Mega Zoé
Estudio #1565Iglesia en las casas

¿Qué Madre y Qué Hermanos?

Atender la palabra de dios aparece aquí como una marca clara de la vida delante del Señor.

Nuevo TestamentoMateoDomingo, 11 de enero de 202615 min lectura

Para nosotros los mortales, lo más importante es nuestra madre; es un vínculo bien fuerte. Pero cuando a Jesús le dicen que su madre y sus hermanos están afuera, Él aclara, claro y preciso, quién era su familia de verdad. Lo más profundo que relaciona a una persona con otra puede no ser la sangre, sino la mente y el corazón: el verdadero parentesco es ser del cuerpo de Cristo. Y ese parentesco depende de una obediencia común, porque la familia del Señor son los que oyen la palabra de Dios y la hacen.

I. ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? (Mateo 12:46-50).

A. El vínculo con la madre es el más fuerte que conoce el ser humano.

1. Es la persona por la que nos atreveríamos a hacer lo que sea.

2. La que estuvo ahí en los momentos malos, la que nos cargó cuando no caminábamos, la que nos fue enseñando paso a paso.

3. Aun para la persona que ha hecho mucho mal en la tierra, lo más importante es su madre.

4. De cien personas, de seguro noventa y ocho dirán que la madre es lo más importante.

B. Jesús vino a vivir como hombre para que aprendiéramos de Él.

1. Creció en el vientre de María como cualquier otro ser humano: con sueños, con hambre, con alegrías y con tristezas.

2. Vino a esta tierra sencillamente para morir por nosotros.

3. Y en ese camino vino a dejarnos cómo deberían ser nuestros pasos.

4. Todas sus características vino a vivirlas como hombre, para que nosotros las viviéramos como Él las vivió.

5. Como quien dice: no es imposible vivir como yo viví, porque yo soy humano.

C. La respuesta de Jesús parece dura, y es una enseñanza.

1. Cualquiera diría: ella es su madre, ellos son sus hermanos, ¿cómo dice una cosa tan dura?

2. Porque a uno rápido le da pena por María, que estaba detrás de él, y por sus hermanos, con los que jugó de niño.

3. Nosotros rápido nos hacemos mejores que nadie: en las circunstancias y en los problemas.

4. Pero Jesús aclaró en ese momento, claro y preciso, quién era su familia de verdad.

II. Solo la palabra nos instruye para la vida eterna.

A. Oímos muy poco lo que de verdad debemos oír.

1. La palabra de Dios es la única que nos puede instruir para esa vida eterna por la que luchamos.

2. Todo lo que Jesús nos enseña es para que podamos lograr la vida eterna.

3. Esa vida eterna se ve bien lejos, nunca se ve cerca; y preferimos lo de aquí, lo que es vano.

4. La única manera de lograrla es a través de la palabra, porque en ella están los pasos de Jesús.

B. ¿Cuántas horas pasamos en el celular?

1. Media hora corrida sin darnos cuenta, a veces una hora; y hacemos todo el día así.

2. ¿Y en cuánto se puede leer un capítulo de la Biblia? En dos o tres minutos.

3. Y esos tres minutos pasaron en el día y no lo hicimos.

4. Porque son más gustosas las cosas de esta tierra, las cosas vanas que pensamos que llenan el ser.

5. Hagamos conciencia y saquemos aunque sea ese par de minutos.

6. Con razón hay que estar repitiendo las cosas; porque si no, uno lo deja pasar y lo coge suavecito.

C. Los dichos de la tierra contra la palabra.

1. Estamos más pendientes de los dichos necios que de la palabra de Dios.

2. Decimos: la sangre pesa más. Son dichos de aquí de la tierra, y los tomamos para nosotros.

3. Cuando hemos creído en una doctrina, deberíamos tener otro pensar: el de Cristo.

4. Y Cristo dijo: mi familia son los que hacen la voluntad de mi Padre.

5. Vivimos con los dichos, con lo que dice aquel y lo que dice el otro, como si fueran versículos de la Biblia.

III. Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen (Lucas 8:19-21).

A. Los evangelios recopilan la misma historia.

1. Esas palabras quedaron bien grabadas en todos los que escucharon lo que Jesús estaba diciendo.

2. Lucas no estuvo con Jesús -Lucas fue con Pablo-, y trató de recopilar esa información, y también la encontró.

3. Mateo sí era de los discípulos, así que lo escuchó y lo escribió.

4. Sabemos, pues, que fue algo muy importante que Jesús nos quiso enseñar.

B. A la familia se le ama igual.

1. Por la familia se lucha y por la familia se habla también.

2. María estuvo a los pies de Jesús llorando cuando lo mataron, y Jesús le dijo a Juan que se encargara de ella.

3. Y sus hermanos, después de que Jesús resucitó, también creyeron.

4. Lo que hay que entender es qué tiene peso, cuál es el orden de las cosas y qué valor le damos a cada cosa.

5. La obediencia a la palabra es más importante que los lazos de sangre; hay que poner en una balanza qué es lo que verdaderamente pesa.

IV. Ni aun sus hermanos creían en él (Juan 7:5; Marcos 3:21).

A. La familia de Jesús no estaba de acuerdo con Él.

1. En Juan 7 le dicen: vete a Judea, demuestra quién eres para que la gente lo sepa.

2. En Marcos 3 los suyos vinieron para prenderle, porque decían que estaba fuera de sí.

3. Suele dar celos cuando los seres humanos ven a otros con poder y con autoridad, y más cuando es familia.

4. Entre hermanos a veces hay roces de a quién quiere más papi o mami.

5. Y no se entiende que uno como madre quiere a los hijos con el mismo amor, aunque sea más expresivo con uno según la personalidad de cada hijo.

B. A veces los enemigos son los de su propia casa.

1. Jesús lo advierte, porque hasta Él lo vivió.

2. Cuando alguien se convierte, a veces a los de su casa no les gusta y se molestan.

3. Porque es el mismo diablo el que se levanta contra la persona que se acaba de convertir.

4. Ahora tú vas a ser un santurrón, ahora tú no vas a ser parte de la familia, ahora tú no vas a venir a la fiesta.

V. El verdadero parentesco es ser del cuerpo de Cristo.

A. Lo que verdaderamente une.

1. Lo más profundo que relaciona a una persona con otra puede no ser la sangre, sino la mente y el corazón.

2. No hace falta la misma sangre para que haya una unión profunda: con el mismo pensar y el mismo corazón logramos ser uno.

3. Pero vivimos jalándonos por los pelos: es que me cansa, yo no puedo con él, qué coraje me da.

4. Se nos hace fácil tomar esa posición, porque aguantar al prójimo no es tan fácil.

B. El reino de Dios es una sociedad en la tierra.

1. Una sociedad en la que la voluntad de Dios se realiza tan perfectamente como en el cielo.

2. Somos parte del reino de Dios, somos sus hijos, somos una familia; Dios nos adoptó a todos como hijos.

3. Por eso entre nosotros somos hermanos, y el reino es del Padre.

4. Así debería ser nuestra vida y la forma en que socializamos: como si estuviéramos en el cielo.

5. Eso es lo que Dios busca de nosotros como iglesia.

C. Jesús es el único que tuvo su voluntad en perfecta armonía con la de Dios.

1. El Hijo de Dios encarnado como hombre terrenal lo consiguió.

2. Nosotros tenemos que lograr eso mismo; que otros no lo hayan alcanzado no importa, yo sí quiero alcanzarlo.

3. Vemos imposible parecernos a Jesús porque vivimos en esta carne; pero si nos lo ponemos como meta imposible, entonces sí lo será.

4. Los que tienen como suprema finalidad hacer coincidir su voluntad con la de Dios son los verdaderos parientes de Jesús.

5. Convertirnos en sus verdaderos parientes no de boca, sino de hechos: en cómo me comporto, en cómo reacciono, en cómo exploto.

6. No es ser perfecto de un día para otro: si hoy metí la pata, vuelvo y me arrepiento y trato de hacer las cosas mejor.

VI. Ruego a Evodia y a Síntique que sean de un mismo sentir en el Señor (Filipenses 4:2).

A. Dos mujeres de la iglesia de Filipos.

1. Se cree que eran diaconisas y que estaban unidas al ministerio de Pablo.

2. Llegaron a tener un desencuentro: una creía una cosa y la otra, otra.

3. No dice exactamente qué fue, pero sí tuvieron un desacuerdo.

4. Pablo tenía un buen sentir hacia ellas y un buen recuerdo.

B. Pablo escribe preso en Roma.

1. Se cree que le quedaban de dos a cuatro años de vida.

2. La vida está mucho más allá de lo que vivimos, del levantarse y trabajar y volver de nuevo.

3. Quería dejarles las enseñanzas más posibles, para que vieran a Jesús como él lo veía.

4. Para que vieran de qué vale tener un desacuerdo aquí en la tierra: ¿cuán grandes nos hace ganar en una pelea?

5. Todo es tan pasajero: hoy es y mañana no es. Pero eso se hace lo importante en el diario vivir.

6. Por eso tenemos que crecer, para sobrellevar todo esto de una manera sabia, sabiendo cómo Jesús actuaría.

C. Cuando el amor está en nosotros, el corazón late.

1. Pablo estaba preso en Roma, pero allá estaba su corazón por esas dos mujeres.

2. Nuestro corazón así debe latir el uno por el otro: que nos preocupemos y digamos qué le pasa a este hermano.

3. Con mucho respeto y con mucho cuidado, porque no es estar de chismosos ni de entrometidos, sino con sincera preocupación.

4. La pandemia trajo mucho de que cada cual esté por su lado; pero el corazón no se puede enfriar.

5. Nos hacemos fríos y apáticos, porque es más cómodo vivir para uno en su casa y allá los demás.

6. Pero el amor y la unidad es lo único que nos sostiene como iglesia.

D. No traigas la ofrenda teniendo algo contra tu hermano.

1. Ellas no eran dos hermanas impías; pero en vez de unirse, hicieron lo contrario.

2. Se nos hace bien fácil traer la ofrenda de todos modos y seguir como si nada; y pasó un mes y la quisquilla todavía está ahí.

3. Los dichos de la tierra dicen: él me la hizo, allá él que se la aguante.

4. O el orgullo: que venga él y me pida perdón a mí, porque yo no fui el que le hice algo.

5. Y son súper contrarios a los dichos de Jesús, que en la cruz dijo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

6. A Él lo estaban crucificando; y uno se queda orgulloso porque alguien le dijo algo, porque soy muy grande para que me hieran.

VII. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón (Proverbios 4:23).

A. La unidad se rompe cuando el amor no es lo que nos mueve.

1. Yo sé que esto cuesta: que alguien te hiera, o que se lo haga a tus hijos, no es fácil.

2. Cuando dejamos la batalla que ese amor provoca y le damos la espalda, el tiro viene hacia uno mismo.

3. Ese es el gran problema: que la muerte no es para el otro, es para uno mismo.

4. Que aquel me dijo, que aquel me hizo: lo perdono, ¿qué importa? Lo que no quiero es vivir yo como muerta.

5. Porque si no es amor, ¿qué es? Es odio; aunque con los dichos de la tierra decimos que no es odio, que es que yo no voy a permitir esto.

B. Lo que hay que cuidar es el propio corazón.

1. No importa aquel ni el otro: lo que importa es que yo no me esté dando el tiro yo misma.

2. La tierra nos enseña a ponernos duros: tú no te merecías esto, mira cómo te tratan, mira lo que te hizo aquel después de todo el bien que le hiciste.

3. Eso es lo que enseña la tierra; pero eso no es lo que enseña Jesús.

4. Por eso vienen los desacuerdos: cuando pensamos que uno sabe hacer las cosas mejor que el otro.

C. Sin unidad fortalecemos al enemigo.

1. Pensamos que nos estamos haciendo grandes y que nos estamos protegiendo porque nos hieren mucho.

2. Y lo que hacemos es darle lugar al enemigo para que se ría de nosotros.

3. Mira todo lo que Jesús hizo por ellos para que fueran una familia; y lo que hay es discordia, pelea y problemas entre ellos.

4. No podemos dejar de batallar por la unidad y por el amor; no nos cansemos y no nos pongamos duros.

5. Tenemos que estar unidos para batallar contra el enemigo y sus maquinaciones.

VIII. El verdadero parentesco radica en una experiencia común.

A. Se reconoce a los que están cerca en la familia de la fe.

1. ¿Te acuerdas cuando luchábamos juntos por la iglesia?, ¿recuerdas cuando tuvimos aquel problema?

2. Llevamos toda una vida, con muchas anécdotas y muchas vivencias que contar.

3. No es como los que no son de la familia de la fe, que dicen: mira qué mal les van las cosas, lo que tienen son problemas entre ellos.

4. Eso no es ser un cuerpo, eso no es tener unidad, eso no es estar ahí para el que lo necesite.

5. Cuando vemos cosas malas, claro que se dicen; pero con cuidado de no meter chispitas, porque a veces lo decimos con ganas de que acaben con el otro hermano.

6. Hay que decir las cosas y hay que arreglarlas; pero viendo siempre con qué intención uno lo hace.

B. Para ser amigos hay que llorar juntos.

1. A una anciana se le murió una amiga, y contó sin mucho dolor que la pasaban bien juntas y reían.

2. Y dijo: éramos compañeras; pero para ser realmente amigas, las personas tienen que llorar juntas.

3. Podemos tener compañeros afuera y reírnos con la familia de sangre, claro que sí.

4. Pero lo que verdaderamente nos hace amigos es la lucha, es el llorar juntos.

5. Cuando logramos vencer un paso difícil para la iglesia, o cuando lloramos con alguien que tenía un problema y lo vimos superarlo.

6. La base del verdadero parentesco radica en una experiencia común y en un interés común: menguar nosotros para que Jesús crezca.

C. El verdadero parentesco depende de una obediencia común.

1. Conocer a Jesús íntimamente y saber cómo Jesús actuaría de verdad.

2. No con los dichos de esta tierra, sino con lo que Jesús diría.

3. Miren cómo reaccionó: mis hermanos son estos, los que hacen la voluntad de mi Padre.

4. Uno habría dicho: espérate, déjalos pasar, que es mi mamá; y habría dejado de hacer lo que tenía que hacer.

5. Uno haría completamente lo contrario a lo que Jesús hizo. ¿Por qué? Porque la sangre pesa más.

IX. Doce hombres con un mismo jefe.

A. Jesús escogió hombres comunes y distintos.

1. Mateo era cobrador de impuestos; Simón el celote era un nacionalista de los que daban por la patria.

2. Pedro, Andrés, Santiago y Juan eran pescadores; de los demás se cree que eran agricultores u obreros.

3. Jesús no escogió grandes letrados, para que todo el mundo supiera que esto es algo fácil de aprender.

4. Si uno se deja llevar, si uno es manso y humilde, lo tiene fácil.

5. Pero si uno se pone en sus pantalones y dice yo soy así, y el orgullo brota, nunca va a estar dispuesto a aprender.

B. Tres años formándose y luego el mundo entero.

1. Estuvieron con Jesús tres años escuchando la palabra de Dios y formándose hasta el último día.

2. Cuando Jesús se les aparece, Tomás lo dudó; y hasta los últimos días Jesús les estuvo enseñando.

3. Felipe fue hacia Turquía; Bartolomé, a Armenia y a Persia; Tomás, a la India; Tadeo, a Siria y a Mesopotamia.

4. Santiago se quedó en Jerusalén, como Juan y como Pedro, que estuvo entre Roma y distintos sitios; y Mateo llegó hasta Etiopía.

5. En esos tres años aprendieron todo lo que tenían que aprender para que esta palabra llegara hoy hasta nosotros.

6. Parecía poquito, pero se regó por todo el mundo; ellos vieron hasta el último suspiro de Jesús y siguieron enseñando quién era.

C. Encontrarse en el cielo.

1. Tenemos hermanos en el cielo; a unos no los llegamos a conocer porque éramos muy pequeños, pero a otros sí.

2. Nosotros nos iremos yendo poco a poco; pongámonos como meta encontrarnos allá.

3. Porque somos hermanos en la fe y hemos logrado morir a nosotros mismos para poder amarnos verdaderamente.

4. De los discípulos, el primero que mataron fue a Santiago, y el último fue Juan, que fue el que más duró.

5. Me imagino a Juan, al llegar al cielo, con los otros once esperándolo. Que esa sea nuestra meta también.

6. Ellos estaban unidos porque todos habían aceptado a Jesucristo como su Maestro y su Señor; y las personas llegan a ser amigas cuando comparten un jefe en común.

X. Amar a la iglesia como el Señor Jesucristo la ama.

A. Es más fácil abrazar el orgullo que el amor.

1. Qué tristeza cuando esto no existe; porque se tiene la oportunidad, pero se rechaza por orgullo y por rebeldía.

2. El amor cuesta y el amor duele; por eso decía Pablo que el amor es sufrido (1 Corintios 13:4).

3. No abracemos la rebeldía y el orgullo más de lo que abrazamos el amor.

4. Nuestra meta y vida común es Jesús y sus enseñanzas.

B. Atrevámonos a resolver.

1. A veces metimos la pata y ni siquiera nos atrevemos a pedir perdón: a veces por orgullo, otras por vergüenza.

2. Que seamos valientes, que rompamos las barreras y no dejemos las cosas en el aire, como si no hubieran pasado.

3. Es más fácil tomar esa posición que resolver; no la tomemos: resolvamos.

4. Aunque la persona diga que no quiere que le pidas perdón, yo te lo quiero pedir, porque yo soy la que quiero ser libre.

5. Somos la familia de la fe: al hermano uno le pelea y vuelve y le habla otra vez. Para eso estamos. No seamos cobardes.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz