La inutilidad en una persona es una invitación al desastre. Nosotros los creyentes en Jesucristo somos como una higuera sembrada en una viña, la cual da buenos frutos o no los da. Como creyentes damos buenos frutos o no los damos. ¡Cuán útiles podemos ser para alguien que está en condenación! Sin embargo, muchos creyentes viven constantemente quejándose de todo, no son capaces de tener fe en Dios y dejarle sus cargas al Señor y confiar en Él para dar el fruto que deben dar. Muchos están sin frutos pues sin Dios, sin fe en Él no se pueden hacer milagros y obras propias de creyentes. Pero, la pregunta que todo creyente se debe hacer es, ¿cuán dispuestos estamos para ser esas personas útiles para Dios y su reino? La palabra de advertencia para cortar la higuera que no da fruto es una advertencia para todos los cristianos, así que no se puede vivir toda una vida en lamentos, hay que confiar en el que nos llamó para dar y hacer lo debido.
La higuera fue sembrada en un lugar de privilegio. Mateo 21:19 La higuera de la que se habla en este versículo fue plantada en un buen terreno. Nosotros estamos sembrados donde el dueño de la viña nos ha plantado, en un lugar fértil. Hemos sido plantados en el lugar donde mejor se nos trata y se nos cuida. Entonces, debemos saber cual es el lugar nuestro. Así que no podemos vivir en lamentos. Hemos sido sembrados en la viña del Señor, en lo mejor no en lo peor, en la viña del mejor Dueño. Por tal razón, a nosotros se nos tiene el mejor cuidado siendo nosotros plantados en el mejor terreno para que seamos útiles.
Para ese tiempo la buena tierra escaseaba y no había suficientes buenas tierras donde sembrar. Jesús nos va a juzgar, tendremos que dar cuenta por las oportunidades que Dios nos ha dado sin nosotros merecerlas. Dios tomó dones y repartió mucho. Efesios 4: 8 Y en tantas ocasiones usamos irresponsablemente lo que Dios nos ha dado, por eso no logramos un sin número de cosas. Dios ha puesto en nosotros los creyentes talentos y dones con su poder para libertar a las vidas necesitadas. Nos los ha dado para que los usemos, para que trabajemos con lo que Él repartió, pero para eso es necesario amar y llenarnos de misericordia. Porque tenemos que ser el reflejo de Dios en la tierra.
Vivimos una vida plena para nosotros mismos, compartamos de ella con los demás. El hacer el bien nos toca a todos. La entrega, la pasión en nosotros se debe ver. Dios reparte de acuerdo a la necesidad de los demás y no podemos actuar como irresponsables porque un día tendremos que dar cuenta. Hay inquietudes dentro de nosotros, pero pasa el tiempo y pasa y no hacemos nada. Por lo tanto, en algunos no se cumple el propósito de Dios. El asunto no es tener estima propia, sino más bien obediencia. Sepamos cual es nuestro deber. Nunca hay ni ha habido una generación a la que se le confíe más que a la nuestra, por lo tanto a nosotros se nos demandará más. Mientras más Dios nos da más nos pedirá cuentas.
La inutilidad invita al desastre. ¿Qué invitaremos nosotros para Aguadilla el desastre o la bendición? ¿Para qué nosotros hemos venido a este mundo? Nosotros podemos producir cosas útiles para Dios y a nuestras vidas y así ir de fortaleza en fortaleza y no en derrota. El inútil será eliminado cuando el dueño de la viña venga a ver el fruto esperado. ¡Cuántas excusas y razones se dan para no hacer lo que hay que hacer! Dios viene a inspeccionar nuestras vidas por completo. Dios demanda y espera el tiempo cuando vendrá a buscar nuestro fruto. Al no dar fruto se inutiliza la tierra y así se da un mal ejemplo y en vez de hacer bien hacemos mucho daño. Cuando estamos sembrados en un lugar de privilegio hacemos daño con nuestro mal ejemplo de inutilidad y pasividad.
Muchos creyentes hoy día viven nada más que para recibir y para producir economías y no para darse a un pueblo. ¿Pueden nuestras obras seguirnos después de muertos? Nosotros no tenemos por que tener tantos lamentos sino que debemos dar y trabajar para el Señor de la viña. Es mejor tener más obligaciones que dejar las cosas sin hacer, porque no sabemos cuanto tiempo tenemos. Es nuestra obligación y nuestra pasión servir y dar de lo que tenemos a los demás, pero cuan dispuestos estamos a aportar. A veces estamos dispuestos a criticar. Nuestra existencia es para la lucha, es para hacer la obra de Dios. Como comparados con árboles, ¿qué fruto es el que damos? ¿Abundante o escaso, poco, mucho o nada?
Hay una sentencia para la higuera que no dé fruto y cuando se corte no es para placer del Señor, porque han pasado los años de prueba y no se ha dado el fruto esperado. El exceso de confianza pensando que pueden pasar los años y todo seguir bien. ¿Por qué motivo se ha de continuar inutilizando la tierra? Seamos personas de un clamor. Estamos en una viña sembrados como higueras en un lugar de privilegio. Oremos para que Dios no corte nuestras oportunidades. Las personas tienen que despertar a un arrepentimiento. Es necesario que muchos sean despertados de ese dormitar, que se quebrante la dureza del terreno y se ablande el corazón de su dura tierra, sabiendo cuántas promesas ha dado Dios a nuestras vidas.
Si no se da el fruto es porque se desaprovechan las oportunidades, es porque se toma en vano el desafío que Dios da a nuestras vidas. Hemos de entender que llegará el tiempo en que no será Dios quien cerrará las puertas sino que será el que no reaccione quien las cerrará y se le hará más fácil salir corriendo y buscar a quien señalar como culpable. La paciencia de Dios retrasa el castigo, pero no lo quitará si en nosotros no hay arrepentimiento. Dios nos libre de eso. Seamos creyentes dispuestos a dar y a hacer mediante los dones y talentos que nos ha dado el Señor de la viña, hemos sido plantados en lugar de privilegio, hemos sido escogidos, seamos fieles a nuestro llamado y demos el fruto propio de una buena higuera plantada por el mismo Dios. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
