Mega Zoé
Estudio #0611Iglesia en las casas

En El Día Malo La Humildad Siempre Es Correcta y Es Lo Único Que Me Preserva Del Juicio

En El Día Malo La Humildad Siempre Es Correcta y Es Lo Único Que Me Preserva Del Juicio llama a servir con humildad y huir de la tentación.

Antiguo TestamentoJeremíasSEMANA DEL 13 @ 19 DE OCTUBRE DE 20095 min lectura

Jeremías era el profeta al que se le había prohibido entrar al templo, por lo tanto a Baruc, su escriba le tocaba escribir y leer esta profecía delante de los príncipes de Israel. Como Jeremías estaba siendo perseguido por sus profecías sobre el juicio de Dios, a él no le podía atormentar ningún orgullo. Pero, a Baruc sí le sería de tentación ocupar ahora el lugar de vocero para el rey y los príncipes de todo Israel. Baruc comenzó a temer mucho debido a todo aquello que estaba viviendo. Comenzaba la persecución del pueblo judío, pero Jeremías pudo sobreponerse a aquel gemir y dolor suyo al continuar caminando y tomando fuerzas de todo lo vivido con confianza en Dios. El miedo y el terror son propios de la caída del hombre y fue lo que le pasó a Baruc, le atacó el terror. Jeremías tenía comunión con Dios y esto era lo que le fortalecía. Mientras más comunión tenemos con Dios más crece nuestra confianza y estabilidad.

Baruc era un joven que no había experimentado tantas circunstancias difíciles como las que había enfrentado Jeremías, por eso le sobrevino el temor. A veces, lo que es un lugar entre la gente, una posición llena mucho a los ojos y eso al parecer fue lo que atormentaba a Baruc. Nosotros siempre estamos pensando en nosotros mismos. Baruc estaba cerca del profeta Jeremías para escribir y esto era un privilegio, pero no pensó en el peligro que le venía por ser quien era. Nosotros nunca estamos preparados para los peligros a los que estamos expuestos. Baruc iba a estar con los príncipes del rey y buscaba convencer a aquel reino con la palabra que les traía, pero para Jerusalén los días estaban contados para destrucción porque no se habían arrepentido. Lejos estaba del pensamiento de Baruc que de todo aquello que se le convertía en maravilla ahora tendría que huir y esconderse.

El humilde reacciona para arreglar y hacer las cosas bien. Aunque aquel pueblo hizo ayunos no había un verdadero arrepentimiento. Ellos no querían a Dios y su consejo sino que le echaron a un lado. Baruc estaba esperando las felicitaciones y las palmadas por lo que hacía, pero nunca llegaron, las cosas de Dios no son así. Cuando no hay un verdadero arrepentimiento no hay crecimiento. Baruc pensaba que todo lo que él estaba haciendo iba a ser aceptado por el rey y por todos. Lo que cambia el pensamiento de Dios para no enviar juicio es el arrepentimiento de un pueblo, no es por el profeta, el predicador o el pastor. Así que, la vida de Baruc corría un inminente peligro. Y por los peligros vienen los terrores. Cuando Dios está obrando con juicio lo mejor es esconderse en la humillación, porque a Él le agrada un corazón contrito y humillado, pero lo que aleja de Dios es el corazón altivo.

Nuestras vidas se ven en peligro en muchas ocasiones. Al comienzo, Baruc no sabía lo que le esperaba. Hoy día, también nosotros como cristianos estamos expuestos a grandes peligros. No es gloria de hombres lo que debemos buscar sino el saber padecer por el nombre de Dios. Baruc estaba frustrado porque de todas las altas posiciones a las que había aspirado había sido derribado. Cuando Baruc se vio expuesto al desprecio y al peligro dijo: "¡Ay de mí ahora!". Era aquel joven que pensaba que había escalado una posición delante del rey y de los príncipes de la sinagoga y ahora tenía temor de ser tratado como un criminal. Hubo en él una queja porque aquello se le hizo una carga demasiada pesada y eso abate. De esa manera de ver las cosas no hay descanso para nuestra alma. En cambio, en nuestras vidas lo que debe estar es la confianza de que Dios es el que obra. Para Baruc y Jeremías no había descanso aun cuando así lo parecía. Pero, a pesar de toda aquella persecución había sido un privilegio sufrir por una causa digna.

No huyamos a lo que tenemos que sufrir. Jehová habló porque conocía las intensiones de Baruc, pero éste anhelaba excesivamente las cosas buenas de la vida presente. No vivamos siempre buscando que todos nos amen. Cuando nos vienen tantas cosas difíciles a nuestras vidas nos convertimos en personas turbadas y es porque vivimos muy pendientes de las cosas buenas de la vida. Vivir así nos roba la paciencia para permanecer firmes. Dios le mostró a Baruc que fue una insensatez de su parte desear las riquezas de este mundo. Dios estaba destruyendo con juicio lo que Él había edificado en Israel y Baruc sin entendimiento estaba buscando para sí riquezas.

Dios usa vasos frágiles para Él hacerse grande. Porque, siempre habrá un aguijón para que nos atormente y nos haga ver lo inútiles que somos. Baruc esperaba para él honores y riquezas en medio de un pueblo que ya había caído y estaba bajo juicio divino. Cuando se buscan las grandezas se destruye aún a aquellos a quienes se les ama. Baruc no sabía que se iba a ir a Egipto. No todo sería felicidad para él y se vería en peligro, pero la vida de Baruc sería preservada por el mismo Dios. En el día del juicio el sentir correcto de Jeremías fue la ausencia de buscar lo suyo propio. En el día malo nuestra humildad es lo único que nos conserva. A veces, la mente camina y da por cierto lo falso y eso nos quiere destruir, pero en el día malo la humildad siempre es correcta y también es lo único que nos preserva delante del juicio. En medio de los juicios que se ejecutan en el mundo, lo único que nos puede preservar es la humildad. Era hora de aprender la palabra de Dios por boca del profeta. Baruc buscaba grandeza, pero era nada más que su vida lo que aquel varón iba a preservar. Seamos sencillos y avisados para no tropezar en semejante piedra, seamos humildes y Dios nos preservará. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz