Mega Zoé
Estudio #1166Iglesia en las casas

El Rostro De Dios

El Rostro De Dios enseña a perseverar en la oración y recibir y extender el perdón.

Antiguo TestamentoGénesis3 min lectura

Jacob se acostumbró a tener el rostro de Dios, sobre o en la vista de su vida. (32:1) … y le salieron al encuentro ángeles de Dios. Ahora era Esaú que quería estar con Jacob, pero había la riña de la primogenitura y la bendición. ¿Cómo estaba Esaú con Jacob? Los ángeles le habían estado guardando invisiblemente todo el tiempo, pero ahora se aparecieron a él porque tenía ante sí mayores peligros o temores que los que había afrontado hasta entonces.

En esa guerra y lucha de Jacob, Dios con él.

(V. 33:10) Esaú no tiene nada contra Jacob, milagrosamente.

Esaú fue amable, lloró, abrazó, perdonó y estuvo dispuesto a darle toda la ayuda necesaria y darle todo lo posible, en un gran servicio a Jacob.

Aunque el miedo estaba sobre la persona de Esaú porque le conocía su carácter; y lo que le hizo vio a Dios en Esaú.

El sentido es que Jacob había visto el favor y el perdón de Esaú como si fuesen el favor y el perdón de Dios mismo.

Jacob tuvo una señal bien clara de que Dios había aceptado sus oraciones en Peniel, nombre que le puso Jacob.

Depender de la oración, en todo lo que está a nuestro frente.

Aprendamos la oración constante en todas circunstancias.

Lo suficiente de Esaú era mucho; pero lo suficiente de Jacob es "todo."

Tiene todo en perspectiva (panorama, vista, claro y preciso y lo tendrá todo en posesión), cuando vaya al Cielo.

Para encontrar el bien había que tener una vida con Dios, constante.

Y luchó con él un varón.

Esaú le abre paso a Jacob, para llegar a la tierra prometida.

(Oseas 12:4-5)

Toma a su familia aparte y él se queda solo para presentar, sin distracción alguna, con mayor detalle y urgencia, sus preocupaciones y sus temores ante Dios en oración.

Mientras Jacob oraba con toda intensidad a Dios, un ángel le agarra y lucha con él.

(V. 29) Que se trata del Verbo…, una personificación visible del Hijo, el Ángel del pacto, con un nombre cuyo misterio no estaba aún maduro para ser revelado.

En forma visible, apareció para animar la mente y simpatizar con el sufrimiento de su piadoso siervo.

El propósito moral de ello fue el de avivar el espíritu abatido del patriarca y armarlo con la confianza en Dios, mientras esperaba las temidas escenas del día siguiente.

Las armas de Jacob fueron el lloro y el ruego.

El desánimo no había podido sacudir la fe de Jacob ni silenciar su oración.

Era una fuerza derivada de lo alto, no fue con fuerza propia.

Es evidente que Jacob era sabedor (conocer de algo) del carácter de aquel con quien contendía.

"No te dejaré, sino me bendices." (V. 26).

Al suplicar esta bendición, confiesa su inferioridad a pesar de que parecía tener superioridad en la pelea.

Ahora un hombre quebrantado entra a esa total humillación: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel. "El que lucha con Dios."

Ahora Jacob es el que lucha con Dios, Jacob el hombre astuto es ahora santificado, es con Dios que él ha de luchar en oración.

Has conquistado poder con Dios, así será con Dios.

No le dice su nombre, para que no se exaltara demasiado porque él no venció al ángel.

Bendecirle le fue al ángel, porque es mejor que el conocimiento de su nombre.

Ahora es Peniel, cara de Dios.

Es tener el honor de la libre y soberanía gracia de Dios.

Era decir: En este lugar vi a Dios, cara a cara y fue librada mi alma.

Aunque haya ido al sepulcro cojeando.

Le salió el sol cuando había pasado Peniel porque realmente le amanece el sol al alma que tiene íntima comunión con Dios.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz