La persona que es sabia manifiesta la vida de Cristo, es aquella en la que se hacen evidentes los frutos del Espíritu que son amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Si esos frutos están en uno no hay ley en contra de ellos, porque para estas virtudes no hay ley. Esas virtudes son gratas a Dios, se obtienen cuando se tiene comunión con el Señor. Al contemplar al Salvador en amante devoción y obedecerle en la vida diaria el Espíritu Santo obra un maravilloso milagro: nos transforma a la imagen de Cristo. Nos transforma a semejanza de Él al contemplarlo (2 Corintios 3:18: "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.").
Describamos a un hombre con sabiduría mundana. Es aquel que actúa siguiendo los principios de este mundo. Su conducta no da evidencia alguna de vida divina en su interior. Si alguien es sabio y entendido lo demostrará mediante su buena conducta junto con el espíritu humilde que proviene de la sabiduría. El Señor Jesús, la encarnación de la verdadera sabiduría, no era orgulloso ni arrogante; era manso y humilde de corazón (Mateo 11:29). Por ello todos los que son verdaderamente sabios tendrán la marca de la humildad genuina. No hay que esforzarse mucho para tener esto, lo obtenemos en la búsqueda de Él. El hombre de sabiduría mundana también está caracterizado por los celos amargos y por su egoísmo. Hay ambición en su corazón. Su gran pasión en la vida es favorecer sus propios intereses. Siente celos de todo competidor y es implacable en sus tratos con ellos. Está orgulloso de su sabiduría mundana que le ha dado éxito. El apóstol Santiago aclara que esto no es sino jactancia vana. Es una negación práctica de la verdad que dice que el hombre sabio es verdaderamente humilde. Tengamos cuidado de no permitir que los principios mundanos nos guíen en los asuntos espirituales. Aun viniendo a la iglesia se podrían tener celos amargos de los sabios de este mundo. Cuidado.
Santiago califica a esta falsa sabiduría como una terrenal, natural, sensual y demoníaca. Terrenal, porque es una sabiduría no del cielo sino de esta tierra. Natural y sensual, significa que no es fruto del Espíritu Santo sino de la naturaleza inferior del hombre. Diabólica o demoniaca, significa que se rebaja a acciones que se parecen más a la conducta de los demonios que a la de los hombres. Siempre que se descubren en alguien los celos y la rivalidad, se encontrará también allí perturbación y toda obra perversa. Quede claro que en el celo y la rivalidad está la obra perversa del Diablo.
Destaquemos entonces que la sabiduría que viene de Dios es pura en pensamiento, palabra y acción; es limpia. En espíritu y cuerpo, en doctrina y práctica, en fe y moral la sabiduría que viene de Dios es incontaminada. También es pacífica. Un sabio ama la paz y hará todo lo posible para mantener la paz sin sacrificar la pureza. Esta sabiduría es amable, es condescendiente, es cortés. Un cristiano sabio es un caballero respetuoso para los sentimientos de los demás. Por el contrario, el sarcasmo, la respuesta cortante, el desaire, la actitud hostil; todo eso, nada tiene en común con la gentil enseñanza del Consolador, el Espíritu Santo. La sabiduría que viene de Dios es benigna, es conciliadora, dispuesta a oír y a razonar, dispuesta a ceder cuando la verdad lo demanda. Es lo opuesto a la obstinación. Está llena de misericordia y de buenos frutos para los que están en el mal, viviendo ansiosamente por ayudar a esas personas a encontrar el camino recto. Es compasiva y gentil. La sabiduría que viene de Dios no es vengativa, es una sin hipocresía, es sincera y genuina, pues no pretende ser otra cosa de lo que realmente es.
El hombre sabio es genuinamente humilde, estima a otros como mejores, no adopta un falso aire de superioridad, su conducta no es como la del mundo, hace que los demás se sientan cómodos con él y no vive para el cuerpo sino para el espíritu. Sus palabras y acciones recuerdan a Jesús, tiene una vida pura moral y espiritualmente. Es limpio, pacífico, soporta insultos y falsas acusaciones. No trata de justificarse, es gentil, suave, tierno, ve el punto del otro, se puede razonar con él, todos son iguales para él, no es hipócrita, no dice una cosa cuando piensa otra.
Pero, el hombre falto de sabiduría vive con un corazón lleno de envidia, con contienda, se quiere enriquecer, se hace intolerante con los demás, nada noble hay en su conducta, es impuro, su mente es sucia, su moralidad degradada. Su hablar es inmundo, es contencioso en todo lugar, crudo, rudo, duro, no es fácil estar junto a él, todos están a distancia de su corazón. No se puede razonar con él en forma tranquila, sus opiniones no están sujetas a cambio, es vengativo, rencoroso, cuando agarra a alguien en error no muestra misericordia sino insulto y malicia cuando descarga hacia esa persona, valora solamente como lo pueda usar para su beneficio y cuando ya no le sirve lo echará a un lado. Es de dos caras, no es sincero.
¡Qué contraste! ¡Qué gran diferencia entre los que tienen sabiduría mundana y los que tienen la sabiduría que viene de Dios! Amemos y atesoremos lo que hemos recibido y aprendido de nuestro Señor y Salvador. Somos muy diferentes a lo que éramos antes. El Señor nos transformó dándonos de su sabiduría por medio del Espíritu Santo y de la Palabra para que seamos dignos de vivir eternamente con Él en su reino de amor, verdad y justicia. Vivamos según la sabiduría de Dios y seremos siempre bienaventurados y así también tendremos sal en nosotros para salar a este mundo que se pierde. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Tu Reflejo Dice Tu Sabiduría
Santiago 3:13-18
“Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.”
La persona sabia manifiesta la vida de Cristo: en ella se ven los frutos del Espíritu, y su conducta refleja lo que tiene por dentro. Santiago contrasta la sabiduría del mundo, llena de celos y contienda, con la que viene de lo alto. Estos son los puntos para esta semana.
- Al contemplar al Salvador en amante devoción y obedecerle cada día, el Espíritu Santo obra un milagro: nos transforma de gloria en gloria a la imagen de Cristo, como en un espejo.
- Si alguien es sabio lo demostrará con buena conducta y espíritu humilde. Jesús, la sabiduría encarnada, era manso y humilde de corazón; todo el verdaderamente sabio lleva esa marca.
- El sabio del mundo vive para sus propios intereses, siente celos de todo competidor y se jacta de su éxito. Cuidado: aun viniendo a la iglesia se pueden tener esos celos amargos.
- Esa falsa sabiduría es terrenal, animal y diabólica. Donde se descubren celos y rivalidad, allí hay perturbación y toda obra perversa: es la obra del Diablo.
- La sabiduría de Dios es pura, pacífica, amable y benigna: dispuesta a oír, a razonar y a ceder cuando la verdad lo demanda. El sarcasmo, el desaire y la respuesta cortante no vienen del Espíritu.
- Está llena de misericordia y de buenos frutos, no es vengativa ni hipócrita. El sabio soporta insultos sin justificarse, ve el punto del otro y no dice una cosa pensando otra.
- El falto de sabiduría es envidioso, contencioso, rencoroso y de dos caras. ¡Qué contraste! Vivamos según la sabiduría de Dios y seremos sal para salar a este mundo que se pierde.
Esta semana, cuando alguien te lleve la contraria, contesta sin sarcasmo ni respuesta cortante: escucha su punto y responde con mansedumbre.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Mirando al Espejo
Santiago 3:13-18
Para leer en voz alta con los niños
“Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: la sabiduría que viene de Dios es limpia, busca la paz, es amable y está llena de cosas buenas. El estudio dice que cuando miramos a Jesús, como quien se mira en un espejo, nos vamos pareciendo más a Él.
- Ser sabio no es sacar las mejores notas. El que de verdad es sabio se porta bien y es humilde, como Jesús, que era manso y humilde de corazón.
- Cuando pasas tiempo con Jesús, orando y leyendo su Palabra, el Espíritu Santo te va cambiando por dentro, y los demás lo ven en cómo te portas.
- Hay otra clase de «sabiduría» que no viene de Dios: la del que siempre quiere ganar, siente celos de todos y presume de lo que tiene.
- Donde hay celos y peleas, hay desorden y maldad. La Biblia dice que esa manera de pensar viene del diablo, aunque parezca muy lista.
- La sabiduría de Dios es amable: no se burla, no contesta feo, escucha al otro y sabe pedir perdón. Tampoco es de dos caras, diciendo una cosa y pensando otra.
- El niño sabio de Dios perdona, ayuda al que se equivoca y trata bien a todos por igual. Así se refleja Jesús en su vida.
¿En qué momento te cuesta más no contestar feo?
Esta semana, cuando alguien te moleste, respira, escucha y responde con amabilidad.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
