Cuando uno se da a Dios para recibir salvación y amarle y servirle, uno lo hace para siempre, no para detenerse en medio de la lucha. Toda aquella persona que entra en las profundidades de lo que es conocer a Dios será para hacerlo todos los días de su vida. Lo que sucede es que algunos buscan a Dios solo cuando les conviene y de esa manera desconocen quién es Dios. Hay que conocer la grandeza y soberanía de Dios y temerle con toda reverencia. A Dios se va con un espíritu noble. En el momento que nos llega el sufrir y el padecer no se reclama en contra de Dios porque somos nosotros los que provocamos nuestras malas situaciones.
Aquí, el salmista muestra la suma expresión del dolor que está sintiendo. Cuando estamos sometidos a los dolores intensos de la vida, pasamos por la experiencia del salmista. El salmista reconocía que se sentía como uno desvalido. Salmos 102: 17 Muchas veces en nuestras oraciones vamos a Dios alegándole de nuestro mal defendiéndonos. Pero, siendo el diablo que nos acusa delante del Padre, porqué no vamos en oración y levantamos defensa. No pasemos por alto el ataque de las tinieblas que se intensifican multiplicando sus esfuerzos y es entonces cuando debemos intensificar nuestra oración. Pero lo que hacemos es razonar sobre nuestra situación, en vez de intensificar nuestra oración. El Diablo busca que nos sintamos cargados en todo y que seamos escasos en la oración. Pero, cuando hay dolor del espíritu tenemos que tener una oración intensa. Lo que pasa es, que es mejor presentarles a otros nuestra causa en vez de ser más intensos en la oración. Si oráramos entonces sabríamos ser dirigidos. Si en malos momentos nos encontramos, oremos. Dios derramará sus consolaciones en nosotros al ver nuestro derramamiento de abundantes lágrimas.
Tenemos que provocar el poder de Dios creyendo. Por eso es que oramos. Mientras más le creemos es con nuestra oración que provocamos que Dios se mueva. Las personas dejan de orar y dicen que Dios no los oye, pero lo que pasa es que hay que comenzar a conocer a Dios en Su santidad. Cuando le pedimos debe ser bajo su santidad. Dios siempre hace a favor del que le conoce. Conocemos el poder de Dios de acuerdo a cómo lo experimentamos y le buscamos. Cuando más conozcamos a Dios más llevamos a ganar.
Supliquemos sinceramente, no como las demás personas que le presentan a Dios solo lo que quieren, la oración tiene que ser con intensidad. La intensidad es porque con sinceridad le hablamos a Dios para alcanzar el corazón y el oído del gran Dios. Es un gran alivio en la aflicción dar a conocer a otros nuestra aflicción, contar nuestros lamentos, pero lo mejor para nuestras vidas es tener a Dios mismo como oyente y simpatizante de nuestras quejas. No hay algo más grande en nuestras vidas que tener intensidad. Dios ve y oye al que le cree.
Somos unos desvalidos, necesitamos a Dios para todo. Él es grande y es el que puede hacer a nuestro favor. Cuando las respuestas pisan los talones de las peticiones, son más sorprendentes y alentadoras y eso nos hace tener más fe. Cuando se está en grandes abatimientos los días se desvanecen como el humo. Vs. 3 El dolor es algo que destruye por eso somos desvalidos. Un corazón reseco por una pena intensa se niega a las consolaciones. Tenemos que depender de un Dios que es vivo. Cuando llega la aflicción trae consigo un agudo dolor intenso que monopoliza la mente y la arrastra hasta el fondo. De modo, que las cosas comunes como comer, se convierten en despreciables por completo. Cuando el corazón está marchito como la hierba, el ánimo está paralizado, el estómago pierde su apetito y se deja de comer pan. La pena es causa de que el cuerpo desfallezca. Cuando a veces pensamos que el favor de Dios no estuvo porque lo que pedimos no se dio entonces pensamos que Jehová se fue y hay una aflicción, pero no es de rebeldía ni de coraje. El salmista se compara con el pelícano del desierto y el búho de la soledad. Vs. 6 Dos tipos de aves que son emblemas de la desgracia. Hay ocasiones que la causa de la depresión del ánimo se siente como la muerte.
Vs. 13 Si estamos dispuestos, Jehová se levantará y tendrá misericordia. Dios nos ama, entonces podemos ver claro y preciso lo que dice el salmista. El plazo ha llegado y cuando llega el tiempo de Dios, ni Roma, ni el diablo, ni los perseguidores pueden impedir que el reino de Cristo sea expandido. Dios nos llamó y cuando llega el tiempo de Dios no hay nada que pueda impedir que el reino de Cristo sea extendido a todo lugar sin límite. Un desvalido no es el que se levanta sino un Jehová poderoso, gigante. El tiempo designado por Dios es para que la iglesia le crea, para que esté más interesada según los intereses de Dios y sea más sincera. Sin fe no somos aptos para desear misericordia y sin humildad no somos aptos para recibirla. Nosotros podemos en la forma que veamos y conozcamos la gloria de Dios, hacer que la gente vea que la gloria de Dios está en medio nuestro. Jehová considera, escucha nuestra oración y abre sus cofres. El día más oscuro o más nublado que podemos tener, el sol brillará. Cuando se ve la misericordia por el mundo, aparece Dios.
Una persona desvalida está desamparada, indefensa, incapaz de tener poder. La gloria de Dios declara, habla. El problema no es la capacidad nuestra sino la intensidad de la oración, porque la oración del desvalido Dios la oye porque Jehová no ha desechado el ruego de ellos. El desvalido debe saber cómo orar. El rebelde lo menos que puede hacer es orar y congregarse. Al desvalido su desgracia le ha enseñado maravillosamente el arte de ofrecer oraciones a Dios. Veámonos como desvalidos para aprender a orar como desvalidos. Si oramos con la prepotencia de hacer las cosas nosotros entonces Jehová no mete su mano, pero si somos personas desvalidas y dependemos de la oración, Jehová se mueve a nuestro favor. Estamos desvalidos en fuerza, sabiduría, influencia, verdad, felicidad, fe. Estemos en consagración, en total conocimiento de las Escrituras y renunciando a lo nuestro, a nuestra prepotencia, grandeza, a lo que creemos que podemos hacer, en nuestra capacidad. Cuando veamos nuestra miseria y nuestra incapacidad entonces tendremos un anhelo de gracia, de utilidad, porque el amor del Padre derramado en nuestros corazones es el que nos hace descansar totalmente en Jehová, quien considera nuestras oraciones y no desecha nuestros ruegos. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
