Mega Zoé
Estudio #1265Iglesia en las casas

Temor De Dios

Temor De Dios llama a perseverar en la oración y permanecer como discípulos de Jesús.

Antiguo TestamentoDeuteronomio5 min lectura

Moisés advierte al pueblo contra el peligro de la idolatría y les incita (inducir con fuerza a alguien a una acción) a que acaben rápidamente contra todo brote de tal maldad, venga de donde provenga.

Cuando se levante en medio de ti profeta o soñador.

Proclamando señales o prodigios.

Diciendo en alta voz y públicamente, solemnemente (grandioso, ceremonioso, imponente) como profeta en medio de ti, y soñador de sueños, y ser capaz de anunciar señales y prodigios (suceso extraordinario y maravilloso).

Siendo capaz de decir de ir en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles.

(Vs. 1-2) Una extraña suposición (dar por cierto, sospecha), esto no era lo conocido por ellos.

Es realmente extraño que pudiera surgir entre ellos mismos alguien que al pretender haber tenido alguna visión profética, pudiese persuadir, inducir a ir en pos de otros dioses y servirles.

¿Era posible que uno de los escogidos de Dios llevara al pueblo a tal impiedad?

Podemos ver en estos días, sin que nos resulte extraño; pues vemos multitudes que profesan creer y practicar el cristianismo y, sin embargo, se estimulan a sí mismos y a otros, no solo a adorar a Dios por medio de imágenes, de ellos mismos (los que inducen a tal adoración).

Así que Moisés quiere fortalecerles contra los peligros de las imposturas (engaño con apariencia de verdad) y prodigios mentirosos.

No dar oído a la tentación. No darás oído a las palabras de tal profeta.

No solo no harás lo que te diga el tentador, sino que ni siquiera te detendrás a escuchar lo que te diga, sino que lo rechazarás con el mayor desdén (indiferencia, desprecio) y aborrecimiento.

Cumple fielmente con tu deber, y estarás a salvo de todo daño.

Dios nunca nos desamparará si antes no le dejamos nosotros a Él.

(Vs. 5) No tener compasión del tentador.

Hay que impedir que se extienda la infección, y para eso es menester amputar pronto el miembro gangrenado; pues, con casos tan peligrosos como este han de tomarse rápidamente todas las medidas necesarias.

(Deuteronomio 10:12) Es una exhortación sumamente que seamos apasionados a obedecer.

Nos vemos aquí confrontados directamente con nuestros deberes hacia Dios, hacia el prójimo y hacia nosotros mismos.

Se nos enseña primero nuestros deberes para con Dios.

Debemos temer a Jehová nuestro Dios.

Temerle como a un gran Dios y Señor, y amarle como a un buen Dios y Padre.

A Él solo hemos de servir (Vs. 20), con todo el corazón y con toda el alma.

Todo lo que hemos de hacer para con Él, lo hemos de hacer gozosamente y de buen agrado (no porque Él nos obliga, es que es de agrado hacerlo).

(Josué 24:14) El recuerdo "de todos Sus favores que Dios nos ha regalado debemos temerle y servirle a Dios en agradecimiento a tantos favores."

Al pueblo de Dios de Israel le exhorta: "Temed a Jehová."

El servirle con integridad (lo correcto) y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron nuestros padres al otro lado del río.

Algunos de ellos guardaban secretamente en sus moradas las imágenes que los padres habían traído en oculto de Egipto.

El temor de Josué a Jehová conocía el peligro que se estaban exponiendo a la idolatría, Josué les urge severamente que los quiten de en medio de ellos.

(Eclesiastés 12:13) La conclusión de todo el discurso es esta: Si dejamos a un lado todas las materias discutibles, ser religioso es "temor a Dios y guardar Sus mandamientos.

La raíz de la piedad (devoción a Dios) es el temor de Dios que reina en el corazón: un respeto a Su majestuosa santidad, una deferencia (respeto, veneración) a Su soberana autoridad y un temor profundo a Su terrible ira.

El fruto de la piedad se echa de ver en la observancia de los mandamientos de Dios.

(Isaías 8:13) Les había de instigar (piense del modo que se desea) a tener un temor santo: A Jehová de los Ejércitos, a Él santificad, es decir, a Él debéis dar la gloria de ser el único Salvador nuestro, sin miedo a ningún otro.

"El temor reverencial a Dios es el mejor preservativo contra el "temor perturbador a los hombres."

(Mateo 10:28) Matar el cuerpo es liberarse del dolor, problema cuando matan al hombre.

La muerte física no es la tragedia suprema para el cristiano.

Morir es estar con Cristo; y es, por tanto, mucho mejor.

Los discípulos no deberían temer a los hombres, sino que deberían tener un temor reverente hacia "Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno".

Esta es la pérdida mayor, la "separación eterna de Dios y de Cristo y de toda esperanza".

La muerte espiritual es aquella pérdida que no puede ser medida y la suerte "que debe ser evitada a toda costa."

John Knox: (epitafio) dice: Aquí yace "uno que temió a Dios" tanto que nunca "tuvo temor ante ningún hombre."

(1 Pedro 1:17) Un temor respetuoso, un profundo aprecio de quién es Dios.

Significa especialmente tener conciencia de que Aquel a quien nos dirigimos como Padre es el Mismo que juzga a Sus hijos de manera imparcial, "según la obra realizada por cada uno."

Debemos pasar el "tiempo de nuestra peregrinación" sobre la tierra en temor.

Nosotros, los cristianos no estamos cómodos en este mundo.

Estamos viviendo en un país extraño, exiliado del cielo.

(1 Pedro 2:17) Temed a Dios.

Le tememos cuando lo reverenciamos como Señor Supremo.

Glorificarle viene luego a ser nuestra primera prioridad.

Tememos hacer nada que le desagrade y tememos dar una falsa presentación de Él ante los hombres. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz