Mega Zoé
Estudio #0940Iglesia en las casas

El Amor Es Lo Más Importante

El Amor Es Lo Más Importante enseña a permanecer como discípulos de Jesús y perseverar en la oración.

Nuevo TestamentoRomanos7 min lectura

Cuando comenzamos a tener muchos problemas es porque hemos DEJADO DE AMAR. Cuando ya todo nos molesta y nos ponemos a la defensiva es porque hemos DEJADO DE AMAR. Cuando dejamos de hacer las cosas es porque hemos DEJADO DE AMAR. Nuestra vida se convierte en un desastre ¡y ya no se puede reír! Mientras más amemos, más la gente nos va a amar y menos problemas enfrentaremos. ¡Por eso viviremos en justicia! Hoy día lo que motiva a los seres humanos a hablar es la vanagloria, anunciándole a todos lo que hacemos y tenemos. Se habla de grandes metas para que la gente se maraville. El poder de lo que se habla convence más a muchos que lo que los ojos ven. Hay diversas razones que motivan a ese modo de hablar; mayormente se hace para presumir y para sacar algún favor o ventaja. A veces también el motivo es la riña, la envidia, etc. Pero, ¡lo que nos debe motivar a hablar debe ser EL AMOR!

Cuando nos descuidamos en amar comienzan los grandes problemas. Seamos felices con lo que tenemos, no deseando lo de los otros. Cuando aprendamos a amar lo que Dios nos ha dado, entonces también, vamos a amar lo de las otras personas sin envidiarles. A todos Dios nos ha querido dar y nos ha puesto en la iglesia, en su reino espiritual, para que disfrutemos. Dios nos ha hecho a cada uno diferentes para que disfrutemos el uno con el otro. A veces, somos de carga a los demás por lo mucho que pretendemos, por lo que sale por nuestras bocas para competir y hacernos sentir. ¡Que sea nuestra conversación solo para edificarnos el uno al otro! Todos hemos nacido en Cristo para hacernos el bien mutuamente, hasta saciarnos de bien (Gálatas 6:10 "Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos y mayormente a los de la familia de la fe."). Nunca es grato ver a alguien mal, entonces tratemos de saciar de bien al otro porque hemos nacido en Cristo para hacer bien. Lo que Él hace en nuestras vidas, lo hace para que nos amemos. Amar de la manera en que Cristo ama no estaba antes en nuestro pensamiento, pero cuando llegamos a Jesús comenzamos a amarnos los unos a los otros. Lo que más nos puede motivar en esta vida ¡ES EL AMOR!

Estamos en el mundo para dar un servicio a los demás. Hemos nacido para el servicio el uno al otro, por eso tenemos que amar. Ahí es que se deja ver nuestro amor. Somos salvos, hemos alcanzado la salvación, pero no vamos a caminar en esta vida solo para eso, aunque la salvación la vigilamos celosamente; hemos llegado a esta tierra para el servicio a los demás. El que es escogido por Dios para hacer algo lo menos que quiere son los problemas, pero nacimos y vivimos para lo que Él ha dispuesto. El llamamiento ha sido por su gracia no por nuestros méritos, ni nuestras cualidades, ni por lo grande y preparados que seamos. Es que Dios nos quiere preparar por medio del Espíritu Santo. El Padre no quiere nada del mundo en nosotros. Él lo que quiere es LLENARNOS DE AMOR, pero tenemos que estar dispuestos y así el Padre va a seguir haciendo en nuestras vidas. El Padre quiere que entendamos que hemos sido llamados por la gracia para hacer un bien a las personas. Porque hemos decidido amar y caminar como justos negándonos al "yo" pecador, porque el pecado nos separa de Cristo y así no podríamos amar.

El que es fuerte comience a caminar en su fuerza y a amar al débil (Romanos 15:1 "Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos."). Como fuertes tenemos que fortalecer a los débiles. Nos tenemos que convertir en fuertes porque siempre a la Iglesia va a llegar el débil. Hay muchas cosas de las que podemos hablar, pero mientras estamos en el Cuerpo hablemos lo que edifica. Cuando estamos juntos en la Iglesia nos tenemos que edificar el uno al otro. Debemos aprender de nuestro Maestro a amar y mientras más lo hagamos más vamos a hacer. Debemos poner nuestros ojos, nuestra mirada en el amor no en las otras cosas. Lo que nos edifica mutuamente es lo que más nos conviene al uno y al otro. Podríamos tener un conocimiento superior al del hermano, pero no podemos tomar ventaja de eso porque amamos, porque el amor es más fuerte en nosotros. Por amor vamos a enseñar y no por ventaja, amemos y enseñemos al débil. Si no amamos, todo el tiempo y esfuerzo será para nosotros mismos.

Se hace fuerte aquel que entiende perfectamente la naturaleza del Evangelio de la libertad. Hay que entender lo que es la salvación que viene por la gracia. Aquel que carece de ese conocimiento es débil. Por eso es que no todos son fuertes. Lo que nos hace abstenernos de agradarnos a nosotros mismos es el amor a los demás; si aprendemos a amar. Pablo quería enseñar a un pueblo a no agradarse a sí mismo sino a amar. Mientras más amamos más silencio hacemos. ¡CUANDO SE COMIENZA A CONTENDER SE ECHA A PERDER LA UNIDAD! Debemos entender que hay gente frágil, delicada, pero son hijos y hay que ayudar a llevarlos por amor. No somos muy dados a soportar, a tolerar; por eso Dios tiene que quebrantarnos para aprender a amar. Al débil lo vamos a enseñar a amar teniendo como esperanza que no es un desechado. Nuestra lucha es que todos nos salvemos. Cuando tenemos un inconveniente con alguien es que nos tenemos que negar a nosotros. Neguémonos a tanta dignidad personal. Vamos a negarnos a "la quisquilla (a estar siempre prestos para el pleito)." Lo primero es amar, lo demás es secundario. Nuestros temas deben ser de lo que Dios quiere. No nos estemos agradando por nuestra vanagloria sino por lo que es bueno. Debemos hacer las cosas para también agradar a los demás. Hemos decidido edificarnos el uno al otro haciéndonos bien. Uno edifica espiritualmente, no es consintiendo los caprichos. Lo que hacemos es tolerar la debilidad de otros, amándoles. Los caprichos no proceden del verdadero amor. Hay que tolerar por amor y mientras tanto el amor crecerá más para que estemos de acuerdo el uno con el otro.

I Pedro 2:5 Al edificar al hermano nos edificamos a nosotros mismos. Todos somos como una casa; nos ponemos uno sobre otros y si dejamos de edificar de esa manera, nosotros mismos dejamos de edificarnos. Es un bien para uno mismo cuando educamos. Vale la pena soportar. Quien sostiene este edificio es Cristo. La maldad y la envidia de nadie va a destruir a la Iglesia. ¡Cuánta paciencia tuvo Jesús con los discípulos! Él es nuestro Maestro y por eso tenemos que aprender de Él. Cristo no se agradó a sí mismo sino a los que estaban a su alrededor. Nosotros no estamos para agradarnos a nosotros mismos sino para mirar al débil y fortalecerlo o hacerlo grande. Debemos prestarle ayuda, socorrerlos. Estemos dispuestos a hacer a otros lo que el Padre ha hecho en nuestras vidas. Estemos dispuestos a dar, alentar, prestar ayuda y socorrer. Tenemos que sacar de nuestras vidas el corazón duro, por eso no podemos dar y amar. Debemos estar unánimes. Tenemos que entrar por el proceso, para que unánimes con una voz, podamos glorificar a Dios y se acabe la contienda; porque ésta trae muerte. ¡Glorifiquemos a Dios por habernos llamado a este pacto de salvación! La falta de paciencia es lo que lleva a contender, seamos pacientes con los hermanos como lo es Cristo con nosotros. Para que haya armonía y adoración tiene que haber paz y amor. ¡A esto nos ha llamado Dios! Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz