En el capítulo anterior, el uno, nos habla que el Hijo es mayor que los ángeles. Su argumento de que Cristo es supremamente (de manera suprema, últimamente, hasta el fin altísimo, enorme, "hasta el fin") mejor que los ángeles por cuanto Él es el Hijo de Dios. (Oseas 9:9) Llegó el día del castigo. No estarían en la tierra para observar "las fiestas señaladas", sino que irían al cautiverio. Las moradas de Efraín serían pobladas de ortigas (planta que pica e inflama la piel) y espinos (espinos en sus ramas) en "lugar del pueblo". El exilio se aproximaba, al igual que la condena de todo falso profeta. Y lo que mueve el mal en el pueblo: y "grande odio" (antipatía, rechazo). El odio siempre está dirigido hacia alguien que se considera importante y que moviliza al individuo. Así fue como se le juzgó a Israel.
Más diligencia a lo que hemos oído (aprendido).
Atendamos no sea que nos deslicemos (arrastrar).
Esta es una advertencia en contra de marchar a la deriva (sin dirección o propósito fijo) apartándose del mensaje del evangelio.
Debido a "la grandeza" del "Dador y a la grandeza de Su don, los que escuchan el evangelio han de dar" mucho mayor atención al mismo.
"Siempre hay el peligro" de irse a la "deriva "apartándose de la Persona de Cristo y recaer en una religión de imágenes.
Esto significa caer en la apostasía- el pecado del que no hay arrepentimiento.
Ya (Hebreos 2:2) hemos mencionado que los judíos daban una especial importancia en su historia al ministerio de los ángeles.
Quizá el principal ejemplo de ello fue la promulgación (publicación oficial) de la ley, cuando estuvieron presentes numeradas (cantidad muy grande, sin fin) de seres angelicales. (Deuteronomio 33:2; Salmos 68:11).
Es cierto que la ley fue dicha por medio de ángeles.
Es cierto que era válida.
Es cierto que toda transgresión fue castigada de manera consecuente (que sigue a algo).
(Hebreos 2:3) Pero ahora el argumento pasa de lo menor a lo mayor.
Si los que quebrantaban "la ley eran castigados"; ¿cuál será la suerte de los que "descuidan" el evangelio?
La ley dice a los hombres lo que deben hacer, el evangelio dice a "los hombres lo que Dios ha hecho."
(Salmos 68:17) Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares; millones de millones no hay fin; y esto es lo menor; ¿Cuál será la suerte de los que descuidan el evangelio?; Jesús dio su vida, Emmanuel, Dios con nosotros.
Por la ley es el conocimiento del pecado; por el evangelio es el conocimiento de la "salvación".
"Descuidar" "una salvación tan grande" es más grave que transgredir la ley.
La ley fue dada por medio de ángeles a Moisés y luego al pueblo.
Pero la palabra del evangelio fue dada directamente por el mismo Señor Jesús.
Y no solo esto: "fue confirmado" a los primitivos cristianos por los apóstoles y otros "que oyeron" al Salvador.
(Hebreos 2:4) El mismo "Dios" certificó (dar por verdadero o confirmado) el mensaje "tanto con señales como con prodigios y diversos milagros y dones distribuidos por el Espíritu Santo.
Las señales eran aquellos milagros del Señor y de los apóstoles que significaban verdades espirituales.
Por ejemplo, la alimentación de los cinco mil (Juan 6:1-4) fue la base del discurso sobre el Pan de Vida que vino a continuación (Juan 6:25-59).
Los "prodigios" (excede los límites de la naturaleza) eran milagros que tenían la intención de suscitar (generar, provocar, causar) el asombro en los espectadores; la resurrección de Lázaro ilustra esto. (Juan 11:1-44).
Los "milagros" eran cualquiera exhibición de poder "sobrenatural", que contraviniese las leyes de la naturaleza.
Los "dones" del "Espíritu Santo" eran especiales (capacidad y posibilidades) dadas a los hombres para poder hablar y actuar de una manera totalmente más allá de sus capacidades naturales. Gloria a Ti, mi buen Espíritu Santo. (afirmar, declarar).
El propósito de todos estos milagros era testificar de la verdad del evangelio, en especial ante el pueblo judío, que tradicionalmente pedía alguna señal antes de creer.
Las palabras "según su voluntad" indican que estos poderes milagrosos son dados por el Espíritu Santo como a Él le place."
Son los dones dados soberanamente (aquel que tiene autoridad sobre el resto) por Dios.
No pueden ser "exigidos por los hombres", ni pretendidas (supuesto, aparentado, no tiene nada de lo que pretende) en respuesta a la oración, porque Dios nunca las ha prometido a todos. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
