Jesús no se fiaba del hombre porque sabía lo que había adentro. Debemos conocer y tener comunión con el Espíritu Santo para que Él haga en nosotros de acuerdo a lo que nos hace falta. Aquel hombre le hizo una pregunta a Jesús de acuerdo a su necesidad económica, pero Jesús le contestó de acuerdo a su necesidad espiritual. Parece que siempre se está detrás de algo terrenal. Seamos sabios y veamos lo que está al frente nuestro según su importancia y esencia. Si vivimos en comunión con el Espíritu Santo vamos a ver lo que nos es necesario ver. Entendamos y vivamos siempre pendientes en dónde es que debemos estar colocados. Debemos estar aprendiendo siempre. Debemos escuchar para aprender y conocer, cosa que la mayoría de la gente no hace.
Jesús nos contesta de acuerdo a lo que hay dentro de nuestro corazón. El corazón es malo y perverso. Jeremías 17: 9 ¡Qué poco nos gusta aprender! Por eso se vive con agotamiento por las muchas cargas. Cuanto más aprendamos más descansados vivimos y nuestra alma no se turba. Cuando aprendemos del Señor no somos confundidos por nadie. Aquel hombre venía a traerle una pregunta a Jesús para probarle, pero Él le dejó claro que no vino para cosas triviales sino para algo más allá de nuestras vidas y para trabajar profundo donde nadie conoce sino solamente uno, Dios. Dios sí conoce lo que hay dentro de nosotros.
Jesús se negó por completo a dejarse involucrar en cuestiones de dinero. Sí enseñó a sus seguidores en cuanto a lo que eran las cosas materiales pues son los problemas más grandes que hoy vive la gente. Hoy día se vive muy apegado a lo material. Comenzó Jesús a trabajar en la actitud del ser humano hacia las cosas que le rodean. Jesús vino para la salvación del hombre. Liberta de todo pecado a aquel que cree en Él como su Salvador y que se arrepiente de sus pecados. Jesús veía todo lo relacionado a lo material que estaba saliendo de la boca de aquel hombre. Al hombre le es fácil confundirse sobre qué misión es la que ha venido a hacer a esta tierra. Nosotros, como iglesia, debemos saber bien claro cuál es nuestra misión en la tierra y cómo le llevamos a Jesús preguntas que sean de estimable valor. En la vida hay que cuidarse pues uno se prepara con las ambiciones terrenales para tener una profesión y luego una fortuna, pero eso no es lo que le llena el ojo a Jesús. Sin embargo, el poseer y tener riquezas, llegar a tener grandes posesiones materiales es lo que nos llena a nosotros los humanos. Es así, porque de eso es lo que se va a hablar, de ese tema.
Como iglesia cuidémonos, porque hoy día donde imperan grandemente los negocios es en las iglesias. Jehová bendice a los que le buscan y le siguen. Pero, la codicia es algo que nos hace desear desmedidamente y hay mucho mal en medio de todo eso, tengamos cuidado. La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Lo que somos, lo dicen nuestros actos. Si hay avaricia, ella hablará dejando ver lo que hay en nosotros. Las posesiones no son lo principal de la vida. Cuando Jehová nos da de lo material, es para que nos acordemos de aquel que necesita y le extendamos nuestra mano y le ayudemos. ¿En qué nos basamos en la vida; en lo que poseemos? No debe ser así. Veamos con claridad lo que está al frente de nosotros y busquemos de cuánto provecho somos para los que nos rodean. El hombre común siempre mira para sí mismo con egoísmo. Se trabaja y se lucha planeando siempre el futuro, así es la ambición material y llena de vanidad de esta vida terrenal. Se vive para uno y no para hacerle bien a nadie más. ¡Cuán ambiciosa es el alma que vive solo para ella! Jesús no vino para ser servido, sino para servir. Aprendamos a dar de lo que hemos recibido. Cuando hay pensamientos egoístas buscando solo beneficios para uno mismo, se choca con Dios. A aquel hombre ambicioso de la parábola de Lucas 12: 16-21, esa misma noche se le iba a pedir su alma y lo iba a perder todo. Esa realidad del hombre ante la soberanía de Dios debe ser tomada en cuenta por todos. Muchos quieren hacer y planificar sus vidas ambiciosas sin considerar al Señor que los trajo a este mundo, el mismo Dios que también les pondrá un límite a sus días sobre la Tierra. Se puede ser rico para con Dios si vivimos conscientes de la necesidad de otros. Si extendemos nuestra mano y damos como se nos ha dado a nosotros. La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. La vida con Dios es mucho más que eso, porque el reino de Dios no consiste en bienes, ni comida ni bebida, sino en justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Romanos 14: 17 Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
