El extremo de la agonía de Jesús, del mismo modo que su amor había llegado también al extremo. No debemos extrañar a la vista de este amor, que Pablo diga (1 Corintios 16:22): El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema (exclusión de la comunión, condenado). Y lo escribe de su propia mano. (V.21) Yo, Pablo, os escribo esta salutación de mi propia mano.
(Lucas 22:43-44) Lucas registra esto, así como que su sudor era como grandes (grumos) gotas de sangre.
Su perfecta humanidad se ve en la agonía que acompañó a "Su oración".
Y se le apareció un ángel para fortalecerle.
El ángel trabaja lo que el Padre le envía.
Jesús dejó todo en el cielo para llegar como Hombre, en la tierra.
Solo Lucas registra esto, así como que "su sudor", era como grandes gotas de sangre engrumecidas que caían sobre la tierra.
Este último detalle atrajo la atención de este cuidadoso médico.
Tal tristeza arropa a los discípulos. (V.45)
(V. 43-44) Bliss: Este fenómeno no consistió solamente en sudor ni solamente en sangre. Esto queda suprimido por la palabra como, (razón, no sale de venas, sino de sudor y sangre que sale del corazón) lo primero, por el hecho de que había muy poca fuerza en comparar al sudor con la sangre, con respecto meramente a su forma como de gotas, o en cuanto a su tamaño. Es el color también, causado por el filtrarse la sangre a través de la piel, coagulándose como tal, de modo que el sudor fue semejante a pequeña masa compacta, de una sustancia líquida, redondeado, cuajarones de sangre (coágulo, grumo), no meramente gotas, que ruedan hacia el suelo. Es muy de notar que Lucas refiere el sudor de sangre "no antes", sino después de la "llegada del ángel" para confortar a Jesús. Por donde vemos que este sudor singular (raro, extravagante) (único) fue efecto de una reacción tremenda, por la que la sangre que se había retirado al corazón, como ocurre en todos los casos de pavor al agudizarse el clímax de la agonía, "con la compensación del consuelo angélico, salió en tremendo rebote hacia la periferia (exterior), lo que hizo saltar las plaquetas (es para la coagulación de la sangre, cuando uno de sus vasos sanguíneos se rompe, comienza a sangrar. Las plaquetas se coagulan (se agrupan) para tapar la lesión en el vaso sanguíneo y detener el sangrado) y colarse finalmente a través de la epidermis (exterior de la piel). En el caso de Jesús el Salvador es una muestra del extremo a que llegó su agonía, del mismo modo que su amor había llegado también al extremo. (Juan 13:1).
(V.43) Cuando Cristo entró en la agonía "se le apareció" un ángel del cielo para fortalecerle.
Aunque no fue librado de los sufrimientos, fue fortalecido y consolado para que los soportara, no solo con resignación (Lo aceptó con paciencia y amor), sino con gozo: Isaías 53:11; Jesús verá el fruto de su aflicción de su alma y quedará satisfecho y llevará nuestras iniquidades.
Debemos saber que Él poseía una naturaleza humana como la nuestra, excepto el pecado.
Jesús tenía una mente humana en la que el Espíritu Santo actuaba de un modo decisivo.
Esto nos enseña que Dios proporciona y equilibra el peso de la carga conforme a la fuerza de nuestros hombros, por lo que no tenemos razón para quejarnos, sea cual sea la prueba por la que nos haga pasar.
Los ángeles ministraban al Señor durante sus pruebas y sufrimientos. (Mateo 4:11)
Donde Jesús estaba ayunando.
No buscó que Le libraran, solo hizo uso de ellos para que lo fortalecieran.
(V.44) Estando en agonía, oraba más intensamente.
Conforme a su pavor (miedo intenso, espanto) y su tristeza iban en aumento, su oración se hacía más intensa.
La oración nunca está fuera de sazón, pero es especialmente necesaria cuando estamos en gran aprieto y cuanto más aguda sea el conflicto, tanto más fervientes y frecuentes han de ser nuestras oraciones.
Angustia de Su santa alma al anticipar que iba a ser una afrenta por el pecado de nosotros.
No hubo respuesta ninguna.
El cielo en silencio.
El silencio sabemos que no había otra forma en que Dios pudiese justificar a los culpables pecadores "excepto que Cristo, el impecable (que es tan perfecto y sin faltas ni errores que no admite ni el más mínimo reproche) Salvador, muriese como nuestro Sustituto. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Jesús Triste
Mateo 26:36-39
“Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.”
En Getsemaní la agonía de Jesús llegó al extremo, del mismo modo que su amor había llegado también al extremo. Allí se ve su perfecta humanidad: triste hasta la muerte, oró más intensamente, y el cielo guardó silencio porque no había otra forma de salvarnos. Estos son los puntos para la semana.
- A la vista de un amor así, no extraña que Pablo escribiera de su propia mano: «El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema», es decir, excluido de la comunión y condenado.
- Jesús dejó todo en el cielo para llegar como hombre a la tierra. Poseía una naturaleza humana como la nuestra, excepto el pecado, y su perfecta humanidad se ve en la agonía que acompañó su oración.
- Lucas, el cuidadoso médico, registra que su sudor era como grandes gotas de sangre que caían sobre la tierra: una muestra del extremo a que llegó su agonía, como su amor llegó también al extremo.
- Se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. No fue librado de los sufrimientos, pero fue fortalecido para soportarlos con paciencia, con amor y con gozo, viendo el fruto de la aflicción de su alma.
- Dios proporciona y equilibra el peso de la carga conforme a la fuerza de nuestros hombros; por eso no tenemos razón para quejarnos, sea cual sea la prueba por la que nos haga pasar.
- Estando en agonía, oraba más intensamente. La oración nunca está fuera de sazón, pero cuanto más agudo sea el conflicto, tanto más fervientes y frecuentes han de ser nuestras oraciones.
- El cielo guardó silencio, porque no había otra forma en que Dios pudiese justificar a los culpables pecadores, excepto que Cristo, el Salvador sin falta alguna, muriese como nuestro Sustituto.
Cuando esta semana llegue la prueba más pesada, en vez de quejarte ora con más intensidad y pídele a Dios fuerzas para cargarla, como Jesús en Getsemaní.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Un Ángel en el Huerto
Mateo 26:36-39
Para leer en voz alta con los niños
“Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Jesús les dijo a sus amigos que estaba triste hasta la muerte, y les pidió que se quedaran despiertos con Él. En un huerto llamado Getsemaní, Jesús oró con tanta fuerza que su sudor caía como gotas de sangre, y Dios le envió un ángel para darle fuerzas.
- Jesús vivía en el cielo, pero lo dejó todo para venir a la tierra como un hombre. Por eso Él sabe lo que es estar triste, cansado o tener miedo.
- Esa noche Jesús sabía que iba a sufrir en la cruz por nuestros pecados. Sintió una tristeza tan grande que nadie la ha sentido igual.
- Mientras más triste estaba, más fuerte oraba. Cuando tengas miedo o estés triste, no dejes de orar: ese es el momento en que más necesitas hablar con Dios.
- Dios no le quitó el sufrimiento a Jesús, pero le mandó un ángel para darle fuerzas. A veces Dios no quita la prueba, pero te da fuerzas para pasarla.
- Dios pone la carga de acuerdo a la fuerza de tus hombros. Por eso, en vez de quejarte cuando algo es difícil, pídele fuerzas.
- Nosotros éramos los culpables por nuestros pecados, pero Jesús, que nunca pecó, murió en nuestro lugar. No había otra manera de salvarnos. ¡Así de grande es su amor!
¿Qué cosa te pone triste o te da miedo?
Esta semana, cada noche, cuéntasela a Jesús en oración y pídele fuerzas, como el ángel se las dio a Él.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
