Cuando ya Salomón había podido entender el gran daño que a su vida le habían traído sus grandes vanidades, entonces quiso enseñar a los creyentes a cuidarse de ellas. En el Libro de los Proverbios, Salomón nos advierte mucho sobre las vanidades a las que un creyente puede ser tentado. Aun cuando estemos convencidos de las muchas vanidades en que viven los hombres impíos, debemos cuidarnos de ellas los que deseamos adorar al Creador y servimos al Rey de Reyes y Señor de Señores. Hay muchos hombres y mujeres llamados por Dios, y aunque pretendan ser religiosos a los ojos de los demás, ellos hacen y deshacen debido a las vanidades en que viven, pues se dejaron arrastrar por ellas. Piensan que aun así son religiosos y eso no es necesariamente bueno para ellos. Su misma religiosidad puede anularles el ver y entender su necesidad de salvación. Muchas veces la religiosidad es un ritual EXTERNO peligroso que carece de una realidad INTERNA. Los fariseos del tiempo de Jesús son un buen ejemplo de esto (Mateo 23:27). La vanidad puede infiltrarse en la vida religiosa igual que en cualquier otra esfera de la vida, tal vez incluso más. Por lo tanto, abramos bien nuestros ojos para ver justo lo que somos y no alardear ni pretender ser sin serlo. Seamos sinceros y verdaderos con Dios y viviremos, lucharemos y disfrutaremos lo grandioso de ser sus discípulos.
Salomón aconseja cuidarnos de lo exterior cuando se trata de la relación con Dios. "Guarda el pie", dice en el Vs 1. Es decir, al ir a adorar a la casa de Dios acude con un sentimiento reverente y considerado. Mira bien la razón que te hace llegar hasta la casa de Dios. El mundo nos ha dejado ver su vanidad, ahora estamos apartados de ese mundo irreverente y debemos conocer bien cómo debemos llegar a la casa de Dios, ¡guardando nuestros pies! Nuestros pies han pisado el lugar donde ¡ME VOY A ENCONTRAR CON Dios! Debo saber muy bien a dónde se encaminan mis pies. Ya no es al mundo, ahora es hacia Dios. Dios, por su parte se va a acercar a ti con toda pureza y santidad para darte lo mejor de Él, no te dará migajas, te dará excelencia.
Ya descubrimos la vanidad de la tierra, la traición, la mentira, los engaños y más, pero ahora dejamos todo esto para entrar a Dios. En Dios hay consuelo, Él repara todo, en tus caídas te levanta, ¡te llena de bálsamo todas tus heridas! Si esto es así de maravilloso, entonces fíjate bien dónde es que colocas tus pies. Fíjate hacia dónde te diriges y cómo lo haces. Tus pies los enfilas para estar en Su casa, en la casa de Dios con toda actitud de reverencia. Te acercas para oír. Es estar pronto, dispuesto, preparado con el buen deseo de oír y de obedecer, es un sacrificio mejor que la ofrenda de los necios (Vs 1). No es oír solo para liberar lo que atormenta, como hacía Saúl, que buscaba escuchar a David tocar el arpa, pero luego le lanzaba la lanza para matarlo (I Samuel 16:23, 18:10,11). Aprendamos a comportarnos debidamente en la casa de Dios. Lo primero es vigilar nuestros pies cuidando nuestra conducta, acercándonos en actitud de obediencia para oír.
Cuando uno se acerca a la casa de Dios debe saber y considerar a dónde es que llegó. No es que Dios por su grandeza esté lejos del hombre, sino que su infinita majestad y grandeza exige de nosotros, sus humildes criaturas, una reverencia interior y el tener parquedad y verdad en la palabra que proferimos al orar o prometer. Evitemos la imprudencia en la oración con las falsas promesas. Las promesas y confesiones de consagración a Dios deben ser serias y verdaderas, del corazón. Donde está la presencia del Todopoderoso no es el lugar donde se habla de manera precipitada o compulsiva. El hecho de que Dios es infinitamente alto por encima del hombre, igual que lo es el cielo sobre la tierra, tendría que enseñar al hombre a refrenar sus palabras cuando se acerca a Él. No te des prisa al abrir tu boca, medita primero antes de hablar. Tu oración es delante de un Dios vivo, ten cuidado antes de hablarle. Cuando hay vanidades se van a declarar en esa oración. Más tú debes temer a Dios. Dios está en el cielo, por tanto debemos acercarnos a Él con parquedad, sobriedad, moderación y prudencia. Seamos comedidos en el uso de nuestras palabras. ¡Que lo que hables sean palabras cuidadosamente escogidas! ¡Tú, débil criatura de la tierra! ¡Cuidado!
El versículo tres dice, "Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio." Esto confirma que así cómo la muchas preocupaciones estropean el descanso de la noche, así también LAS MUCHAS PALABRAS oscurecen el sentido de la expresión. La boca hiperactiva produce muchas palabras; un torrente de palabrerías muchas veces necias, incluso en la oración. Las palabras son como las hojas, que donde más abundan menos frutos se suele encontrar. La mucha ocupación absorbe la mente y eso hace que tengamos sueños incoherentes. Entonces, las muchas palabras dichas inconsideradamente en la oración también dan origen al discurso del necio. Esa multiplicidad de ocupaciones en las cosas mundanas nos hace soñar y también nos hace hacer oraciones sin sentido. Porque se está tan metido en el mundo que se olvida la distancia del cielo y la tierra, además el hecho de que Dios es infinitamente alto por encima del hombre. Abramos nuestros ojos para ver y considerar la grandeza de Dios. Dispongamos el corazón a buscarle con sinceridad y verdad, sin vanidades ni mentiras, sin orgullos y sin palabrerías, con buena disposición y humildad reconociendo nuestra necesidad. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
El Cuidado a Tener Sobre las Vanidades
Eclesiastés 5:1-3
“Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal.”
Salomón, después de sufrir el daño de sus propias vanidades, quiso enseñar a los creyentes a cuidarse de ellas, aun dentro de la vida religiosa. Al ir a la casa de Dios hay que guardar el pie y medir las palabras. Estos son los puntos para la semana.
- La vanidad puede infiltrarse en la vida religiosa igual que en cualquier otra, y tal vez más. La religiosidad es un ritual externo peligroso cuando le falta la realidad interna, como en los fariseos.
- «Guarda tu pie» es ir a la casa de Dios con un sentimiento reverente y considerado, mirando bien la razón que te lleva allí. Tus pies ya no van al mundo: ahora van hacia Dios.
- En Dios hay consuelo: Él repara todo, te levanta en tus caídas y llena de bálsamo tus heridas. Por eso fíjate bien dónde pones tus pies y cómo llegas a su casa.
- Acércate para oír: pronto, dispuesto, con el deseo de obedecer. Eso es mejor que la ofrenda de los necios. No como Saúl, que escuchaba el arpa de David y luego le tiraba la lanza.
- Dios está en el cielo y tú sobre la tierra; su majestad exige reverencia y pocas palabras. Las promesas y consagraciones delante de Dios deben ser serias, verdaderas y del corazón.
- No te des prisa con tu boca: medita antes de hablarle a un Dios vivo. Las vanidades del corazón salen en la oración, y el hablar precipitado no es para su presencia.
- Las palabras son como las hojas: donde más abundan, menos fruto se encuentra. La mucha ocupación en lo mundano trae sueños sin sentido y también oraciones sin sentido.
Antes de orar esta semana, quédate un momento en silencio, piensa ante quién estás y di pocas palabras, sinceras, sin prometer lo que no vas a cumplir.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Muchas Hojas, Pocos Frutos
Eclesiastés 5:1-3
Para leer en voz alta con los niños
“Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: cuando vayas a la iglesia, fíjate cómo caminas y ve con ganas de escuchar. El estudio dice que las palabras son como las hojas de un árbol: donde hay muchísimas, casi no hay frutos.
- Algunas personas parecen muy buenas en la iglesia, pero por dentro no aman a Dios. Dios no mira solo lo de afuera; mira el corazón.
- «Guarda tu pie» quiere decir: fíjate a dónde vas y cómo llegas. En la casa de Dios nos portamos con respeto, porque allí nos encontramos con Él.
- Dios te consuela, te levanta cuando te caes y cura tus heridas. Por eso vale la pena llegar a su casa con cuidado y con cariño.
- Ve a la iglesia a escuchar y a obedecer. El rey Saúl oía la música del arpa de David, pero luego le tiró una lanza. Oír sin obedecer no sirve.
- Dios está en el cielo y tú en la tierra. Cuando le hables, piensa antes. No le prometas cosas que no vas a cumplir.
- Un árbol con muchas hojas y sin frutos no alimenta a nadie. Así es una oración con mucha palabrería y poco corazón.
¿Cómo te portas cuando estás en la iglesia?
Esta semana, antes de orar, quédate callado un momentito y piensa que le hablas a Dios.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
