Mega Zoé
Estudio #0737Iglesia en las casas

La Nube De Testigos

La Nube De Testigos llama a vivir con la mirada puesta en la vida eterna y perseverar en la oración.

Nuevo TestamentoHebreos5 min lectura

Quiero refrescar y mejorar en mi vida todo lo que sea necesario para ser como Cristo. No podemos quedarnos paralizados ni dejar de luchar para mejorar nuestra vida en este Camino. Me motiva saber de los que en las mismas o peores circunstancias lucharon y conquistaron por medio de la fe. Aquí se nos habla de creyentes que por su fe conquistaron. Fueron unos que vivieron antes que nosotros y que padecieron igual que nosotros o más. Posiblemente la lucha les fue más difícil debido a que vivieron en tiempos peores que nuestro tiempo. En aquellas tan difíciles circunstancias ellos vencieron, así que yo también debo vencer. Sepamos que el libro de los Hebreos se escribió cuando se estaba pasando por una gran persecución. Por tal razón, los cristianos de ese tiempo pasaron grandes sufrimientos que tú y yo desconocemos. Animémonos con eso. En el capítulo 11 de Hebreos el autor escribió acerca de los padecimientos que pasaron éstos que fueron antes que nosotros.

Ahora estamos rodeados de tal nube de testigos. Sepamos que para que ellos vencieran tuvieron que despojarse de todo peso de pecado. Hay que despojarse del pecado que asedia constantemente para poder hacer la carrera que se nos ha asignado. Mantengamos la mirada fija en Jesús en quien nuestra fe tiene su punto de partida y meta (Hebreos 12:2). Ese Jesús, quien para disfrutar del gozo que tenía por delante, sufrió la cruz con entereza, sin dejarse impresionar por la terrible vergüenza que implicaba una muerte como aquella. Ahora Jesús, en virtud de su sacrificio ha ocupado su puesto exaltado a la diestra del trono de Dios. Mediante Él y en su nombre nosotros nos esforzamos en la lucha y en la perseverancia para ganar la corona que el Señor nos dará en aquel gran día. ¡Ésta es la vida Cristiana! ¡Cuánto hay que luchar y resistir! Aunque pareciera que no se puede seguir por lo estrecho del Camino, al final se sabrá cuánto hemos resistido. Nosotros no somos unos que se pasean andando despreocupadamente por los caminos de la vida. Debemos saber cada uno de nosotros qué hacemos y hacia dónde nos dirigimos. No somos turistas sino que somos peregrinos que siempre vamos de camino buscando una patria mejor, la celestial. Nuestra vida debe tener la meta clara. Esa meta es llegar a la semejanza con Cristo. Tu vida tiene un destino y estaría bien que al final de cada día te preguntaras: "¿Qué me falta? ¿Cuánto he avanzado hacia mi meta?"

Cuando se vuelve atrás es difícil empezar de nuevo. Hay que volver otra vez para caminar en pos de la santidad y de la perfección que es el camino por donde nos corresponde caminar. ¿Te quedaste atrás; qué ha pasado? Aunque sea difícil, levántate y lucha, pues lo que nos espera es único, pues lo planificó Dios para nosotros. Luchemos, pues tenemos grandes inspiraciones. Hay quienes nos inspiran, que nos mueven, que nos motivan. Estamos inmersos en una nube invisible de testigos en un doble sentido. Primero, porque fueron creyentes que con sus vidas testificaron de su fe en Jesucristo y segundo, porque ahora son espectadores de nuestra actuación. Somos como corredores que compiten a la vista de ese público. Tú piensas que tu vida y hechos pueden ser en secreto. Pero es imposible, todo lo que hacemos es a la vista de Dios y ¡de ese público!

Cuando se está corriendo con las últimas fuerzas que nos quedan, como se dice, "echando el resto", entonces los espectadores nos gritan, nos animan y nos vitorean para continuemos esforzándonos. Así nosotros, al darlo todo en la carrera ¡GANAMOS! Por eso se dice que fueron ellos, los espectadores, los que ganaron la carrera y no nosotros los que corrimos. ¡Eso nos ayuda mucho! Cuando haces tus esfuerzos y luchas por lo que es tu meta, entonces te puedes preguntar: ¿cómo lo hubiesen hecho Pedro, Pablo, Noé, Samuel, David, Jacob, Abraham, etc.? Somete tu meta al criterio de Abraham. ¿Qué dice él cuando ve tus esfuerzos cuando corres en tu carrera? Es algo esencial en la vida cristiana el hecho de que se vive ante la mirada de los héroes que en su generación vivieron, sufrieron y murieron por la fe. Es verdad que estamos inmersos en la grandeza del pasado como lo es el ejemplo de estos testigos de la fe. Pero, también nosotros estamos luchando hoy día con los estorbos de nuestro propio pecado y si queremos llegar lejos tenemos que correr ligeros, despojados de todo pecado que nos asedia.

En la vida tenemos muchas veces que despojarnos, desembarazarnos de cosas malas que nos hacen daño a nosotros y causan males a otros. Pueden ser hábitos o placeres, excesos o contactos que nos condicionan a vivir contrario a lo establecido por Dios. Debemos despojarnos de todo eso como lo hace el atleta para lograr alcanzar su meta con éxito. Como el atleta al dirigirnos a la línea de salida y hasta el final de la carrera no reparemos en correr livianos y buscar la ayuda de Cristo para poder llegar victoriosos. Necesitamos entereza, ese equilibrio. No son alas para sobrevolar las dificultades y los obstáculos, eso sería escapar. Sino que lo que necesitamos es prisa, pero sin indolencia. Que sea tu fuerte la determinación que pusiste en el esfuerzo. Lucha con valentía para romper con lo que te puede impedir correr con rapidez. Rechaza el desánimo. El equilibrio lo mantendremos hasta alcanzar la meta que nos toca alcanzar.

En nuestras vidas tenemos un sumo ejemplo para luchar y es Jesús. Para alcanzar la meta que se le había propuesto lo soportó todo; para llegar a la victoria tenía que pasar por la cruz. La cruz era algo humillante, reservado para los peores criminales, para la escoria, pero Jesús lo aceptó y marchó adelante para poder morir por nosotros y después ¡¡¡RESUSITAR!!! Así conquistó la muerte y nos dio la vida eterna. Luchemos con ese mismo equilibrio y entereza con la que luchó nuestro Maestro y Salvador Jesucristo. Seamos como Él en todo y llegaremos a obtener la corona en nuestra carrera. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz