Mega Zoé
Estudio #0564Iglesia en las casas

Pondré La Mira En Las Cosas De Arriba, No En Las De La Tierra

Pondré La Mira En Las Cosas De Arriba, No En Las De La Tierra enseña a huir de la tentación y caminar con sabiduría espiritual.

Nuevo TestamentoColosensesSEMANA DEL 28 DE OCTUBRE @ 3 DE NOVIEMBRE DE 20086 min lectura

Lamentablemente, mientras más van pasando los tiempos algunos dicen servir al Señor, pero con sus actos dejan ver que no lo hacen. En el caminar lo que se deja ver es que Cristo podría estar en las vidas, pero no conforme a lo que es Él, sino conforme a lo que es la carne del hermano en Cristo. Al pasar el tiempo, estos creyentes dejan de amar a Cristo y es como si quisieran llevarlo de nuevo a la cruz sometiéndolo a la misma burla y al mismo desprecio. La persona acomoda lo que es el Señor conforme a lo que es el pensamiento suyo, el pensamiento del hombre. A veces se insiste en vivir como se era antes de conocer al Señor. Cristo es nuestra vida. No se puede vivir como cuando eramos impíos, porque entonces Cristo no sería nuestra vida. Nosotros tomamos la decisión de brincar de este mundo a Cristo. Hemos sido resucitados juntamente con Él. Colosenses 2: 12 Nos hemos separado definitivamente de la antigua manera de vivir y esto debemos hacerlo todos los días no solamente cuando se va a la iglesia. Al vivir en términos medios no se llega a ningún lado, porque nosotros los creyentes en Cristo Jesús hemos entrado a una vida completamente nueva cuando creímos y fuimos perdonados y regenerados.

Jesús murió por nuestros pecados aún cuando en Él no había pecado. No murió para ganar algo para Él, sino por rescatar nuestra miserable vida y así hemos entrado en la vida del resucitado Señor Jesucristo. Hemos de comenzar a cultivar una forma, un estilo de vida celestial buscando las cosas de allá arriba, si hemos brincado al bando del Señor. Como iglesia comencemos a buscar las cosas que son de arriba, pero cultivando una forma celestial. En nuestra vida no podemos mezclarnos con este mundo pensando que podemos vivir en dos bandos, en el del mundo y en el de Dios. El pensamiento del cristiano debe centrarse en las cosas de arriba.

A veces se vive como si Cristo no hubiera de venir, haciendo, deshaciendo, destruyendo el cuerpo. El día en que perdamos interés por este mundo, por lo trivial, por lo vano y donde está presente la apariencia de esta tierra, entonces verán que de verdad estamos interesados en las cosas del Cielo. Cuidado, pues cuando pretendemos cambiar el camino que hemos escogido, éste mismo camino nos expulsará de él. Nuestros ojos lo menos que deben estar es anclados en esta tierra de afanes. Por eso muchos no oran. Debemos contemplar las cosas espiritualmente, no como aparecen ante nuestros ojos naturales. ¿A qué le damos tanto valor, a una casa, a un trabajo, a los estudios, etc.? A veces somos capaces de negociar la salvación y la búsqueda de Dios restándole importancia al cielo, a la eternidad. Hay cosas que pueden lucir, aparentar, pero éstas nos pueden restar de ver la importancia hacia Dios y hacia la eternidad. A veces nuestros actos, gestos o nuestro mover habla más de lo que habla nuestra boca. Así, le quitamos importancia a Dios porque el temor se va. Si hemos resucitado con Cristo, entonces busquémosle y el hacerlo es poner la mira en las cosas de arriba, en lo celestial y no en las cosas de este mundo. Debemos tener el impulso y la disposición de buscarle y esto sale del corazón, de lo profundo. Aquel que busca del Cielo es lógico que esté pensando en las cosas del cielo y la iglesia es un pedazo del cielo aquí en la tierra.

A veces, nuestra vida la dedicamos y vivimos para esta tierra y no para el Cielo. Según pasan los días la tierra nos lanza un encanto que nos quiere sacar de lo del cielo. La iglesia es donde tenemos el crecimiento. Es en el único lugar donde nuestra vida espiritual crece. En la muerte lograremos desconectarnos del mundo, de la sabiduría del hombre. Tenemos que morir a los argumentos, a la tibieza de este mundo. Entonces, entramos a la resurección de Cristo, nos metemos en contacto con Dios, comienza Dios a revelarse y el Espíritu Santo a guiarnos. Nos metemos en el territorio espiritual y comenzamos a mover a Dios. Las cosas que este mundo tiene y que tanto obsesionan a los hombres de la tierra no nos deben dominar ni impactar a ninguno de nosotros.

La vida es frágil, no dependamos de la fuerza que tenemos sino que Dios vea que vivimos para Él y así tenga de nosotros misericordia. Mientras más conocemos el Cielo ya no nos llenan las cosas de esta tierra. Muchos desean tener algo, pero es para dominar. Si algo debemos entender es que nuestra vida está escondida en Dios y nadie lo puede tocar a Él. Desaprendamos las cosas de aquí para conocer las de arriba. Nuestra posición como creyentes debe ser morir y resucitar en las cosas celestiales. Camina como se camina en el Cielo y como los ángeles. Nuestra vida se ordena desde el Cielo, entonces no nos podemos entretener acá abajo. Estamos escondidos en Cristo, el mundo no nos comprende. Defínete en vivir una vida con Dios. El Cristiano que el mundo desconocía lo conocerá cuando se compare a esa gloria. Llegará el día que el Señor vendrá por sus santos, entonces comprenderán. Nuestras vidas dejan ver que Cristo llegó a nosotros. Hagamos morir nuestros miembros. La diferencia entre la posición del creyente y el mundo debe ser, contarse muerto al pecado haciendo morir lo terrenal. Nuestros deseos, nuestros ojos están sobre la tierra por eso deben morir cada día. Muramos cada día al egoísmo.

Pablo señalaba la fornicación como impureza en un pensamiento, palabra, acto, suciedad moral, pasiones desordenadas. Es ser esclavo de las pasiones. La forma en que nos movemos deja ver lo que somos. La avaricia es el deseo de tener más. La envidia es cuando se quiere lo del otro. La avaricia es idolatría. Si Dios es quitado de uno, lo demás se convierte en idolatría. Cuando no estamos rendidos al Espíritu Santo, entonces como resultado están las caídas. La tentación no la trae Dios sino que viene de nuestra propia concupiscencia, entonces llega el castigo. La ira de Dios no puede menos que caer sobre esas cosas. Es sencillamente la regla del universo que dice que una persona segará lo que siembra y que nadie puede evadir las consecuencias de su pecado. La ira de Dios y el orden moral del Universo son una misma cosa. Dios nos ha hecho nuevas criaturas, demos honra a lo que somos y vivamos la vida abundante que hemos recibido sin comprometerla con nada de este mundo de pecado. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz