aún tienes que alabarle.
- Cuando no tienes refugio ni quien cuide de tu vida, clama a Dios. Tenerlo como refugio es importante, pero tenerlo como tu porción en la tierra de los vivientes lo es todo.
- David pidió que Dios sacara su alma de la cárcel para alabar su nombre. El que es librado de las mazmorras de la desesperación, con toda seguridad engrandece el nombre del Señor.
Esta semana, cuando te llegue una aflicción, antes de contársela a nadie, ve a solas delante de Dios y preséntasela ordenadamente en voz alta, como David en la cueva.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
David Ora en la Cueva
Salmos 142:1
Para leer en voz alta con los niños
“Con mi voz clamaré a Jehová; Con mi voz pediré a Jehová misericordia.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: David hablaba con Dios en voz alta y le pedía que tuviera compasión de él. Lo hizo escondido en una cueva oscura, mientras sus enemigos lo buscaban.
- David estaba escondido en una cueva porque unos hombres lo perseguían. No tenía a nadie que lo cuidara, pero sí tenía a Dios, y a Él le habló.
- Cuando algo te pone triste o te da miedo, puedes contárselo a Dios. Él quiere escucharte. Puedes quejarte con Dios, pero nunca quejarte de Dios.
- Cuando le cuentas a Dios lo que te pasa, poco a poco el problema se ve más pequeño, porque Dios es mucho más grande que cualquier problema.
- Dios nunca se duerme ni cierra los ojos. Él sabe por dónde caminas y te cuida aunque alguien te haya puesto una trampa escondida en el camino.
- A veces Dios permite momentos difíciles para enseñarnos. Él sabe cuánto puedes aguantar y te da fuerzas. Aunque te corrige, nunca te destruye.
- Cuando Dios sacó a David de la cueva, David lo alabó. Cuando Dios te ayude a ti, no te olvides de darle gracias.
¿A quién le cuentas primero cuando algo te preocupa?
Esta semana, cada noche, cuéntale a Dios en voz alta una cosa que te preocupe.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
