"No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo." No se puede negar o excusar el pecado. Al que disimula el pecado no le ira bien. No puedes echarle la culpa a otro, tu propia conciencia te acusará (Salmos 32:3-5 "Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado."). ¡Qué clase de muerte es el pecado! ¡Es una enfermedad pestilencial! ¡Es un fuego en los huesos! En tanto que intentamos cubrir nuestro pecado, éste ruge por dentro, y como una herida infectada se hincha horriblemente y es causa de gran dolor. "En mi gemir todo el día." Esto lo dice el salmista por una conciencia culpable inflamada dentro del pecho. ¡Es mejor sufrir todas las enfermedades que puedan aquejar la carne que morir tendido bajo el sentimiento aplastante de la ira del Dios Todopoderoso! ¡Nada vivido en este mundo se puede comparar con lo que se sufre cuando la conciencia trabaja dentro del corazón!
"Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano…" El dedo de Dios puede aplastarnos. Con un pensamiento puede desaparecernos. Bajo los terrores de la conciencia los hombres tienen poco descanso. De día y de noche; porque los tristes y vergonzosos pensamientos de todo el día les acosan en sus dormitorios y les persiguen en sus sueños o bien les dejan despiertos en un sudor frío de temor. ¡Es mejor llevar un mundo en el hombro que la mano de Dios en el corazón!
Velemos, porque si las ofensas han sido no como un mosquito sino como un camello, nuestra pena ha de ser no una gota sino un océano. Los pecados que son como el carmesí requieren lágrimas de sangre; así como cuando Pedro pecó vergonzosamente y tuvo que llorar amargamente. El que confiesa y se aparta podrá alcanzar de las misericordias de Dios, pero a lo que se refiere a aquí en la tierra, en ocasiones ¡lo pierde todo!
En I Corintios 15:33-34 tenemos UNA ADVERTENCIA seguida de UNA EXHORTACIÓN y de UN REPROCHE. Primero, atendamos a la advertencia: Las malas compañías (con sus conversaciones) corrompen las buenas costumbres. El apóstol Pablo sabe de las malas conversaciones, de ahí toma para advertirnos: "No erréis…" Como diciéndonos: ¡No se dejen engañar! ¡Cuánto peligro hay en las malas compañías! Cuidado, pues cuando se tienen varios tipos de compañeros entonces llegarán las conversaciones. Y una conversación llevará a la otra y según pase el tiempo te sentirás que todo es bueno y que no pasa nada y ¡el oído se acostumbrará a lo que nunca deberías haber oído! ¡Con qué dulzura habla el que engaña! ¡Y de qué forma siembra esa semilla que a tiempo trae su planta y luego el fruto! Ahí están los peligros, los riesgos que se toman cuando no se evita la compañía y la conversación de aquellos que siembran ¡lo contrario del evangelio!
¡El error y el vicio son contagiosos! La exhortación es a romper definitivamente con el pecado. Es a entrar en razón, como quien despierta después de haberse embriagado. Porque el que se embriaga, su conciencia se anula y hace lo que nunca hubiese hecho. "Velad debidamente…" Pablo nos exhorta a permanecer despiertos, a no dormir espiritualmente. "Debidamente", se refiera al modo que se supone que algo debe ser o hacerse, ¡correctamente! Hay que retornar a nuestro sano juicio, como es nuestro deber y ¡no seguir pecando! Si es que has estado pecando, si has estado pecando, DEFINE QUÉ VAS A HACER; retornad, volveos al sano juicio (a la facultad, al entendimiento por cuya virtud el hombre puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso). ¡Si queremos estar para siempre con el que decimos que es el Señor, miremos bien, hemos de sacudirnos de los malos hábitos y no dar oído a cantos de sirena de los viciosos!
Algunos merecen claramente este reproche. Pues hay algunos que continúan con su desconocimiento de Dios (que no conocen a Dios), "…para vergüenza vuestra lo digo." El desconocimiento del verdadero carácter de Dios está siempre en la raíz de todo pecado. El pecado se lleva a cabo cuando se desconoce a Dios; ¡la gran falta de no conocerle! ¡Cuando no se cree no se le conoce! Esta es la base de la vida cristiana, lo conocemos cuando le creemos.
Definitivamente, ¡no hay excusa para el pecado! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
