Nuestra vida no la guía ni la dirige ningún mortal de la tierra, ningún hombre, ni nada sino Dios. Él será el que tendrá control de todo. A veces nos desesperamos, pero Dios es el que lleva nuestras vidas y dependiendo de nuestra actitud Dios va a hacer. El quiere de nosotros un corazón contrito y humillado. Ezequías era un rey y se humilló ante Dios. Al fin y al cabo quien hace en los hombres de la tierra, no importando su rango o posición es Dios. Jehová busca el corazón. Dependiendo lo que encuentre Él Nos toma para Él o nos echa a un lado. Ezequías fue un rey que Dios lo había bendecido en todo, era próspero, fue comparado con David. Fue un hombre que todo lo había hecho bien, pero le vino un poco de orgullo y ahí es donde comenzó el trato de Dios con él, le vino una enfermedad. Tenía los mejores médicos, pero no había nada que lo sanara.
No dependamos de nada ni nadie aquí en la tierra sino busquemos que nuestros corazones sean agradables a Dios. Nuestros pasos son para bien o para mal. Cuando Dios no quiere obrar a favor del hombre no lo hace y sabe porqué. Cuando la verdad entra hay que vivir en humillación cada día. Nuestra salud depende completamente de Dios. A veces se nos olvida que de todo lo que decimos aun en lo secreto daremos cuenta, porque Dios siempre está, no se esconde, su mirada poderosa llega a esta tierra hasta donde nadie puede llegar. Si no tenemos el favor de Jehová no lo habrá en ningún lado. Si encontramos gracia delante de los ojos de Jehová es porque solos no podemos. Somos limitados, pero el poderoso Dios nos mira. ¡Algunos hablan como si fueran grandes¡ ¡Hay prepotencia en sus vidas! Sus burlas en muchas ocasiones son en contra de Dios.
Hebreos 2:14 Cristo venció al que tenía el imperio de la muerte así que para el justo hay vida porque Cristo venció al diablo y a la muerte en la cruz. Ni la grandeza, ni la bondad de Ezequías lo podían librar de la enfermedad de muerte que le había asomado. Fue herido en la mitad de su vida. Hubo un gran milagro para no ser llevado a la muerte. Ezequías había restablecido el culto del templo, comenzó a celebrar la pascua de nuevo, reorganizó completamente el servicio de los levitas y sacerdotes, pero le vino a atormentar la enfermedad a la mitad de su vida. Lo que tuvo que experimentar fue porque le vino la vanidad, la prepotencia. Jehová tuvo que venir a estremecer su ser para que le temiera completamente. La vida va un poco más allá de lo simple, de lo que nuestros ojos pueden ver y para todo necesitamos a Dios, necesitamos depender de Él.
2 Crónicas 32:20-22 Senaquerib, rey de Asiria sitió la ciudad de Judá y Jehová los libró de su mano. Ezequías está allí teniendo puro triunfo. El triunfo puede ser hoy, pero mañana no sabemos. Ningún creyente puede sentarse a descansar cuando obtiene una victoria porque toda nuestra vida es una lucha. Senaquerib era un rey poderoso. Los asirios eran personas malas, perversas, ellos buscaban toda clase de muerte para sus adversarios. Fue entonces que cuando Isaías y Ezequías oraron Dios envió un ángel, bastó con solo uno, para ayudar al pueblo y que éste pudiera vencer. Cuando hay hombres y mujeres que oran vemos lo grande de Dios. Ezequías quedó como poderoso guerrero, engrandecido en medio de todos porque Dios envió un ángel. A Dios le interesa que si escoge un ser viviente para su servicio, éste se dedique a la oración y búsqueda Jehová se hace grande en medio de él. Jehová le limpió el camino. En el transcurso de nuestro caminar nos va afectando mucho la vanidad. Cuando Dios nos escoge cuidado pues o hacemos bien o mal. Si no nos cuidamos el corazón se llena de vanidad y no de lo puro y bueno. El corazón de Ezequías se fue envaneciendo y en la flor de su vida se le otorgaba la muerte. En la vanidad toma camino la muerte. El ser humano es vanidoso por naturaleza por eso tenemos que vivir siempre una vida en oración. Cuando no hay oración la persona se seca espiritualmente. Porque lo que aleja de Dios es que no hay comunión con Él.
A Ezequías le asomo la vanidad y el orgullo en la plenitud de su vida. El orgullo nos convierte en torpes, en bestias. Veamos a Dios y su poder para que no nos creamos grandes. Aprendamos a conocer, a depender y mirar al cielo. Ezequías comenzó a padecer, fue pedido para muerte en medio de un triunfo. Vivir aquí es padecer y hacer mucho frente. Hay procesos de muerte que son para santificación. Mejor es que un cuerpo perezca que un alma se pierda. Dios tenía un trato con el rey Ezequias.
Santiago 5:13 En Ezequías no había esa promesa que es para los lavados con la sangre de Cristo. A veces cuando se está en el proceso de la enfermedad lo menos que hay es oración sino quejas y lamentos. Ezequías oró a Dios y Dios lo levantó. Poderoso es Dios para hacer. El diablo nos entretiene para alejarnos de la oración. Cuando Ezequías estaba en plena enfermedad hizo oración a Dios. Eso es lo que tenemos que hacer. Su cuerpo estaba siendo triturado pero en su boca había una humillación, una confesión a Dios. Nuestras bocas necesitan conocer lo que es la humillación y la confesión. Necesitamos que Dios libre cada hueso de nuestro cuerpo. Luchamos cada día por un cuerpo, por la paz, por la voluntad de Dios y lo mejor es presentar nuestras caras a Dios, humillarnos delante de Él. Porque si no lo hacemos no llegamos a ningún lado. Hay situaciones en nuestras vidas que tenemos que ir con gran lloro para que Dios escuche. Un gran lloro tiene más efecto que las palabras. A veces en vez de llorar se entra en murmuración. Dios es quien nos cuida, protege y nos llena todo. Dios vio las lágrimas de Ezequías y escuchó su oración.
Cornelio fue un soldado romano, no era judío y Dios escuchó su oración. Hechos 10: 2, 4 Que Dios nos vea y nos escuche y recoja todas nuestras lágrimas. El que se humilla no pierde porque Jehová lo bendice. Dios le añadió 15 años de vida a Ezequías. Dios movió la naturaleza y echó hacia atrás el reloj para dejar ver su poder por aquella humillación. Isaías 38: 8 La muerte iba a tomarlo de repente. La muerte del justo no es de desagrado, ni de locura sino en paz. Sus párpados desmayaban, alzaba en alto sus ojos. ¡Hasta cuando es nuestro momento de plenitud! Pero, el Señor siempre está con un pueblo que le llama. Dios le dio 15 años para que caminara humildemente. Fue poco tiempo y se cumplió tal promesa. Por eso tenemos que tener cuidado porque las promesas hay que cumplirlas. Dios esperaba que viviera humildemente. Velemos en no caer en lo que cayó Ezequías. Ya no había quejas sino alabanzas en su casa. Eso es lo que tenemos que decir: cantaremos alabanzas todos los días en la casa de Jehová. Si huimos y quejamos postrados en nuestra cama, no podremos llegar a la casa de Jehová, a su altar sabiendo que Él es el poderoso y que nos quiere bendecir. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
