Veamos qué somos, espirituales o carnales. Es difícil llevar a los hermanos a hacer que caminen como espirituales. Muchas veces no entienden. Pero, no solo es que no entienden sino que NO quieren ver o recibir las cosas que se les enseña. Hay creyentes muy obstinados. Les da molestia, se cuadran, levantan las cejas, miran con desafío y con coraje. Hablan palabras con sentido de coraje y otros se mantienen en silencio con el mensaje que dice: "ni me importa." Conozcamos lo que dice la Palabra al respecto para que tomes la decisión de ser libre.
El cuerpo animal es sembrado y resucitará en cuerpo espiritual (Vs. 44). Así que hay CUERPO ANIMAL y CUERPO ESPIRITUAL. Hay dos clases de cuerpos. Un cuerpo animal o natural. Es el que es primero y está ajustado A LA VIDA AQUÍ EN LA TIERRA, mientras que el segundo, el cuerpo espiritual, será idóneo PARA LA VIDA EN EL CIELO. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. El cuerpo actual, aún el del creyente más espiritual, es un cuerpo adaptado a las condiciones de la vida presente; es un cuerpo que responde a los instintos y que responde a los reflejos de la cabeza. En cambio, el cuerpo espiritual estará adaptado para las condiciones de la vida eterna. El cuerpo espiritual expresará el espíritu y responderá a las necesidades del espíritu, será el instrumento perfecto de la vida celestial, tal como el cuerpo animal es el órgano de la vida terrenal. El cuerpo animal esta generalmente controlado por el alma mientras que el cuerpo espiritual será controlado por el espíritu. Un cuerpo espiritual es aquel que será verdaderamente siervo del Espíritu Santo.
A Dios siempre le ha interesado que el espíritu sea el que esté en el puesto de preeminencia o predominio. El primer hombre: Adán fue alma viviente; el postrer Adán (Cristo): espíritu vivificante (que da vida, aviva) (Vs. 45). El postrer, es el último, es decir que no hay otro después de Él. Aquí, otra vez, el primer hombre Adán es contrastado con el Señor Jesucristo. Dios sopló en las narices de Adán el aliento de vida y fue hecho: un ser vivo. El postrer Adán, quien es nuestro Salvador fue hecho: espíritu vivificante (Juan 5:26 "Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;…"). Adán recibió vida física, en cambio Cristo da la vida eterna. Adán era para ser un alma viviente, una persona viva que habría podido continuar viviendo indefinidamente si no hubiese transgredido el precepto divino de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.
El postrer Adán es Cristo y su poder vivificante actúa en los que por la regeneración espiritual fueron injertados en Él para vivir en Él. Y por Él recibimos una vida eterna. En el orden de la creación entramos primero en la vida natural, solamente después de eso es cuando entramos en la vida espiritual. El primer hombre sacado de la tierra es terrenal. Tu origen es de la tierra, por tal razón, los rasgos son terrenales y carnales. Fuimos hechos del polvo, tal es nuestra naturaleza.
El segundo Adán, que es el Señor, es del cielo (Vs. 47). Él te vivifica, Él te da vida, pues debes ser espiritual y no carnal. Cual es el terrenal, tales también los terrenales. ¡Claro, de la carne sale carne! Del Celestial, tales también los celestiales (Vs. 48). Eres del Celestial, pues como Él debes caminar porque Él te vivificó (te dio vida) y eres espiritual. Los que nacen de Adán heredan sus rasgos. Igualmente los que nacen de Cristo son un pueblo celestial. Llevamos de Adán nuestro nacimiento natural, llevaremos la imagen de Cristo en nuestro cuerpo de resurrección (Vs. 49).
La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios. Ni la corrupción hereda la incorrupción (Vs. 50). Este cuerpo no es adecuado para el mundo celestial, para ese mundo que no es nada de animal sino del todo "espiritual." Para resucitar será el cuerpo el que resucitará, por tal razón, tendrá que ser en un cuerpo espiritual y no en uno carnal. Por tal razón, hay que morir cada día a la carne y al mundo como condición necesaria para la regeneración aquí en la tierra y para llegar a tener un cuerpo espiritual, sobretodo, para el más allá. Como Adán nació de la carne se constituyó en un hijo de Dios, pero el cambio del cuerpo es necesario para llegar al Cielo y para vivir eternamente en el reino de Dios. No puedes resucitar para el Cielo si tu carne es la que te ha guiado. Caminemos como lo que somos, espirituales, y resucitaremos en un cuerpo nuevo, en un cuerpo espiritual para vivir eternamente. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
