Estamos viviendo en medio de lobos, pero ahí es que demostramos quien es Dios y que Él está con nosotros. Nos convertimos y no por eso somos víctimas, el Dios que le servimos es un Dios grande que está pendiente a nuestras súplicas y sabe todas nuestras cosas y aún cuando estemos cargando algunas consecuencias por no hacer las cosas bien, Él no se aleja de nosotros. Hemos llegado a Jesús, no vivamos como enfermos todo el tiempo, Jesús vino a nuestras vidas y en la cruz llevó todas nuestras enfermedades. Mateo 8: 17 Hemos llegado ante la soberana mano de Dios para que Él haga en nuestras vidas, porque nosotros lo necesitamos. Él sigue siendo Dios y demanda de nosotros nuestra alabanza y adoración.
Aquella generación pedía señales (Mateo 16:4), pero la señal que Jesús les tenía era la de Jonás, que iba a morir y estaría tres días en el vientre de la Tierra y resucitaría tal como el pez vomitó a Jonás a Tierra. Entendamos la conquista de Jesús para nosotros, Él se empobreció para enriquecernos en Él. 2 Corintios 8: 9 Cada día tenemos que pedirle y Él nos dará conforme a lo que necesitamos. Lo que nosotros necesitamos está arriba, en lo alto donde está el Padre. Aprendamos a ver lo que nos toca ver, entonces tendremos abundancia en nuestra casa.
A los hombres de la tierra les gustan las señales. Ellos querían espectáculo en los cielos, pero Jesús vino a hacer señales aquí abajo entre ellos, entre nosotros. Querían alimentar el ojo con espectáculos, pero nada que los comprometiera. Muchas veces pretendemos venir al Señor con nuestras vidas antiguas de carnalidad y pecado, pero nuestras vidas tienen que ser transformadas. Queremos que el Señor haga afuera de nosotros, pero no dentro de nuestros corazones. Su muerte trabaja en nosotros adentro, no afuera. Es adentro que nos quiere transformar en hombres mansos, humildes, amorosos, perdonadores, pacificadores que obran el bien.
Al ser humano le es tan complicado entender lo de Dios porque está lleno de pensamientos propios, pero Dios quiere llenarnos de lo que Él quiere y no de lo que queremos nosotros. Jesús no se impone. El quería estar en ellos, pero eran una generación mala y adúltera. Vs. 4 Al ser humano no le gusta el compromiso sino lo que es a flor de piel porque no quiere esforzarse y obtener lo de Dios, todo lo que es a flor de piel no tiene profundidad. Una iglesia hace, es luchadora, emprendedora, se esfuerza y se compromete por lo que Dios quiere. Una iglesia es guerrera, como Jesús, no viene para hacer espectáculo sino para luchar con uñas y dientes por lo que es su misión.
Para ser discípulo hay que amar la señal de Jonás. Jesús iba a morir y a resucitar por nosotros. Si Jesús no hubiera muerto no tuviéramos nada. A Jesús lo crucificaron, lo llevaron a la cruz y al tercer día resucitó. El vino a la tierra y batalló por todo lo que tenía que batallar. Logró todo para nuestro bien, su muerte lo llenó en todo, su sangre nos quitó el mal, hay que amar la señal de Jonás. Jesús dio instrucciones claras. Él no habló en oscuridad.
Dios levantó a una Iglesia para que siga haciendo lo que es necesario, predicar al mundo la señal de Jonás. Como iglesia tenemos que hacer. No podemos vivir a flor de piel. Lo que Jesús hace en el corazón de las vidas es para vida eterna. Lo que se hace en señales es para un momento y nosotros como iglesia tenemos que vivir y entender en qué profundidades tenemos que estar. Tengamos cuidado porque como iglesia lo que nos gusta son las señales. Algunos se cansan y se hastían porque quieren señales. En su muerte, en su nombre hay poder. Tenemos que adorar a Dios en nuestras mejores y peores situaciones. Dios nos mandó a que peleemos la buena batalla. Dios envió primero a 12 discípulos y luego a 70; en el 2006 nos envía a nosotros al igual que a ellos. Lo que a nosotros se nos demandará será más de lo que se le pueda demandar a Pablo porque él estuvo en cárceles y nosotros no.
El verdadero creyente escucha, ama la señal de Jonás y entiende que Jesús llegó para transformar la vida interior del hombre. Para que la palabra viva obre dentro de nuestro ser hay que permitir que Dios llegue. No podemos resolverles la vida a los demás con nuestras fuerzas humanas, tenemos que hacer que Jesús llegue a sus vidas. Las instrucciones y la solución que tenemos para el mundo es ir y predicar el Evangelio.
El Espíritu Santo es el que redarguye, habla y hace. Nos guía y va llevando a lo que tenemos que hacer, a lo que hay que cambiar, nos dirige y revela lo que es necesario. Cuando queremos arreglar las vidas de otros, el evangelio se hace difícil, pero lo que tenemos que hacer es llevarle a Jesús, lo que nos corresponde es predicarles el Evangelio, lo demás le toca a Jesús y al Espíritu Santo. Si predicamos la Palabra llevaremos luz. Tenemos que decirle a la gente: "El Reino de Dios se ha acercado". A veces cerramos nuestras bocas por los problemas, vivamos nuestras circunstancias y clamemos a Dios. Cuando hacemos bien a otros Él comienza a hacer bien en nuestra casa. El exceso de comodidad ha ido haciendo daño y no solamente al creyente sino también a sus familias.
A la iglesia se le da poder, credenciales, éstos no lo dan las cárceles, el gobierno etc. sino Dios. El que ha creído en la señal de Jonás es Dios quien le da las credenciales. No son los concilios ni ningún hombre de la tierra. Dios dice que vayamos y prediquemos el Evangelio, que hagamos lo que Él quiere. Lleguemos donde tenemos que llegar porque es Dios quien abre el camino. No vayamos con astucia humana. Llevemos la paz donde entremos. No cobremos por los milagros. Hagamos milagros en las vidas porque somos enviados a predicar, es la Palabra la que tenemos que predicar porque el poder está en la Palabra no en nosotros. Dependamos siempre de la providencia de Dios no de nadie. A veces nos afanamos por esta vida. Al que predica el Evangelio Jehová se le hace el pastor de todo y como hombre y siervo de Dios no tendrá pérdidas. Si somos fieles a Dios procuremos hacer todo lo mejor posible y lo demás lo hará Dios. El se comprometió con nosotros, no hay porque temer. Jehová nos proveerá en el lugar donde vayamos. Cuando predicamos llevamos bendición a una casa. Hagamos bien a otros, movamos nuestro corazón. El reino es para todo aquel que nos abre la puerta. La iglesia va y hace lo que le corresponde, no nos quedemos encerrados para engordar espiritualmente, hay otros que necesitan nuestra voz, nuestros milagros, nuestro hacer. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
