Jesús usa la ilustración del árbol y su fruto. Un árbol dará fruto, bueno o malo, dependiendo de lo que sea en sí mismo (lo que hace referencia, por el mismo en sí mismo, a su idea, cree en ti mismo, está dentro de uno). Lo que está en uno mismo, no es que lo aprendiste, es lo que uno es. Por tal, Cristo murió y resucitó, para salvarnos, y que el Espíritu Santo reine y llegue Su verdad y Su bien y seas transformado.
Un árbol dará frutos, bueno o malo.
Depende lo que hay en uno.
Se juzga un árbol por la clase y cualidad del fruto que da.
Y así sucede en el área del discípulo.
Un hombre moralmente puro y espiritualmente sano puede dar bendición para otros "del buen tesoro de su corazón."
Por otra parte, un hombre básicamente impuro solo "saca lo malo." ¡Que agonía!
De modo, como dice desde los versículos 6:39-45 el Señor muestra a los discípulos que su ministerio debe ser un ministerio de carácter (forma que se reacciona habitualmente frente a una situación).
Lo que tú eres como discípulo es más importante que lo que jamás vayan a decir o hacer.
El resultado final de tu servicio será determinante por lo que tú eres en sí mismo.
No busque en otro sino "en sí mismo".
El problema es uno, no acuse y defienda lo que eres.
(Lucas 6:38) El amor se manifiesta dando. (Juan. 3:16; Efesios. 5:25)
Cuando das cosas materiales segamos tesoros espirituales de un valor inestimable.
Es también cosa cierta que lo que guardamos lo perdemos, y que lo que damos lo tenemos.
Lo recibe en el regazo, es decir, en el pliegue de su manto.
(Lucas 6: 39) Ahora les advierte que la magnitud en que pueden ser para bendición de otros queda limitada por la propia condición espiritual de ellos.
Un ciego no puede guiar a otro ciego; "ambos" caerán en un hoyo.
No podemos dar a otros lo que nosotros mismos no tenemos.
Si somos ciegos a ciertas áreas de la Palabra de Dios, no podemos ayudar a alguien en las mismas.
Si hay puntos ciegos en nuestra vida espiritual, podemos estar seguros de que habrá puntos ciegos en las vidas de los que reciben de nosotros.
(Lucas 6: 40) Un discípulo no está por encima de su maestro; pero todo el que esté bien preparado, será "como su maestro."
Una persona no puede enseñar lo que no conoce.
No puede conducir a sus estudiantes a un nivel más elevado que aquel al que él mismo haya llegado.
Cuanto más aprende por lo aprendido, tanto más te vuelves como tu maestro.
Pero la etapa de crecimiento constituye el límite superior al que podrá llevarlos.
Un discípulo está perfectamente bien preparado como tal cuando llega a ser como su maestro.
Las deficiencias en la doctrina o vida del maestro pasarán a las vidas de los discípulos, y cuando la instrucción haya quedado completada, no se puede esperar de los discípulos que sean más que el maestro.
(Lucas 6: 41-42) Esta importante verdad queda más notablemente expuesta en la ilustración de la paja y la viga.
Un día un hombre está andando por una era donde están batiendo el grano. Un golpe de viento repentino levanta una pequeña "paja" de la era (terreno, lugar de trabajo, es el terreno normalmente circular y empedrado, donde se trillaban los cereales, retirar el grano de la paja) y se posa en el ojo. Se frota el ojo para librarse de ella, pero cuanto más se frota, tanto más se irrita el ojo. Precisamente en aquel momento acude otro hombre y ve el problema del otro y se ofrece a ayudarlo. Pero este hombre tiene una viga que le sobresale del ojo. "Difícilmente puede ayudarle porque no puede ver lo que está haciendo."
Si hemos de servir de ayuda a los demás, nuestras vidas han de ser ejemplares. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
