Mega Zoé
Estudio #0803Iglesia en las casas

Cumpliré Con Las Reglas de la Batalla

Cumpliré Con Las Reglas de la Batalla llama a huir de la tentación y discernir la batalla espiritual.

Antiguo TestamentoJosué6 min lectura

Cuando no hay una entrega total a Dios cada cual busca y hace lo que mejor le parece de acuerdo a sus sentimientos. Al pasar los años en el ministerio de pastorear a los creyentes se puede ir conociendo lo difícil que es trabajar con las personas porque tenemos que luchar con lo que a cada cual le parece lo mejor. A veces hasta sacar de sus vidas, de su sistema, una convicción errada nos es difícil. Muchos buscan el consejo pero no hacen lo que se les aconseja porque al fin y al cabo quieren hacer lo que les parece mejor. Esto sucede en las personas que no desean rendirse a Dios en su totalidad.

Cuando hay muchos sentimientos en la vida de uno se entra a llorar y a sufrir tan violentamente. Es tan fuerte que quita la verdad del corazón no permitiendo que se haga justicia sino que se obre de acuerdo al sentimiento. Tenemos que romper lo que son esos sentimientos que ciegan. Éstos nos hacen torpes y no permiten que se establezca y obre la justicia de Dios.

Jehová siempre va a trabajar de acuerdo a sus justos juicios. Él es amor, pero no es movido por ningún sentimiento sino por su verdad y sus justos juicios. Sobre todo lo que es sentimiento Dios sigue siendo Dios. No nos podemos quedar en lo liviano, en lo terrenal. Dios está elevado y nosotros estamos en la tierra. En el caso de Acán, que pecó a voluntad, trajo graves consecuencias para sí mismo y para el pueblo de Israel. Cuando se peca se trae confusión sobre el pueblo. La mentira, por ejemplo, es ir en contra de la verdad, es pecado. No vivamos bajo el sentimiento para ocultar lo que se debe traer a la luz para que sea sanado, entendamos bien lo que Dios quiere. Cuando se trae turbación sobre el pueblo hay un ambiente pesado. Cuando hay pecado hay mucha hipocresía, hay falsedad.

Debemos entender que tenemos que vivir con la verdad. Proverbios 23: 23 Cuidemos nuestros hechos, nuestra forma de vivir. Cuando hay mucho mal hay muchas preguntas, pero cuando nos damos para Dios tenemos que saber que nos hemos metido en lo más sagrado de esta tierra. Por eso tenemos que entender que no es lo que mejor nos parezca a nosotros, sino que lo correcto, lo verdadero, lo ideal es lo que Dios quiere.

Muchas veces en las conversaciones lo que se quiere plantar en las mentes de los otros no es lo que Dios quiere sino que lo que se habla es conforme al sentimiento. Sentimiento equivocado y en contra de la verdad y la justicia de Dios, entonces entra el pecado y comienza a contaminar la Iglesia. Tenemos que tener claro lo que es bueno y lo que es malo. En el caso del pecado de Acán el pueblo de Israel estaba en plena batalla. Toda batalla, toda guerra, es muy seria y decisiva. No nos podemos descuidar en ninguna batalla, mucho menos abonar para que el enemigo tome ventaja. Somos los que peleamos y guerreamos con valor y firmeza, no podemos ser los ladrones y traidores en la batalla. En la guerra cada cual tiene que estar claro de las reglas que se han puesto. Acán sabía que no podía tomar nada del botín de los enemigos paganos pues se contaminaba delante de Jehová y contaminaba al pueblo. En nuestra vida también debe haber reglas y las tenemos que cumplir. No podemos dar lugar a nuestra carne y romper las reglas que conocemos porque traeremos confusión al pueblo y muy terribles resultados.

Mientras estemos en esta tierra está el pecado por ahí muy cerca esperando quien le eche mano. Todos somos propensos al pecado, por eso tenemos que vivir cuidándonos. ¿Qué es el Señor para nosotros? ¿Cuán capaces somos de amarlo? Se escucha pecado y se ve pecado dondequiera. Nuestros ojos son lámpara de nuestra alma y lo que hay en nosotros sale por los ojos. Mateo 6: 22 Debemos estar muy conscientes de cuanto amamos al Señor para no pecar. Somos llamados para esta guerra espiritual en contra del pecado todos los días. Nosotros batallamos por nosotros y por los nuestros.

El pueblo se tiene que levantar en victoria para poseer lo que Dios nos ha dado. El pecado se esconde en lo más profundo. A veces se calla el pecado, pero lo mejor es que éste salga. El pecado es lo que nos condena, lo que nos aleja de Dios. Nada nos puede alejar de Dios, ni los problemas ni las circunstancias. Lo que hace que el Espíritu Santo se ponga triste es lo que hace que se pierda la batalla. Entonces se comienzan a oír los gritos de dolor porque ya el pecado ha comenzado a engrandecerse. Cuando el pecado posee a alguien, entonces ningún enemigo es pequeño y siempre habrá daños. Miremos el mal y saquémoslo. Si descansamos en que el enemigo es pequeño éste se hará grande y ahí vendrá nuestra derrota.

Aquel pueblo de Israel sufrió la derrota por lo más pequeño. A veces nos hacemos fuertes en nosotros mismos y no peleamos en contra de nuestra carne. Seamos capaces de hacer nuestras batallas y no nos hagamos fuertes en nosotros mismos. El pecado debilitó al pueblo de Israel. Ellos iban a conquistar la tierra de Canaán. El pecado no es más fuerte que nosotros, así que podemos vencerlo. Pero, a la vez que le damos paso nos va a debilitar y entonces se deja de orar. Hay pecados de odio, de maldad, desobediencia y para esto hay maldición y muerte. La desobediencia es mala. Cuando el pecado entra a la Iglesia la debilita.

Versículo 5 Un solo hombre hizo morir a 36 hombres; la culpa estaba sobre Acán. Josué descubrió el pecado, este no quedó oculto y le llegaron los juicios a Acán. No había fiesta ni alegría en Josué sino tristeza. El pecado entra por los ojos. Lo mejor es cerrar los ojos. Acán vio, codició y tomó. Huyamos de lo que nos puede condenar.

Santiago 1:14 El pecado da a luz la muerte. Por culpa de Acán murieron aquellos 36 hombres que tenían manos limpias, hombres que no habían pecado. Cada cual es tentado por lo que hay dentro, porque de eso es seducido. Cuando se es atraído por el pecado lo somos de nuestra propia concupiscencia, del mal que hay dentro y luego el pecado da a luz la muerte. Tomar lo que está prohibido trae terribles consecuencias.

Deuteronomio 7:26 No seamos anatemas sino que aborrezcamos lo que sea abominable a la casa de Jehová. Conozcamos las reglas de nuestro Dios y vivamos por ellas y no caeremos sino que conquistaremos. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz