Para poder glorificar a Dios no puedes dejar a tu cuerpo hacer lo que quiera. Este era el grito de guerra del apóstol Pablo en aquel momento. Pablo predicaba la doctrina de la libertad cristiana, pero con los corintios se le complicaba la cosa y por eso les exhortaba. Sí, es cierto que nosotros los creyentes en Cristo somos libres, pero ¡NO LIBRES PARA HACER LO QUE NOS DÉ LA GANA! Los corintios eran gente que defendían dejar que el cuerpo se saliera con la suya, consideraban esto de manera muy elevada. Pero, el apóstol les corregía e instruía en la clara verdad de Dios para que sus pensamientos fueran correctos y así glorificaran a Dios también en sus cuerpos. Dios es el mismo, no cambia, la enseñanza es para nosotros hoy.
El estómago está hecho para la comida y la comida para el estómago; son tal para cual (I Corintios 6:13 "Las viandas para el vientre y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero EL CUERPO no es para la fornicación sino para el Señor y el Señor para EL CUERPO."). El cuerpo está hecho para responder a sus placeres. Por tal razón, el hombre carnal está dispuesto a satisfacer todo lo que su cuerpo loco le exige a gritos. Pero, la enseñanza de Pablo es clara. El estómago y la comida son cosas temporales y llegará el día en que dejarán de existir. Pero el cuerpo, que representa a la personalidad del ser humano en su conjunto (es aquella alineación dinámica de los sistemas psicofísicos que permiten establecer un modo específico de actuar y de pensar), no está hecho para pecar sino para que esté unido a Cristo en este mundo y aún más íntimamente en el porvenir.
I Corintios 6:14, 15 "¿No sabéis que VUESTROS CUERPOS son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne." Cuando se comete el acto de la fornicación es como si se le diera al cuerpo una prostituta para juntarse, porque en las Escrituras también se deja ver que en el acto sexual dos personas llegan a ser un solo cuerpo (Génesis 2:24 "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne."). Es decir; que para nosotros los que hemos sido comprados con la sangre de Cristo, si alguien fornica con su cuerpo, CUERPO QUE LE PERTENECE A CRISTO POR DERECHO PROPIO, viene a ser como el que se prostituye con otra persona. El mundo usa el sexo para controlar y seducir. Sepamos que Pablo no está escribiendo un tratado sistemático (que sigue o se ajusta a un sistema ordenado) sino que está predicando, está conversando con el corazón inflamado y la lengua dispuesta a usar cualquier razonamiento que le venga a mano para alertar y librar a los hermanos. Dice que de todos los pecados es la fornicación el que afecta al cuerpo y lo prostituye (I Corintios 6:14, 15 "Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.").
Hay otras cosas que dañan al cuerpo como el alcohol, las drogas, etc. Pero, Pablo no está escribiendo para obtener una aprobación por lógica sino PARA SALVAR A LOS CORINTIOS EN CUERPO Y ALMA. Por eso insiste en que otros pecados son externos a la persona, mientras que en el sexo indebido se peca contra el propio cuerpo, pues el cuerpo está diseñado y destinado para la comunión con Cristo. Entonces, el apóstol les hace una "última llamada" para que no ignoren que el Espíritu de Dios habita en nosotros, que somos templo de Dios y nuestros cuerpos son sagrados (I Corintios 6:19 "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?").
¿Sabes tú el valor de tu cuerpo? Cristo murió para salvar no solo tu ALMA y tu ESPÍRITU sino toda tu persona humana. ¡TU CARNE, TU CUERPO tiene que resucitar! Por eso, un cristiano no tiene un cuerpo para hacer con él lo que quiera sino que ese cuerpo pertenece a Cristo; así que cada cual debe usarlo no para satisfacer su concupiscencia sino para la gloria de Cristo. Aunque somos libres para actuar con independencia no debemos dejarnos dominar por nada. Los hábitos esclavizan, pero la fuerza cristiana, la fuerza del Espíritu Santo en nosotros, nos permite dominarlos (I Corintios 6:12 "Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, más yo no me dejaré dominar de ninguna.").
Al Dios planear el cuerpo humano jamás dispuso que fuese usado para propósitos viles o impuros. El Señor es para el cuerpo, Él está interesado en nuestros cuerpos, en su bienestar y en sus usos apropiados. Sin el Señor el cuerpo nunca puede llegar a su verdadera dignidad y a su destino inmortal. El Señor nos levantará mediante su poder. No seremos espíritus sin cuerpo en la eternidad, sino que nuestro espíritu y nuestra alma serán reunidos con nuestros cuerpos glorificados para gozar así para siempre ¡de las glorias del cielo!
Cada uno somos miembros de Cristo. Cada creyente es un miembro del cuerpo de Cristo. ¿Sería apropiado entonces quitar los miembros de Cristo y hacerlos miembros de una ramera? El fornicar Dios lo ve como unirse a una ramera. ¡DE NINGÚN MODO PEQUEMOS! ¡Hay que huir de la fornicación! Donde hay seguridad es en la huida, si no, habrá estragos en el culpable. Los cuerpos de los hermanos corintios eran santuario del Espíritu Santo. ¡Los nuestros también lo son! ¿Cómo podríamos jamás llegar a pensar en tomar un cuerpo donde mora el Espíritu Santo y emplearlo para propósitos viles? En la Cruz vemos la etiqueta con el precio que el Señor Jesús nos puso. Nos consideró tan valiosos que estuvo dispuesto a pagar por nosotros el precio de ¡su propia sangre preciosa! Siendo ya comprado mi cuerpo no puedo considerarlo más como mío propio. Sería yo una ladrona si hago de mi cuerpo como quisiera, sería tomar lo que no me pertenece.
¡Cabeza mía, piensa en Aquel cuya cabeza fue ceñida con espinas! ¡Manos mías, trabajen para Aquel cuyas manos fueron clavadas en la cruz! ¡Pies míos, láncense a hacer la voluntad de Dios para Aquel cuyos pies fueron traspasados! ¡CUERPO MÍO, sé el templo de Aquel cuyo cuerpo fue angustiado por nuestros pecados! ¡CUERPO MÍO sé el templo digno de Aquel que por mí sufrió tal angustia y grandes dolores intensos e indescriptibles! Vs. 20 "…glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios." Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
