"Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados." La disciplina es un conjunto de reglas para el comportamiento con el fin mantener el orden. La disciplina nos hace ser constantes. La disciplina es el "método", la "guía" y "el saber" del comportamiento. Es la actitud correcta de cómo comportarse. La disciplina es para que el hombre sea un cumplidor. Ella es dominio propio. La disciplina no es de gozo y menos de risa, pues cuando se aplica invade la tristeza. Se le viran a uno la cara y las manos y el corazón palpita a millón. ¡Uff! ¡Qué ardiente calor invade al cuerpo cuando somos sometidos a la disciplina! El hombre que recibe disciplina se quiere descomponer y protestar porque quiere negarse a ella, hay una gran guerra en sus adentros.
¡Ninguna corrección parece de momento agradable, sino más bien penosa, sin embargo más tarde produce una cosecha feliz de vida santa a quienes se ejercitan en ella! Cualquier palabra de corrección duele por muy buena que sea la intención del que corrige. Parece minar nuestro prestigio de personas "honorables." En los designios de Dios es buena la disciplina, pero no parece. Cuando somos disciplinados nos llega la gran vergüenza, el gran dolor y las lágrimas. Eso no es en vano; un poco de sufrir ahora se convierte luego en una vida más santa y en una comunión más íntima con nuestro Padre celestial. Como dijo Spurgeon: "¡Cuánto le debemos al martillo y al yunque, al fuego y a la lima! ¡La aflicción que nos llega es el mejor instrumento para ordenar mi vida!" La disciplina nos lleva a lo mejor, no a lo peor.
Proverbios 15:32 "El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; Mas el que escucha la corrección tiene entendimiento." El que se rehúsa a la corrección menosprecia su alma. Cuando rechaza que tiene que cambiar lo hace con peligro de su vida, pues sabe que tiene que escoger el mejor camino. Hay un gran problema en el hombre de hoy: ya nada le es nada, no hay consecuencias que le importen, ni pérdidas, ni ruinas que le preocupen. Los malos caminos no rectificados lo pueden conducir a situaciones peligrosas y aun fatales. Pero, la disciplina es para toda nuestra vida: para la oración, para la Palabra, la santificación y el congregarse. Si no hay disciplina en estas cosas estamos en riesgo, vendrán situaciones peligrosas y fatales. Luego, en la adversidad es que vendrá la vergüenza y eso será mucho más fuerte que lo que pudo ser la disciplina. Muy lamentable será el dolor futuro. El que escucha la corrección adquiere entendimiento y se aparta de los malos caminos y anda por buenas sendas, ¡tendrá el bien!
Hebreos 12:5-8 "Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama disciplina y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual TODOS han sido participantes, entonces sois bastardos y no hijos." Dios nos da un conjunto de reglas para que en nuestras vidas haya orden, para que seamos constantes, para que tú seas un triunfante en todo, para que no cojees. Somos hijos, así que como un padre disciplina al hijo así es nuestro Padre con nosotros. Soportemos, aguantemos la disciplina para nuestra propia formación (Vs. 7). Necesitamos formarnos, pues para llegar al final de esta carrera tenemos que ser disciplinados. ¿Pues qué, caminaremos como nuestra vieja criatura que antes nos llevó a perder todo lo bueno en nuestras vidas? ¡Claro que no! ¡Dios nos trata como a hijos! Y todo hijo tiene que ser corregido por sus padres. Si a nuestras vidas no nos llega la corrección del Señor será porque no somos sus hijos legítimos (Vs. 8).
Hay que tener paciencia y aguantar bajo el peso de las circunstancias adversas con el fin de ser enseñados. Hay que aguantar y soportar como buenos hijos; con la cabeza baja. Los seres humanos somos muy altivos y torpes y al ser disciplinados no sabemos qué hacer. Pero, la razón por la que debemos soportar la disciplina es porque es para nuestra educación. Al hacernos pasar (o permitir que pasemos) por la tribulación Dios tiene el designio de formarnos, de purificarnos y de orientarnos por el buen camino. Él nos trata como a hijos y lo hace para que nos comportemos como tales, como hijos en la casa de un Padre ¡TRES VECES SANTO! Solo los malos padres dejan sin corrección a sus malos hijos.
El autor sagrado afirma que TODOS los hijos de Dios han pasado por esta disciplina (Vs.8). Por tanto, el que profesa ser hijo de Dios y no pasa por esa disciplina tiene motivos sobrados para pensar que no es un verdadero hijo de Dios sino un bastardo, un intruso en la familia. Así que, es un síntoma malísimo cuando todo nos sale bien y nada ni nadie nos incomoda, es para echarse a temblar. Entonces, será que Dios no nos está disciplinando y eso les pasa ¡solo a los que no son hijos!
Amemos a Dios como hijos y siempre recibamos Su disciplina con agradecimiento. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
