Una vez más Pablo recuerda a los corintios que el llamamiento de ellos era santo y digno (merecedor). ¿Habían olvidado que sus cuerpos eran santuario (iglesia, templo) del Espíritu Santo? Esta es la solemne verdad (realizar con un gran formalismo) de la Escritura, que cada creyente es habitado por el Espíritu de Dios.
¿Cómo podríamos, jamás, llegar a pensar a tomar un cuerpo donde mora el Espíritu Santo y emplearlo para propósito vil (bajo, cruel)?
No solo es nuestro cuerpo el santuario del Espíritu Santo, sino que, además, no somos nuestros.
No nos toca a nosotros tomar nuestro cuerpo para usarlo de la manera que deseemos.
En último análisis, no nos pertenece a nosotros; pertenece al Señor.
(20) Somos del Señor tanto por creación como por redención (liberación, salvación, salvar, rescatar).
Aquí lo que se tiene particularmente en vista es esto último.
Su posesión de nosotros se remonta al calvario.
"Fuimos comprados por precio."
Hermano: glorificad pues a Dios en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, los cuales son de Dios; ¿Qué has hecho con tu cuerpo?
En la cruz vemos la etiqueta con el precio que el Señor Jesús nos puso.
Nos consideró tan valiosos que estuvo dispuesto a pagar por nosotros el precio de "Su propia sangre preciosa".
¡Cuán grandemente tuvo que amarnos Jesús para llevar nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero!
Siendo esto así, no puedo ya considerar más mi cuerpo como posesión propia.
Si he de tomarlo como un ladrón, pues lo que no me pertenece.
No, sino que debo emplear mi cuerpo para glorificar a Dios, Aquel a quien pertenece. Bates exclamó: "¡Cabeza! Piensa en Aquel, cuya frente fue ceñida con espinas, ¡Manos! Trabaja para Aquel cuyas manos fueron clavadas en la cruz. ¡Pies! Lanzaos a hacer la voluntad de Aquel cuyos pies fueron traspasados. ¡Cuerpo mío! Sé el templo de Aquel cuyo cuerpo transido (fatigado, angustiado) de indescriptibles (describir, información) dolores".
Deberíamos también glorificar a Dios en nuestro espíritu, pues tanto la parte material como la inmaterial del hombre, son de Dios.
(1 Corintios 3:16) Pablo recuerda a los creyentes que ellos son el "santuario" (iglesia) de Dios y que el Espíritu de Dios mora en ellos.
Es cosa cierta que cada creyente individual es también un santuario de Dios en el que mora el espíritu Santo; pero este no es el pensamiento aquí.
El apóstol en esta hora contemplaba a la iglesia como compañía colectiva (global, general) y desea que se den cuenta de la santidad de tal llamamiento.
(Romanos 5:5) La esperanza no avergüenza.
La esperanza de nuestra salvación nunca será avergonzada.
Nunca seremos frustrados ni encontramos que hemos reposado sobre una confianza falsa.
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
El Espíritu Santo que nos fue dado en el momento de creer inunda nuestros corazones.
(Efesios 4:30) "Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (salvación)."
Él es el Espíritu Santo. Todo lo que no sea santo le es desagradable.
Es el Espíritu Santo de Dios un miembro de la bendita Trinidad.
Fuimos sellados por Él (Espíritu Santo) para el día de la redención (salvación). Como se ha mencionado ya, un sello habla de posesión hasta que Cristo regrese por nosotros y nuestra salvación esté completa. Cosa interesante, Pablo emplea aquí la eterna seguridad del creyente como una de las más poderosas razones por las que no deberíamos pecar.
El hecho de que pueda ser contristado muestra que el Espíritu Santo es una Persona, no una mera influencia. También significa que nos ama, porque solo alguien que ama puede ser contristado. El ministerio favorito del Espíritu de Dios es glorificar a Cristo y cambiar al creyente a Su semejanza (2 Corintios 3:18). Cuando un cristiano peca, tiene que pasar de este ministerio a otro de restauración (reparación, renovación, recuperación). Le duele ver el progreso espiritual del creyente interrumpido por el pecado. Luego debe llevar al cristiano al arrepentimiento y a la confesión del pecado. Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
El Cuerpo es Templo del Espíritu Santo
1 Corintios 6:19-20
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”
Cada creyente es habitado por el Espíritu de Dios: esa es la solemne verdad de la Escritura. Nuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, y además no somos nuestros, porque fuimos comprados por precio. Estos son los puntos para la semana.
- ¿Cómo podríamos tomar un cuerpo donde mora el Espíritu Santo y emplearlo para un propósito vil? No nos toca usar el cuerpo como deseemos: en último análisis no nos pertenece, pertenece al Señor.
- Somos del Señor por creación y por redención, y Su posesión de nosotros se remonta al Calvario. En la cruz vemos la etiqueta con el precio que nos puso: Su propia sangre preciosa.
- Si tomo mi cuerpo como posesión propia, lo tomo como un ladrón. Cabeza, manos, pies, todo el cuerpo ha de servir a Aquel cuya frente fue ceñida con espinas y cuyas manos y pies fueron traspasados.
- También hay que glorificar a Dios en el espíritu, pues la parte material y la inmaterial del hombre son de Dios. Y la iglesia, como compañía, es santuario de Dios donde mora Su Espíritu.
- La esperanza no avergüenza: el Espíritu Santo que nos fue dado al creer derrama el amor de Dios en nuestros corazones, y nunca encontraremos que hemos reposado sobre una confianza falsa.
- No contristéis al Espíritu Santo. Él es santo, y todo lo que no es santo le es desagradable. Que pueda ser contristado muestra que es una Persona, y también que nos ama.
- Fuimos sellados por Él para el día de la redención, y esa seguridad es una de las razones más poderosas para no pecar. Cuando pecamos, Él tiene que llevarnos al arrepentimiento y a la confesión.
Contesta delante de Dios la pregunta del estudio, «¿Qué has hecho con tu cuerpo?», y entrégale esta semana la parte que no le estás dando.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Una Casa Donde Vive Dios
1 Corintios 6:19-20
Para leer en voz alta con los niños
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Jesús pagó un precio muy alto por ti, así que usa tu cuerpo y tu corazón para darle gloria a Dios, porque son de Él. Si amas a Jesús, tu cuerpo es como una casa donde vive el Espíritu Santo.
- Si el Espíritu Santo vive en ti, tu cuerpo es especial. No es para usarlo en cosas malas, porque es la casa de Dios.
- Cuando compras algo en la tienda, tiene una etiqueta con el precio. El precio que Jesús pagó por ti fue Su propia sangre en la cruz. ¡Tanto te ama!
- Tu cabeza puede pensar en Jesús, tus manos pueden trabajar para Él y tus pies pueden ir a donde Él quiere. Todo tu cuerpo puede servirle.
- Tomar algo que no es tuyo es robar. Tu cuerpo es de Dios; usarlo solo para lo que tú quieres es como quedarte con algo ajeno.
- El Espíritu Santo es una Persona que te ama, y se entristece cuando haces lo malo. Aunque nadie más te vea, Él sí está ahí.
- Cuando te equivocas, el Espíritu Santo te ayuda a arrepentirte y a pedir perdón, para que vuelvas a crecer y a parecerte más a Jesús.
¿Qué cosa buena puede hacer tu cuerpo por Dios?
Esta semana usa tus manos para ayudar en algo de la casa cada día, como quien sirve a Dios.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
