Mega Zoé
Estudio #0527Iglesia en las casas

Sin Obedecer No Hay Victoria

Sin Obedecer No Hay Victoria llama a perseverar en la oración y atender la Palabra de Dios.

Antiguo Testamento1 Samuel6 min lectura

Está en nosotros el desobedecer o no obedecer a Dios. Dios nos envía constantemente a cumplir con una misión y luego a otra y después a muchas más. Dios nos escogió como pueblo para enviarnos y para que seamos hombres y mujeres que estemos constantemente en una misión del reino de Dios. Dios es el que nos llama para que vivamos en una misión constante. Esto no es solamente salir del país a la obra misionera sino que es toda nuestra vida la que viviremos en una misión constante. Dios nos manda cada día a la misión que Él ha designado y tenemos la ventaja de poder restituir donde no hayamos hecho.

No hay nada mejor en la vida que cumplir la misión a la que Dios nos ha enviado. Nuestra lucha fuerte no es con lo que se opone ni con los demonios sino con nosotros mismos. El diablo no se puede oponer a la misión que Dios nos ha enviado porque todo fue escrito desde antes de la fundación del mundo. El asunto es que luchamos con nosotros mismos. La desobediencia es más violenta que los mismos demonios, porque ellos nos pueden atacar, pero no pueden poseernos. La desobediencia se opone todos los días a aquello que Dios nos manda y nuestras acciones molestan a Dios, eso si nos debe poner a temblar, y llenarnos de temor.

¿Qué es el hombre en la tierra? Porque todos somos iguales, pero Dios no es igual, Él está en el tercer cielo con millones y millones de ángeles adorándole y dándole gloria. Dios es el único que tiene poder para dar y quitar. Él nos escogió para darnos misiones. Es un gran privilegio ser escogido para una misión. Entonces, ¿por qué no hacerlo? Bueno es alegrar el corazón de otros con nuestro amor porque representamos a Dios. Hay un Dios que no podemos tocar, pero sí lo podemos dejar sentir con el amor nuestro a aquellos que están alrededor. Dios nos creó no para ser personas que están comiendo para sí mismos sino para que llevemos una misión. Podemos poseer muchas cosas, pero no estar haciendo su misión. ¿Qué es lo que podemos obtener de esta tierra que nos lleva a tener un descanso cuando lo que nos debe dar descanso es hacer la misión de Dios?

Cuando en nosotros hay tanto de nosotros mismos, de eso damos a otros, pero el obedecer no está. Obedecer es hacer lo que Dios nos manda. Cuando estamos tan llenos de nosotros mismos es muy difícil obedecer, porque a veces pensamos que las cosas deben hacerse a nuestro estilo, a nuestra forma. Dios escribió en el Cielo para nosotros una misión y nos debemos preocupar para que ésta salga a perfección. El que obedece hace lo debido. Obedecer no es propio del ser humano, pero en el justo sí lo tiene que ser. Sin obedecer no hay victoria. Si no hacemos nuestra misión se ponen las cosas lentas porque se deja de hacer. La desobediencia de Saúl hizo que su caída se acelerara más cada día. Al no ser obedientes dejamos de alcanzar y vamos a vivir todo la vida peleando, pero si con algo debemos pelear es con nuestra desobediencia. Cuando se obedece a lo que se nos manda es como decir que Dios lo va a hacer, pero cuando no lo hacemos es como decir que Dios no sabe hacer las cosas. Hacemos las cosas como nos conviene y entonces Dios se hecha a un lado.

Dios se le reveló a Samuel y le dice que le pesaba haber puesto a Saúl por rey. Samuel despierta con la voz de Dios en sus oídos. Deja ver la falta de obediencia de Saúl y la obra de su codicia. Cuando comenzamos a caminar en la misión que Dios nos manda debemos conservar la humildad porque la codicia nos ataca. Tenemos que lograr morir cada día a nosotros desgastándonos delante de la cruz de Cristo. Jehová dejó ver que Saúl le había desagradado porque se había vuelto de en pos de Él.

Saúl estaba levantándose un monumento mientras Samuel estaba en oración hasta la madrugada. Había mucha razón de parte de Dios al decir que Saúl se había ido de Dios. Las victorias no son nuestras porque las da Dios, nosotros somos Sus instrumentos. Dios no puede ser engañado. La avaricia, la codicia de Saúl hizo que le diera la espalda a Dios. Tan lleno estaba Saúl de su codicia que eso lo llevó a actuar mal y lo que hay en nosotros es lo que nos lleva a actuar. Debemos actuar de acuerdo a lo que de Dios hay. No es solo perder lo que tenemos sino que lo peor es perder a Dios mismo como le pasó a Saúl. Nosotros tenemos una misión que cumplir porque Jehová lo ha querido, por eso tenemos que ser completamente obedientes. La Palabra que Jehová le había dado a Saúl fue clara, le dijo que debía exterminar a todo aquel pueblo, pero Saúl estaba levantándose un monumento, dándose de que había hecho lo que Jehová le había mandado. Lo mejor es ser obediente. Lo que nos toca hacer a cada uno debe salir de nuestro corazón. Dios siempre ha querido que cuando terminemos la guerra le demos la gloria a Él. Dios es el que abre camino y hace milagros con su poder.

Cuando Saúl pensó que el triunfo era suyo ya Jehová lo estaba desechando. Saúl se jactó de una obediencia de la cual carecía, su conciencia hace una buena defensa delante de Samuel que venía a reprender. El ruido de las vacas y las ovejas eran testigos en contra de Saúl. La voz de Dios es clara, pero mientras más conocemos a Dios más lo vamos a entender. El ruido de la desobediencia de Saúl llegó a los oídos del profeta. El ruido de la desobediencia era lo que hablaba. Saúl fue desechado por todo lo que había dentro de él. ¡Cómo debemos cuidarnos de todo lo que hay dentro de nosotros! Samuel le trae a Saúl memoria de donde había salido, de la tribu de Benjamín, la más pequeña de Israel. Samuel lo confronta y le hace memoria a Saúl de la sencillez del principio para ver si había en él un arrepentimiento.

A veces pensamos que en ocasiones Dios nos usa un poco y nos creemos grandes, pero es la misión a la que Dios nos llamó. Saúl le echó la culpa a los que estaban con él y pretendió engañar al profeta a quien Dios ya se le había revelado. No es bueno para nosotros engañar con mucha palabrería. Saúl se había aferrado a lo que quería por eso no hubo arrepentimiento. Por su avaricia no era una persona que podía ser dirigida. Fue descalificado para ser un rey. Lo que ha derribado a los grandes ministerios es la avaricia, desear lo que no nos toca hacer. Todo aquel que sabe que tiene una misión que cumplir sabe que tiene que ser dirigido. La dirección se busca en oración. Cuando Dios va a hacer es porque Él sabe y lo que necesitamos es ser mansos para Dios. Para poder cumplir la misión tenemos que aprender a obedecer la Palabra de Dios. En Saúl había rebelión, era una persona obstinada y eso es bien peligroso para los que Dios va a enviar en una misión. Dios había dado aquella palabra a Moisés hacía 400 años y Saúl la destrozó, no supo cumplir la misión que Dios le había encomendado. Perdemos nosotros si nos detenemos levantando monumentos porque Dios va a hacer su voluntad aún sobre nuestra cabeza. Antes bien, obedezcamos. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz