Mientras esperan el tiempo de esta restauración, el pueblo de Israel tiene como preciosas las "piedras" de Sion y tienen compasión del polvo de ella. Esto se puede ver, por ejemplo, en el profundo respeto que tienen ellos por el muro Occidental, que antes se llamaba el Muro de las Lamentaciones y su tremendo afecto sentimental por la vieja ciudad de Jerusalén. Cuando Sion reciba su bienvenida a su Rey, entonces las naciones gentiles temerán al nombre de Jehová y todos los reyes de la tierra le rendirán homenaje.
Tus siervos aman sus piedras.
Hoy en día no se olvidan de Sion, los exiliados están pensando constantemente en su reconstrucción.
Las ruinas y el polvo mismo de la desolación (destruir, provocar tristeza o angustia) (destrozado o arruinado) lejos de desanimar a los buenos amadores de su país, les provocaba desear con mayor ardor el verla de nuevo reedificada tan hermosa como antes.
Será tremendo el efecto que producirá en el mundo entero la reconstrucción de Jerusalén lo cual provocará en gloria y honor para el Dios de los judíos.
(1 Crónicas 29:2) "Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios."
Le había dado a la casa de Dios, porque tenía puesto su corazón en la casa de Dios.
El llenar nuestras manos con el servicio de Dios da a entender que hemos "de servirle solo a Él", con toda generosidad y con toda la fuerza que nos preste la gracia recibida de Él.
(Salmos 23:6) Es posible que un "infiel" se deje caer en la casa de Dios y diga una oración, pero el profeta vive en ella permanentemente; su alma se halla siempre ante el trono de la gracia, pidiendo más gracia.
David se ve a sí mismo no solo como un huésped para un día, sino como miembro de ella, del pacto de Dios para siempre y por siempre, nadie se separa de un pacto tan sublime.
"Me seguirán todos los días de mi vida", porque al que Dios ama, le ama hasta el final y hasta el extremo.
La casa de Jehová significa comúnmente el santuario.
(Salmos 26:8) "Tengo en mi congregación"; dijo un ministro venerable del evangelio; "una señora anciana que durante muchos años ha sido sorda, pero siempre es de las primeras en sentarse a la hora de la reunión."
Al preguntarle la razón de su asistencia constante, aunque no pudiera oír el sermón, contestó: "aunque no puedo oír vengo a la casa de Dios porque quiero hacerlo y quiero que se me halle en Sus caminos; y Dios me da pensamientos dulces sobre el texto cuando se me indica; otra razón es que estoy entre la mayor compañía aquí, en la presencia más inmediata de Dios y entre Sus santos, los dignos de la tierra" (integro, honrado, noble, decente).
"No estoy satisfecha de servir a Dios en privado; mi deber y privilegio es honrarle regularmente en público."
¡Que reprensión para los que hoy aquí pueden oír, si es que se presentan y no acuden a destiempo (fuera de tiempo) al lugar de adoración, si es que acuden!
(Salmos 27:4) El salmista lo único que desea es estar (reposar) "en la casa de Jehová todos los días de mi vida".
Los sacerdotes tenían su residencia en los atrios del templo y allí había deseado David tener también su morada habitual.
Hay algo inconquistable acerca de las personas que buscan una sola cosa.
Saben lo que quieren y están empeñados en conseguirlo.
Nada puede impedirlo.
Todos los buenos hijos de Dios desean servir en casa de su Padre, ¿en dónde, si no, habrían de vivir?
¿Pensamos que alabar a Dios será la bendición de nuestra eternidad?
Entonces, de seguro que habríamos de hacer de ello la ocupación primordial de nuestra vida terrenal.
El deseo de David era vivir en la casa de Jehová para contemplar la hermosura de Jehová e inquirir (indagar, averiguar) en Su templo.
Lo amable, lo hermoso, lo deleitoso de Dios en Su santidad.
La armonía de todas las perfecciones divinas es la hermosura de Su naturaleza.
(Salmos 84:10) "Un día en Sus atrios es mejor que mil en otro lugar."
"Porque mejor es un día en Tus atrios, asistiendo a los servicios religiosos, lejos de todo, que mil fuera de ellos."
Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, ejercer el oficio más bajo de los levitas.
(Salmos 122:1) "Me alegré cuando me dijeron: A la casa de Jehová iremos."
Los hijos buenos se alegran al ir a casa y al oír.
Vas de camino y te encuentras con un hermano y te dice: "A la casa de Jehová iremos". Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Amor por la Casa de Dios
Salmos 102:19
“Porque miró desde lo alto de su santuario; Jehová miró desde los cielos a la tierra”
Los siervos de Dios aman las piedras de Sion y tienen compasión de su polvo: aun en ruinas, la casa de Dios les enciende el deseo de verla reedificada. El que tiene puesto su corazón en ella le da con todas sus fuerzas. Estos son los puntos para la semana.
- Israel tiene como preciosas las piedras de Sion y tiene compasión de su polvo. Las ruinas, lejos de desanimar a los que aman su tierra, les provocaban desear con mayor ardor verla reedificada tan hermosa como antes.
- David dijo: «Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios». Le dio a la casa de Dios porque tenía puesto su corazón en ella, y así se sirve: con generosidad y con toda la fuerza de la gracia.
- Un infiel puede dejarse caer en la casa de Dios y decir una oración, pero el siervo vive en ella. David no se veía como huésped de un día, sino como miembro del pacto de Dios para siempre.
- Una anciana sorda llegaba siempre de las primeras, aunque no oía el sermón: quería que la hallaran en los caminos de Dios y honrarle en público. ¡Qué reprensión para los que pueden oír y llegan a destiempo, si es que llegan!
- El salmista deseaba una sola cosa: estar en la casa de Jehová todos los días de su vida para contemplar Su hermosura. Hay algo inconquistable en el que busca una sola cosa. Mejor es un día en Sus atrios que mil fuera de ellos.
- Los hijos buenos se alegran al ir a la casa de su Padre. Cuando un hermano te encuentra de camino y te dice «A la casa de Jehová iremos», el corazón responde con gozo, como el salmista.
Llega a tiempo al próximo culto, sin excusas, y cuando vayas de camino invita a otro con las palabras del salmista: «A la casa de Jehová iremos».
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Piedras y Polvo de Sion
Salmos 102:19
Para leer en voz alta con los niños
“Porque miró desde lo alto de su santuario; Jehová miró desde los cielos a la tierra”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Dios mira la tierra desde el cielo, desde Su casa santa. El pueblo de Israel ama tanto la casa de Dios en Jerusalén que hasta sus piedras viejas y su polvo le parecen preciosos, y sueña con verla otra vez hermosa.
- El rey David preparó con todas sus fuerzas lo que hacía falta para la casa de Dios. Dio mucho, porque su corazón estaba puesto allí.
- Una anciana que no podía oír llegaba siempre de las primeras a la iglesia. Decía que quería estar donde Dios está y honrarlo delante de todos, no solo a solas.
- Cuidado: el estudio dice que eso es un regaño para los que sí pueden oír y llegan tarde, o no llegan. Dios ve si vamos a Su casa con ganas o con excusas.
- David pedía una sola cosa: vivir en la casa de Dios todos los días de su vida y ver lo hermoso que es Dios.
- La Biblia dice que un día en la casa de Dios vale más que mil días en otro lugar. ¡Mil días son casi tres años!
- Cuando alguien te diga «vamos a la iglesia», contesta contento, como el salmista: «Me alegré cuando me dijeron: A la casa de Jehová iremos».
¿Por qué crees que la anciana venía aunque no podía oír?
Esta semana, prepárate temprano para llegar a tiempo al culto.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
