Mega Zoé
Estudio #0648Iglesia en las casas

Vivir En El Espíritu Es Vida Y Paz

Vivir En El Espíritu Es Vida Y Paz enseña a atender la Palabra de Dios y caminar con sabiduría espiritual.

Nuevo TestamentoRomanos6 min lectura

En muchas ocasiones no entiendes lo que te pasa, por qué actúas de ésta o de aquella manera. Pasan los años y todavía no logras conocerte como para poder vivir de tal modo que la buena razón sea la que te haga caminar. Te das cuenta que sabes lo que tienes que hacer y qué es lo bueno, pero no lo haces. Eso mismo lo vivió el apóstol Pablo y dijo algo así: "¡Que miserable soy!, ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" Pues, la respuesta para Pablo y para todos nosotros es: Dios. Dios es quien nos puede librar de las dificultades con este cuerpo el cual heredamos de Adán. 1 Corintios 15: 22 Romanos 5: 12

El apóstol Pablo deja su alma al desnudo para que también tú y yo pudiéramos ver las batallas de nuestra propia alma queriendo hacer la voluntad de Dios. Pablo quería hacer lo que estaba bien. En ningún caso esto se refiere a que había algún pecado en él. Pablo sabía lo que estaba mal y eso sería lo último que él querría hacer y sin embargo, sí lo hacía. Pareciera que estamos hablando de alguien de doble personalidad; pero no, no es así. Para entender lo que Pablo explica sobre la vida espiritual y las dificultades con la carne hay que vivir en el Espíritu. Pablo se refería a algo así, como por ejemplo: Tú quieres hacer la voluntad de Dios, pero te invitan para una fiesta donde sabes que allí todos van a beber alcohol y después de mucha lucha en tu mente, te vas para la fiesta. Luego dices: "Miserable de mí, quien me librará de este cuerpo de muerte." ¿Por qué hice eso?" Y es que la carne tira para su lado, pero por otra parte está el Espíritu Santo que te quiere guiar y fortalecer para hacer lo correcto. Así que, si no aprendes a ser guiado y fortalecido por el Espíritu te perseguirá ese sentimiento de frustración.

Pablo, igual que tú y yo, estaba capacitado para ver lo que estaba bien, pero se daba cuenta de su incapacidad para hacerlo. Por ejemplo, peleaste con tu hijo y quieres abrazarlo. Eso es lo que te dicta tu buena capacidad para hacer lo correcto, pero por otro lado está la incapacidad para hacerlo y algo te dice: "Déjalo para después." Es el cuerpo pecaminoso y carnal que se quiere resistir para hacer el bien que nos toca hacer. Por eso, para ayudarnos a resolver nuestro problema y conocer lo que se debe hacer y lograr hacerlo, tenemos que convertirnos en unos conocedores de la Palabra poderosa de nuestro Dios. En realidad, lo que funciona bien no es lo que tú personalmente quieres o lo que tú conoces de lo que la vida te ha enseñado, sino que es saber lo que dice la Palabra del Señor sobre lo que debemos hacer en tal o cual situación y ser fortalecidos por el Espíritu Santo para hacerlo. Cuando el pecado viene a seducir a uno, ¡Ay! ¡Mi hermano! Se necesita el poder de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo para resistirlo. Es por eso, "…que el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz." Romanos 8: 6

La gran verdad que nos dice Pablo es que: conocemos el bien, pero como humanos carnales tendemos a hacer el mal. Nos deja entender que nunca somos tan buenos como para saber lo que debemos hacer. Es la incapacidad del conocimiento humano. Si tan fácil como es saber que una cosa es buena así también fuera de fácil el hacerla, la vida sería muy sencilla. Pero, sabemos que no es así. Muchas veces sabemos hacer lo bueno y nos cuesta hacerlo. Poe ejemplo, venir al culto. Por tal razón, solo el conocer el bien no hace bueno a nadie. Otro ejemplo: En un juego de baloncesto los fanáticos le gritan y le dicen al jugador lo que debe hacer. Uno escucha al fanático que sabe las reglas y sabe cómo se debe jugar, pero eso no quiere decir que él juega. Debemos conocer el bien y hacerlo.

La moral es el conocimiento de un código, de un conjunto de reglas de sana conducta. Pero, estando en el Señor es de la única forma en que se logra tener el verdadero conocimiento. Hay que ver que la naturaleza humana tiene una debilidad radical en la voluntad. Lo vemos cuando Pedro, en una ocasión le dijo a Jesús: "¡Aunque tenga que morir contigo…!" Y además, le dijo: "No te negaré." Pero, sabemos que el apóstol Pedro fracasó cuando le llegó la oportunidad de hacer eso que quería. Cuando no se recibe la fuerza del Señor la voluntad humana está dirigida a fracasar, tal como lo dice Pablo. Mira hermano con lo que tú cuentas, tus fuerzas humanas que son débiles. Pero, ¡Gloria a Dios que está Jesús para darnos las fuerzas que necesitamos! Cuando vives en tu naturaleza humana estás de cabeza en las cosas de este mundo. Si vives con lo dictado del Espíritu, vives en las cosas del Espíritu. Si estás en las cosas de este mundo, ellas te conducen a la muerte; si estás en las cosas del Espíritu eso te conduce a vida y a paz. Entonces, vemos que hay dos vidas; la vida que está dominada por la naturaleza pecadora, cuyo centro es el "yo", tu propia ley que es el propio deseo que se apodera de lo que quiere y en cuanto puede, contralada por las lujurias, pasiones, orgullo y por las ambiciones. Y segundo, la vida controlada por el Espíritu de Dios, que es como el aire que nos sirve para poder vivir; así es el cristiano que vive en Cristo dirigido y fortalecido por el Espíritu Santo.

Tu mente no es propia, es la mente de Cristo (I Co 2:16), esa mente no tienes deseos propios. La voluntad de Cristo es su única ley, esa mente está gobernada por el Espíritu, controlada enteramente por Cristo, centrada en Dios. Por otro lado, está la vida con una mente dominada por los deseos y las actividades de la naturaleza humana pecadora que se dirige a la muerte. En el sentido más literal, esa mente y su conducta no tienen futuro, porque se van alejando más y más de Dios. El permitir que las cosas del mundo dominen totalmente la vida conduce a la extinción, es un suicidio espiritual. Al vivir así, uno se incapacita cada vez más para estar en la presencia de Dios Se vuelve resentido contra la ley y el control de Dios. Los que viven conforme a la carne y sus deseos no piensan en Dios como su amigo sino como su enemigo. La vida gobernada por el Espíritu centrada en Cristo y orientada hacia Dios se va acercando día a día al cielo, aun cuando sigue en la tierra. Es una vida que conquista, es una marcha tan regular hacia Dios que aún la transición final de la muerte no es más que un paso más en el camino a una victoria eterna. No dejes que tu naturaleza humana domine tu vida, ahora eres de Cristo, has crucificado tu carne con tus pasiones y deseos y ahora le sirves a Dios en el Espíritu. Estamos aquí abajo en este mundo, pero no somos del mundo. Somos de Dios, del reino de Dios. Dios nos ha dado la victoria en Jesucristo. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz