Mega Zoé
Estudio #0605Iglesia en las casas

Apreciaré La Gloria Que Voy A Ver, Así Las Cosas Que Pasaré Aquí En La Tierra Las Veré Triviales

Apreciaré La Gloria Que Voy A Ver, Así Las Cosas Que Pasaré Aquí En La Tierra Las Veré Triviales llama a servir fielmente al Señor y permanecer en la verdad.

Nuevo Testamento2 CorintiosSEMANA DEL 18 @ 24 DE AGOSTO DE 20095 min lectura

Hay una morada en el Tercer Cielo y es la morada del Todopoderoso Dios. Es ahí donde está su gloria que emana para todas sus criaturas, especialmente para sus hijos muy amados que han creído en Jesucristo. Desde ese lugar podemos percibir el sentir del Señor, allí en su trono celestial está lo más puro y santo. Es imposible que del ser humano salga alguna gloria comparable con la de Dios. Lo que podemos disfrutar aquí abajo en la tierra viene totalmente de la gloria de Dios. No hay nada de qué gloriarnos cuando estamos en el verdadero evangelio. Cuando decimos que algo que nos ha pasado o que hemos visto ha sido grande, quizás podamos decir que, "la gloria es de Dios", pero la verdad es que uno se está atribuyendo algo de grandeza. Algo que de ninguna manera le corresponde a uno ni a ningún ser humano, porque la gloria es únicamente y enteramente de Dios. Así que cuando veamos algo grande de parte de Dios, o nos suceda algo maravilloso no tenemos que hacer la salvedad de que "la gloria sea para Dios", pues ya se sabe que de Él exclusivamente es la gloria y lo será. Dios es quien reparte. En el ser humano no hay ninguna gloria.

Pablo nos trae en estos pasajes bíblicos parte de lo que es la historia de la iglesia de Jesucristo. Lo menos que deseaba Pablo era gloriarse de nada de lo que había visto o experimentado en la obra de Dios. Toda vez que nos echemos la gloria de algo vivido en el evangelio, se nos convertirá eso en un gran problema. Porque no nos conviene tomar la gloria que no nos pertenece. La gloria de Dios es de Dios y para Dios. Es la gracia de Dios la que enteramente viene para nosotros. Somos salvos por su gracia. Recibimos dones y promesas por su gracia. Así que somos bienaventurados y eso es más que suficiente. ¿Por qué vamos a querer gloria y que nos admiren? ¿No nos basta con todo lo que por gracia hemos recibido y recibiremos? ¿Qué tenemos nosotros de grandes? De Dios sale todo lo bueno para nuestras vidas. No nos es provechoso darnos gloria o atribuirnos grandezas, pues como leemos en la Biblia, el mismo apóstol Pablo vivía acontecimientos muy bajos y humillantes en su ministerio. Pablo sabía que él era un humano como todos los demás y que solo era un instrumento mediante el cual Dios obraba grandes cosas. Su recompensa como siervo fiel la obtendría, pero la gloria solo pertenecía a Dios.

2 Corintios 11:16, 21, 22 Pablo se convirtió en el más humillado y despreciado de los siervos del Señor. A veces, cuando nos vemos en problemas y necesidad decimos que Dios nos dejó y nos evaluamos como si Dios nos hubiera desamparado. Pero, Pablo frente al Señor hizo silencio. Lo hizo en obediencia porque no tenía de qué gloriarse. Si queremos ver la gloria de Dios tenemos que saber que hay mucho que padecer. Vemos con esto que en Pablo había un gran espíritu de humildad. Aquel apóstol y hombre de Dios escuchó el lenguaje del paraíso, lo que Dios hablaba en el cielo. Nosotros debemos aprender de esto, pues muchas veces hablamos de nuestras tragedias, cuando nuestro hablar debe ser de las maravillas del Señor. En realidad hablamos de acuerdo a cómo es nuestra relación con Dios. Si es una relación estrecha hablaremos de lo que Dios hace. A Pablo no se le fue permitido hablar de lo que el Señor le reveló en aquella experiencia cuando subió al cielo y él siendo obediente llegó a la tierra de los vivientes en silencio sobre todo aquello tan grandioso y sobrenatural que vio y escuchó. Esas palabras no se podían explicar por lo sagradas que eran. Bendito el apóstol Pablo, quien fue escogido para vivir aquello y que con reverencia y obediencia guardó silencio ante los hombres tal como se le mandó.

Cuando Dios se nos revela es demasiado abrumador, pero el efecto que tendrá en nosotros se hará evidente en la vida y el servicio que demos. Dios obra y trabaja en lo profundo del corazón del ser humano y no en la apariencia. Él nos habla para que nuestro servicio y vida cambien. El jactarse Pablo en sus debilidades demuestra que no le importaba para nada el engrandecerse a sí mismo o atribuirse capacidades o grandes dones. Pablo no quería que nadie tuviera una idea superior a lo que podían ver o escuchar de él.

Muchos de los hombres de hoy día viven en una pantalla para que la gente los vea, pero luego ven en verdad lo flojos que son. Pablo hablaba de una gloria que él había visto. La gloria que en nosotros ha de manifestarse será mayor que las malas circunstancias que podamos estar viviendo. Pablo sufrió azotes, ríos, cárceles, soledad, naufragios y nunca se apartó de su fidelidad a Dios, porque sabía que la gloria que viviría sería mayor que la aflicción que podía estar pasando en aquel tiempo presente. Debemos luchar por obtener esa gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse y que nos ha sido prometida por el Señor. La mayor vergüenza que podamos padecer en la tierra será nada comparado a cuando Dios nos lleve y nos reconozca en público como suyos ante las huestes del cielo. Preocupémonos hoy en conocer no solo lo de esta tierra sino lo del cielo. No vamos a perder sino a ganar.

2 Corintios 4:17 Esta leve preocupación o aflicción momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente peso de gloria. Apreciemos la gloria que vamos a ver y así las cosas que pasamos aquí en la tierra las vamos a ver triviales, de poco peso. No le demos peso a lo que no lo tiene. A veces le damos peso a lo que nos roba la fe y nos atribula. Olvidémonos de los padecimientos. Todo lo que el Padre tiene es nuestro y es un privilegio que va más allá de nuestra capacidad. Somos coherederos con Cristo. Jesús tomará el cetro de su gobierno universal y nosotros estaremos con Él. Si padecemos juntamente con Él entonces juntamente con Él seremos glorificados. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz