El apóstol Pablo estaba en una cárcel en Roma. Desde allí les escribía a los hermanos. ¡Qué gran amor! En él no había tribulación, ni ninguna mala intención de acusar a nadie; en él estaba tan solo el amor por los hermanos. ¿Cuánto te quejas tú cuando como Pablo tienes que padecer por alguien? ¿O no te quejas? Se cree que ese fue el primer encarcelamiento de Pablo. Él esperaba que fuera el emperador Nerón quien lo juzgara. ¿Por qué sería juzgado? ¡Por el amor a los hermanos! En eso del amor Nerón no tenía jurisdicción. Ahí no había nada que Nerón pudiera entender. Acusaban a Pablo los mismos judíos, sus compatriotas con rostros molestos y con su odio envenenado y con sus acusaciones maliciosas. Pablo vivía en Roma, había alquilado una casa y allí recibía a sus amigos. Estaba preso noche y día. No podía moverse, estaba encadenado a un soldado romano por la muñeca, encadenado para que no se escapara. Por eso, Pablo se llama preso de Jesucristo. No era un preso de Nerón. Pablo entendía muy bien de quien él era preso, ¡de Cristo! Porque Pablo vivía para su Señor y no para sí mismo. Nadie más podía hacer que el apóstol viviera otra cosa que no fuera la que Cristo el Señor quería que él viviera. Cualquier otro podía decir que Pablo era preso de Roma, pero Pablo mismo dice que él es ¡preso de Jesucristo!
Tal como se vean o percibamos las cosas así actuaremos. Por ejemplo, si vas a la cárcel por Jesucristo será como tú lo veas y lo creas. O te sentirás maltratado por los malos tratos que te den o por otro lado puede que te sientas honrado por ser un abanderado de una gran causa. Vas a ver las cosas o como un castigo o como un privilegio. Así son las cosas en verdad. Cuando tienes pruebas y adversidades, cuando te odian por causa de tus principios cristianos, puede que te encuentres ser víctima de la sociedad o por el contrario te sientas ser como un campeón de la causa de Cristo. Por eso vemos hoy a Pablo como un buen ejemplo, quien no se consideraba prisionero de Nerón sino de Cristo. ¿Te puedes escuchar cuando hablas y dices: "Aquel la tiene conmigo, éste otro me atormenta y no me saca de la cárcel de su corazón"? Al fin y al cabo serás tú quien escogerás de quién en verdad eres preso, de aquel o del otro o como Pablo mejor dices: ¡soy prisionero de Cristo! Hermano, por la dura experiencia de estos hombres de Dios vemos que en el encierro uno aprende lo que le es necesario aprender. Pablo necesitaba las cárceles, el aguijón y todo lo demás que le mortificaba para que todas estas maravillas que venían de Dios no lo envanecieran. ¿No es así que es muy fácil envanecernos y llenarnos de altivez? Pero, cuando vemos nuestra flaqueza y nuestra pequeñez entonces consideramos dar honra y honor solo a Dios que es el grande y el poderoso.
A Pablo le había venido revelación del gran secreto de Dios. El secreto que estuvo escondido y que ahora le era revelado, que los gentiles también son coherederos y miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio. El evangelio de la gracia de Dios para salvación y vida eterna es para nosotros también, no tan solo para los Judíos. Lo que Pablo recibe en la carretera a Damasco fue lo que llegó a mi vida (la pastora) en la Calle Oscura donde me crié, también te llegó a ti en San Sebastián, en Aguadilla, a los de Perú, en Venezuela, en NY, en Nicaragua, Chile, Bogotá, Isla Margarita, etc. Pues este evangelio de gracia y salvación es nuestro gran tesoro. En Hechos 26:16-18 dice: "Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de LOS GENTILES, A QUIENES AHORA TE ENVÍO, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, PERDÓN DE PECADOS Y HERENCIA ENTRE LOS SANTIFICADOS." Esto te trajo libertad a ti y a mí. Dios le revela este gran misterio a Pablo. Dios le dice a Pablo que a nosotros los gentiles también nos da perdón de pecados y herencia entre los santificados; entiende mi hermano que entre los santificados están nada más y nada menos que Abraham, Noé, Job, David, Samuel, Jeremías, etc. ¡Es maravilloso que Dios nos incluyera con su pueblo Israel! Eso era un descubrimiento totalmente nuevo, nadie lo sabía, a Pablo se le fue revelado en las cárceles, cuando tenía cadenas en sus manos, mientras recibía azotes, o experimentaba el terror de un naufragio, en desvelos, en enfermedad, en toda clase de pérdidas; en todo esto, para que supiera que era prisionero de Jesucristo, no de lo que le rodeaba. ¿Y tú, mi hermano estás dispuesto a padecer con esa misma honra como lo hizo Pablo? Aprendamos a padecer por Cristo y a no lamentarnos, entendiendo que ya todo lo hemos recibido, perdón, salvación, vida eterna y ¡herencia entre los santificados!
Los judíos despreciaban a los gentiles como si no tuvieran ningún valor para Dios. Solo eran considerados por ellos como para ser aniquilados. Nosotros los gentiles no teníamos leyes ni mandamientos, no teníamos acceso a Dios y los judíos lo sabían bien. Pero, Dios llama a un judío como Pablo para traernos luz a nosotros, era necesario que el tal fuera un prisionero para que no se enalteciese con semejante revelación y encargo. A través de Pablo se abría el único y nuevo camino a Dios para nosotros los gentiles. Era increíble el que la gracia y la gloria de Dios fuera para ti y para mí, los gentiles. Fue Pablo el que hizo ese gran descubrimiento de que los favores de Dios fueran para todos los pueblos. Si Pablo no hubiese estado dispuesto, entonces hubiera sido difícil que existiera este cristianismo en el mundo. Si tú no eres prisionero de Cristo no vas a poder llevar esto hasta donde nos toca llevarlo. ¿Lo eres? ¿Lo quieres ser? ¿Prisionero de Cristo como Pablo?
En Gálatas 2:7,9 vemos otra vez que se le había confiado a Pablo el llevar el evangelio de la incircuncisión, llevarles el evangelio a los no circuncidados que somos los gentiles. ¿Qué se te ha confiado a ti? Pablo es alguien que sufrió para Cristo haciendo lo que debía hacer, él sabía que no era algo fácil. Pero, el sufrir por Cristo es nuestra gloria. Es compartir los padecimientos de Cristo mismo y la oportunidad de demostrar que nuestra lealtad a nuestro Dios salvador es real. Como Pablo, seamos fieles a nuestro llamado. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Prisioneros de Jesucristo
Efesios 3:1-7
“Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles;”
Pablo estaba en una cárcel de Roma, encadenado noche y día a un soldado, pero no se llamaba preso de Nerón sino prisionero de Jesucristo. Desde ahí escribía con amor, sin quejas ni acusaciones. Estos son los puntos para la semana.
- Pablo vivía para su Señor y no para sí mismo. Otros podían decir que era preso de Roma, pero él sabía de quién era preso: de Cristo. ¿Cuánto te quejas tú cuando tienes que padecer por alguien?
- Tal como veamos las cosas, así actuaremos. La prueba puede verse como castigo o como privilegio; cuando te odian por tus principios cristianos, puedes sentirte víctima de la sociedad o campeón de la causa de Cristo.
- Hay quien dice: «Aquel la tiene conmigo, éste me atormenta». Al fin y al cabo tú escoges de quién eres preso. Mejor decir como Pablo: soy prisionero de Cristo.
- En el encierro se aprende lo necesario. Pablo necesitaba las cárceles y el aguijón para que las revelaciones no lo envanecieran; cuando vemos nuestra pequeñez, damos la honra solo a Dios.
- A Pablo se le reveló el misterio escondido: los gentiles somos coherederos y miembros del mismo cuerpo. El evangelio que le llegó en el camino a Damasco nos llegó a nosotros, con perdón de pecados y herencia entre los santificados.
- Los judíos despreciaban a los gentiles, pero Dios llamó a un judío para traernos luz. Si Pablo no hubiese estado dispuesto, difícilmente existiría este cristianismo; si tú no eres prisionero de Cristo, no llevarás esto a donde nos toca.
- Sufrir por Cristo es nuestra gloria: es compartir sus padecimientos y demostrar que nuestra lealtad es real. ¿Qué se te ha confiado a ti? Como Pablo, seamos fieles a nuestro llamado.
Cuando te toque padecer o te traten mal por tu fe, no te quejes ni acuses a nadie: di «soy prisionero de Cristo» y sigue haciendo lo que se te confió.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Pablo Atado de la Muñeca
Efesios 3:1-7
Para leer en voz alta con los niños
“Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles;”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Pablo estaba preso, pero decía que era prisionero de Jesús y no del emperador. En Roma lo tenían con una cadena en la muñeca, pegado a un soldado día y noche, y aun así escribía cartas llenas de amor a los hermanos.
- Pablo no se quejaba ni acusaba a nadie. Aunque estaba encadenado, seguía amando a los hermanos y pensando en ellos.
- Lo que te pasa lo puedes ver de dos maneras: como un castigo o como un privilegio. Si se burlan de ti por amar a Jesús, puedes sentirte un campeón de Dios.
- Si dices «ese nene me cae mal, no lo soporto», te vuelves como un preso de ese coraje. Es mejor ser de Jesús que de un coraje.
- Cuando las cosas se ponen difíciles, aprendemos a no creernos más que nadie y a darle la gloria solo a Dios.
- Dios le mostró a Pablo un secreto: su salvación no era solo para los judíos, sino para todos los pueblos. ¡También para ti!
¿Te has quejado esta semana por algo difícil?
Esta semana, cuando algo te moleste, en vez de quejarte dale gracias a Dios por una cosa buena.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
