C.H.S. El averiguar la causa de nuestra pena (tristeza) es con frecuencia la mejor cirugía para la misma. La ignorancia no es felicidad; en este caso es miseria. La niebla de la ignorancia aumenta nuestros motivos de alarma; una visión clara hará ver que los monstruos son bagatelas (ningún valor, insignificante, sin importancia). Es construir un edificio en un grano de arena.
Debemos pensar qué sentimos con la pesadez de nuestra alma.
Aunque no lo sientas, para que puedas sentirla.
Saber que hay una pena (tristeza) que obra arrepentimiento del que no hay que arrepentirse. Saber que hay una pena que "consume hasta la muerte."
Los inicuos oprimen a David y "el diablo le tienta" con todo; él reprende a su propio corazón y nada más.
David no reprende a Saúl ni a Absalón, sino que reprende y "mira su propio corazón." ¿Por qué te abates, Oh alma mía?
Aunque el diablo tienta y los malvados oprimen como instrumentos de castigo por el pecado; pese a todo, nosotros como David, hemos de reprender a nuestro propio corazón y el problema está en nuestro corazón, no en el diablo, ni en los malvados.
¿Por qué te turbas dentro de mí? "Estás en tumulto" (motín, confusión, alboroto producido por una multitud, gritos, desorden).
"Espera en Dios". La esperanza nunca produce más gozo que en la aflicción.
Es en la nube que lleva agua que el sol pinta los curiosos colores del arcoíris.
Hay dos gracias que Cristo usa especialmente para llenar el alma de gozo; la fe y la esperanza.
La fe dice al alma lo que Cristo ha hecho por ella y así la consuela y conforta; la esperanza aviva al alma "con la noticia de lo que Cristo hará."
"Espera en Dios; porque aún he de alabarle."
¿Quién pensaría que cuando Jonás estaba negándose a lo que Dios quería, estaba en aguas, que predicaría en Nínive?
¿Quién habría pensado que cuando Nabucodonosor se hallaba en el bosque (Daniel 4) que volvería a reinar en Babilonia?
¿Quién habría pensado cuando José fue vendido por sus hermanos que éstos le buscarían "como siervos suyos"?
¿Quién habría pensado cuando Job se rascaba sus llagas sentado sobre las cenizas de la basura, sus casas consumidas por el fuego, sus ganados robados y sus hijos muertos que volvería a ser mucho más rico de lo que nunca fue?
Así son las acciones de la misericordia divina que hacen a los rectos exclamar cantando: El Señor ha triunfado gloriosamente (Éxodo 15:21); ha echado al mar al caballo y al jinete.
No creas que baste "acallar tu corazón" para que no alterque con Dios, sino que no debes cesar hasta que le hayas colocado donde reposes dulcemente en Él.
El santo David llegó hasta aquí, no solo reprendió a su alma por su desasosiego (intranquilidad), sino que "le encargó que confiara en Dios."
Cuando el Señor nos encierra y limita nuestra libertad durante un tiempo, queremos abrirnos paso por nuestra cuenta, usando de todos los recursos de nuestro corazón para pasar por las paredes de Su providencia. Mientras que, si esperamos confiando en su promesa y nos sometiéramos a Su disposición, podríamos soportar más fácilmente el encierro y "sin heridas" acabaríamos recobrando la libertad; porque Dios toma su decisión y ¿Quién puede cambiarla? Él hará que suceda lo que ha decretado sobre nosotros.
Lo que molesta a la pobre bestia no es el peso de carga, sino las ataduras en sus lomos; así, no es el peso de los males externos, sino el escozor (picor, ardor) interno de una conciencia amargada, no purificada ni curada por la fe lo que aflige y turba a la pobre criatura.
Dios mío (Salmos 42:6) Mi alma está abatida en mí… "Me acordaré, por tanto, de ti."
Es sabio el amanecer en la memoria de nuestras ocasiones especiales "de conversación con el cielo"; podemos necesitarlas otro día cuando el Señor sea lento en devolvernos de entre los expulsados y nuestra alma se duela y tiemble.
Una luz detrás (ocasiones especiales con el Creador) que alegra nuestras tinieblas presentes.
(Salmos 42:7) Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas.
Un inmenso torbellino que se precipita en el mar y ha agitado y aumenta el remolino y turbulencia de las olas.
Un mar furioso, un cielo nublado, tempestuoso (tormenta) y el rugido del trueno sumado al tumulto (ruido). Un buque en medio de esa tempestad.
Así compara David el estado de su alma cuando sumergido bajo un mar de aflicciones dice: "Todos las ondas y tus olas han pasado sobre mí."
¡Qué vivo debía de ser su sentimiento de angustia en aquella ocasión para hacer uso de una comparación así que expresa el temor más extremo!
Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
Experiencia desconocida para los recién nacidos en la gracia, pero bastante común para los que viajan por las aguas profundas de la aflicción; para éstos sirve de consuelo el recordar "que las olas y ondas son del Señor."
(Salmos 42:8) Pero de día mandará Jehová Su misericordia.
No amanecerá ningún día sobre el heredero de la gracia, hallándole abandonado por completo por el Señor; El Señor reina y "es un soberano que con autoridad ordena que la misericordia sea reservada para Sus escogidos."
"Y de noche" es el momento más dichoso para el piadoso.
Y mi oración al Dios de mi vida. La vida, religión de David "era la oración."
(Salmos 42:9) ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
Cuando está en marcha la prueba, el designio (propósito, plan) del Señor al enviarla se hace más fácil de llevar. (Salmos 42:10) Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
Cuando se habla para enloquecer son los enemigos, hubiese sido así si David no hubiese recurrido a la oración y hacer de las persecuciones de sus enemigos un motivo de ruego a su Señor.
(V. 11) "Esperanza", es como el sol, que cuando nos dirigimos hacia él proyecta la sombra de nuestra carga detrás.
Esperaré en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.
Esperanza en Dios, el cual es tu Dios; por tanto, viviré y alabaré a Dios.
Dios, nuestra esperanza en todo momento.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
