La falta de poder de los hombres a veces es debido a su pecado y a su incredulidad. La desobediencia también trae como consecuencia la pérdida de lo que se tiene y de lo que se quiere. En las grandes desobediencias hay grandes desgarramientos de dolor y de lamento por las pérdidas. Si hemos desobedecido nuestros ojos verán el mal llegar hacia nosotros y sobre los que amamos. Un ejemplo de esto lo son los israelitas cuando se expusieron a causa de la desobediencia a tener sus hijos en cautiverio. Tener los hijos cautivos resulta ser uno de los dolores más violentos a los que uno se puede exponer. Así que, debemos saber y recapacitar en que mejor es estar bendecidos por Dios y no estar maldecidos. Pues, es mediante la santificación al estar separados para Dios y amándole que caminamos hacia la eternidad teniendo también aquí en esta tierra la bendición de Dios.
Josué 7:11,12 "Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres. Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros." Las derrotas les vinieron por el pecado. Josué se enteró de que la derrota fue por causa de pecado en el campamento. Alguien, llamado Acán, había desobedecido al Señor saqueando del botín en la conquista de Jericó. Primero cayó delante de Dios la tribu a la que pertenecía el desobediente Acán, luego le vino juicio a la familia extendida de él, luego a la familia cercana que vivía bajo su techo y por último al varón mismo. La pasión desordenada de Acán LO LLEVÓ A EL Y A TODOS LOS SUYOS A LA DESTRUCCIÓN. Esa condición de desear apropiarse de lo que era prohibido lo destruyó a él y también a los suyos. O llevas a los tuyos al bien o los llevas al mal.
Veamos lo que le sucede a un hombre cuando rompe su pacto con Dios. Jueces 16:17 "(Sansón) Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres." Ante la insistencia de la perversa Dalila, Sansón dejó de resistir a la tentación y se dio por vencido al darle rienda suelta a su carne. Le dejó saber a aquella impía y traidora mujer dónde estaban sus fuerzas. Podemos ver que fue directamente a padecer tortura y deshonor por causa de ya no tener el poder que le venía de Dios. Su cabellera larga era la indicación externa de que era Nazareo; un hombre llamado y separado para Dios. No era en esencia la cabellera lo que le daba el poder sino que el poder era por su separación con Dios. Era su relación con Dios lo que le daba tal poder y honra, esto es el todo del hombre. Dalila ahora sabía el secreto de su fuerza. Ahora le tocaba a ella, como perversa, quitarle el pelo. Porque así ya no sería Nazareo y ya Dios no lo vería como separado para Él, ya no habría más de aquel poder en su vida. La ausencia de poder es por la lejanía de Dios. Este pueblo de Israel, junto a sus líderes espirituales, había dejado a Dios. ¡Qué mucha pérdida! ¡Qué pena!
1 Samuel 17:24 "Mientras él hablaba con ellos, he aquí que aquel paladín que se ponía en medio de los dos campamentos, que se llamaba Goliat, el filisteo de Gat, salió de entre las filas de los filisteos y habló las mismas palabras, y las oyó David. Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían de su presencia, y tenían gran temor." Había apostasía en Israel en aquel tiempo. La apostasía produjo una nación de cobardes. La apostasía es negación, renuncia a la fe en la religión. Es salir de Dios para abrazar el mundo. Los hombres que son apóstatas sacan a Dios de sus vidas y colocan al Diablo en su lugar. Esto lo había hecho aquel pueblo que Dios había llamado. Todos tenían gran temor a Goliat y a los filisteos porque en esa guerra ya Dios no estaba con ellos. Cuando ya Dios no está en las vidas lo que hay es derrota, temor y vergüenza. Allí tenían a un gigante que los provocaba y los amenazaba. Solo un valiente como David, que tenía estrecha comunión con Dios, pudo decir en la batalla: "¿Quién es este filisteo incircunciso para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?" "¿Qué habrá como premio para el que venciere a tal personaje?" La incredulidad de los demás, que eran unos apóstatas, los debilitó. Por tal razón, no tenían poder.
No debe uno llegar a debilitarse a consecuencia de la incredulidad. Lo vemos con Josué cuando el pueblo de Dios pecó, lo vemos en Sansón cuando Dalila lo redujo a deshonra y con el pueblo de Israel cuando por su apostasía Goliat los amedrentaba. ¡Tan grande se puede hacer la incredulidad delante del Todopoderoso Dios! Es más fácil para el hombre seguir la incredulidad que creerle a Dios. Marcos 9:18 "Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron." Juan 15:5 Ahora vemos aquí que los discípulos no fueron capaces de ayudar a otros, por no creerle a Dios. Como aquellos discípulos, nosotros somos los que representamos aquí en la tierra su grande poder. Jesús les riñó a ellos por ser incrédulos. ¿Es que acaso Él no les había dado poder para echar fuera demonios? ¿Hasta cuando tendría que estar con ellos para que empleasen la autoridad que Él les había dado? ¿Hasta cuando tendría que soportar vidas de impotencia y derrota? ¿Y nosotros en este tiempo?
Este es el asunto: el Diablo logra controlar al hombre con incredulidad, con la apostasía y el pecado para que estemos impotentes y al estarlo haya derrota en todo. En esa pobre condición de falta de comunión y poder, ¿qué se alcanza para que haya paz y felicidad? ¿Dónde está el poder, la victoria y la honra? La derrota y la pérdida llegan por la falta de poder debido a la incredulidad y a la apostasía. Seamos cuidadosos cultivando nuestra comunión con Dios, la vida de oración y búsqueda, la santificación y la obediencia. Jesús es quien nos da las herramientas para lograrlo. Separados de Él nada podemos hacer. Es Jesús quien da a todos sus discípulos la capacidad de tener poder. Mantengamos siempre y sin claudicar ese lazo de comunión en pureza y obediencia con nuestro Salvador y Señor. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
