Pablo, conocía EN CRISTO a un hombre, ¡hablaba de sí mismo! El apóstol estaba sumergido absolutamente en Cristo, en unión con Dios. Él era débil en carne, pero estaba metido en Dios. Esa debilidad no se refiere a pecado, sino a que cuenta con una naturaleza caída.
I. Aquí, en estos versículos, tal como lo hizo en el capítulo anterior, Pablo nos descubre su corazón.
A. Nos deja ver su debilidad, su dolor y también la gloria que vio y que le rodeó de parte de Dios.
Te pregunto: ¿Qué dejas ver tú? ¿Tu dolor o tu gloria en Dios?
Alguien dijo que la Amada (la Iglesia) es transformada en el Amado (Cristo). ¡Hermoso!
Tu eres la amada (Iglesia) y no son tus fuerzas; es que en el Amado eres y serás transformada, tu vida es convertida en otra mediante un proceso.
Se dice que cuatro judíos tuvieron cada uno una visión celestial con Dios, fueron llevados al Cielo. El primero, llamado Ben Azzai, vio la gloria del Señor y murió; el segundo, Ben Soma, la contempló y se volvió loco; el tercero, llamado Ajer, la vio y "cortó las tiernas plantas", es decir, "a pesar de la visión, se volvió un hereje y estropeó el jardín de la verdad." Por último, Aquiba, fue el único que ascendió (subió arriba al Cielo) en paz y volvió en paz.
Pablo, subió al Cielo. Su espíritu se elevó en un éxtasis (en un embeleso, asombro, encantamiento) insuperable por su proximidad a Dios.
Sin embargo, no estaba en Pablo el "gloriarse."
El gloriarse no le conviene, no trae provecho, pero en estas circunstancias se hacía necesario hablar de tal experiencia maravillosa que tuvo con Dios.
Pablo pasa de hablar de sus acontecimientos más difíciles y más humillantes en su ministerio (2 Corintios 11:23-33), para narrar uno más elevado, el más excelso (notable e inminente). Contará acerca de una "audiencia personal con el mismo Señor."
(Vs.1) Pablo conocía a un hombre que había tenido tal experiencia con Dios hacía catorce años. Era una experiencia tan exaltada, pero no quiere "mencionarse a sí" mismo directamente sino hablar sencillamente de forma general. ¡Menciona que conoce a un hombre en Cristo!
(Vs.3) No sabía, cuando le sucedió aquello, si estaba en el cuerpo, o fuera del cuerpo. Este hombre fue "arrebatado hasta el tercer cielo." Los tres cielos en la Biblia: primero es la atmósfera que nos envuelve, es decir, el cielo azul. Luego el cielo estelar (donde están las estrellas, las galaxias); y el tercero es el más alto cielo, ¡donde se encuentra el trono de Dios! Pablo estuvo en el mismo lugar de gloria que aquel al que el Señor Jesús llevó al ladrón arrepentido tras su muerte, es decir, ¡LA MORADA DE Dios!
(Vs.4) "Oyó el lenguaje del Paraíso" y "comprendió" lo que se decía, pero … no le fue permitido repetir nada de ello cuando volvió a la tierra. Las palabras que oyó eran inefables (no puede explicarse con palabras, ni narrarse o expresarse), indecibles (tan grandes, intensas o extraordinarias que no pueden ser expresadas o descritas) en el sentido de que eran demasiado sagradas para ser pronunciadas y que por tanto no eran para ser publicadas.
B. (Vs.5) Solo al jactarse de sus debilidades, al apóstol no le importa mencionarse a sí mismo.
Cuando se jacta de visiones y revelaciones del Señor, no quiere aplicarlas de manera directa a sí mismo, prefiere hablar de la experiencia de manera impersonal, como habiéndole sucedido a un hombre al que conocía. No estaba negando que era él quien había tenido la experiencia, sino simplemente rehusando involucrarse de manera directa y personal.
(Vs.6) Hay muchas otras grandes experiencias de las que el apóstol podía gloriarse. Si quisiera dedicarse a esta jactancia, no sería insensato por ello. Todo lo que dijese "sería la verdad." Pero no va a hacerlo porque no quiere que nadie tenga de él "una idea superior a lo que veían en él, u oyesen de él."
El apóstol Pablo exalta a Dios y no se exalta a sí mismo; cuánta prudencia y respeto a Dios cuando usa sus experiencias para enseñar y corregir a los hermanos corintios. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
