En Cristo, por la gracia hemos sido redimidos, perdonados, salvados. Pero todo esto tan grande y hermoso nos lleva más a cumplir la ley del amor y de la justicia de nuestro Dios. Tenemos que esforzarnos en agradar ahora más que nunca en este tiempo a Dios y alumbrar en esta tierra porque hemos recibido a Jesús como Salvador, por lo tanto todo lo que es mal lo aborrecemos. Nosotros los que creemos tenemos un gran regalo que es el cielo. Ahí según nuestra fe y nuestra perseverancia hemos construido nuestra casa. Lo que no nos ha permitido llegar al cielo todavía es nuestra vida terrenal que debemos vivirla aún. En Cristo Jesús se nos ha regalado el cielo y tenemos que saber que si vamos a llegar allá, esta vida presente no terminará sino que va a continuar. En el nuevo pacto en Cristo Jesús lo que está guardado para nosotros es mucho mayor que todo lo que podemos ver u oír aquí abajo.
Apocalipsis 3:20 Moraremos con el mismo Dios en el cielo, pero solamente podemos alcanzar eso por medio de nuestro Señor Jesús en quien hemos creído. Allí Dios enjugará toda lágrima nuestra. Allí no habrá muerte, llanto clamor, ni dolor. Dios hará todas las cosas nuevas. La vida las circunstancias y los problemas nos fatigan acá. A veces no queremos enfrentarnos a las pruebas y las circunstancias adversas que nos trae esta vida. Pero, tenemos que caminar el día sabiendo que lo que va a suceder alrededor nuestro lo va a hacer Dios. No planifiquemos, seamos dirigidos en la voluntad de Dios. En Cristo hay ganancias, riquezas en Él.
Efesios 1:4 Dios nos escogió, le respondimos y por tal razón hoy somos de Él, le pertenecemos. Somos hijos y por eso es que tenemos un cielo y ganancias ricas en Dios. Por eso la tenemos todas a ganar. El mal se saca de nuestras vidas y de nuestro camino porque nuestras obras nos seguirán, nuestras oraciones nos seguirán porque nadie nos la puede arrebatar. Antes de crear este mundo, antes de todo ya Dios había pensado en nuestro nombre, nuestra forma, así que esas promesas se cumplen en nuestras vidas. El que seamos santos, separados también fue su pensamiento, su plan. Dios nos convirtió en hijos nacidos de nuevo del espíritu y como tales se nos ha pagado todo, se nos ha dado, pero hay una regla y es que en nosotros debe estar el desear ser un pueblo santo. Él nos ha permitido la vida eterna. En el cielo tenemos nuestra casa, nuestra morada. Allí serán las bodas del Cordero con sus hijos. Procuremos que de ninguna manera por no vivir en santidad se nos quite nuestra silla en esa gran mesa. Hebreos 12: 14 Aunque vivamos en medio de las pruebas y las preocupaciones o el llanto, deleitémonos en lo que somos, en que hemos sido escogidos para una gloria eterna. En el cielo no hay muerte para poner punto final a la vida. Somos un estuche pero nuestra alma y espíritu son eternos. Después de millones de años de vivir en la eternidad estaremos tan lejos de un final como en el primer momento. ¡Gloria a Dios!
I Corintios 13: 9-12 Conoceremos como fuimos conocidos. Nosotros queremos conocer mucho, pero no lo conocemos. En el cielo lo conoceremos todo. Es en parte que se conoce, un poco solamente, pero un día lo conoceremos todo. Hay cosas que Dios nos tiene restringidas para nosotros que solo Él las sabe. Deuteronomio 29: 29 Descansaremos de todo el trabajo porque nuestras obras nos siguen, pero aquí en la tierra tendremos que trabajar mucho. En el cielo hay un reposo eterno. Tenemos una salvación que llevar a cabo y nadie nos puede apartar de ella ni pruebas, ni problemas, etc. Esa salvación está en nuestro cuerpo y lo tenemos que llevar a ganar. No nos podemos echar para atrás porque hay una generación que servir. Por eso trabajamos aquí. La recompensa está en el cielo. Aquí lo que vamos a tener es frustración. No esperemos de aquí nada sino del cielo.
Apocalipsis 7:16 Tendremos reposo de la tentación, de la persecución, de la tribulación, nuestra alma ya no tendrá fatiga de tantos problemas, ni hambre, ni calor de esta propia vida. Seremos saciados en todo porque el Cordero, el Hijo de Dios nos pastoreará. Estaremos detrás de Jesús moviéndonos con Él. El nos pastoreará y nos dará de las fuentes de agua de vida del cielo, en un lugar santo. Nuestro reposo es en el lugar santo de Dios.
Salmos 93:5 A nosotros, al pueblo de Dios nos conviene la santidad porque ninguna cosa impura entrará a la nueva Jerusalén. En el cielo hay ausencia de pecado, nada impuro puede entrar allí. El príncipe de este mundo no tiene nada allá. Entonces ¿qué nos cualifica? ¡La santidad! ¿O nos descualificará la impureza? El cielo no es para ninguna alma impura. Una casa lujosa, bien decorada no sería adecuada para un cerdo que prefiere revolcarse en el fango. Los que se deleitan en compañía de malvados no podrían tener un poco de placer en el cielo porque allá no hay tal compañía.
Apocalipsis 4:8 La santidad de Jehová es para que le adoremos con todas nuestras fuerzas y le demos gloria. El cielo es un mundo lleno de amor porque Dios es amor. En este mundo se odia, se burla. Un amor perfecto es Dios mismo. Aquí somos muy estrechos en darle amor a Dios, por eso somos estrechos en obediencia. Es costumbre en nosotros los que nos llamamos cristianos perder nuestro amor, dejar de adorarle a Él y amamos más las cosas de esta tierra. Luchemos con nuestra carne y seamos espirituales y verdaderos en nuestra entrega y amor al Señor. En el cielo todos seremos uno.
Salmos 133:1, Mateo 25:21, Salmos 16:11 Para siempre tenemos que amar la santidad. Todo gozo aquí es fugaz y transitorio, pero el gozo del cielo será para siempre. Estaremos contentos siempre en el cielo. A veces los placeres los tenemos como gotas, pero nos bañaremos en los bienes de las delicias de Arriba, quedaremos satisfechos en el resultado de vencer hasta el final.
Salmos 17:15 Tenemos que amar más la actividad familiar del cielo. El cielo se preparó para nosotros. Entonces, ¿por qué condenarnos en esta tierra?, el cielo nos llama. Lo mejor es estar en el cielo, aquí no hay nada que nos ame como merecemos, ser amados como en el cielo. El cielo es lo que nos está esperando. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Lucharé por Vivir en Santidad Pues Quiero Llegar y Ver el Cielo
Tito 1:2
“en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos”
En Cristo se nos ha regalado el cielo, y esa esperanza nos lleva a vivir en santidad, porque nada impuro entrará allí. Si queremos llegar y ver el cielo, tenemos que esforzarnos ahora en agradar a Dios. Estos son los puntos para la semana.
- Por la gracia fuimos redimidos, perdonados y salvados, pero eso tan grande nos lleva más a cumplir la ley del amor y de la justicia de Dios, y a aborrecer todo lo que es malo.
- Dios nos escogió antes de la fundación del mundo para que fuéramos santos. Somos hijos y tenemos morada en el cielo; procuremos que por no vivir en santidad no se nos quite la silla en las bodas del Cordero.
- Allí Dios enjugará toda lágrima: no habrá muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor. Aquí conocemos en parte, pero allá lo conoceremos todo y tendremos reposo de la tentación y la tribulación.
- Aquí nos toca trabajar mucho, porque tenemos una salvación que llevar a cabo y una generación que servir. No esperemos nada de esta tierra: la recompensa está en el cielo.
- ¿Qué nos cualifica para el cielo? La santidad. Ninguna cosa impura entrará en la nueva Jerusalén, así como una casa lujosa no le sirve a un cerdo que prefiere revolcarse en el fango.
- El cielo es un mundo lleno de amor porque Dios es amor. Aquí somos estrechos en darle amor a Dios, y por eso en obedecerle; luchemos con la carne y seamos verdaderos en nuestra entrega.
- Todo gozo aquí es fugaz; el del cielo es para siempre. Si los placeres de aquí son gotas, allá nos bañaremos en las delicias de Arriba. El cielo nos llama y nos está esperando.
Examina qué cosa de esta tierra estás amando más que a Dios y déjala esta semana, para que tu vida vaya camino a la santidad.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Una Silla en la Gran Mesa
Tito 1:2
Para leer en voz alta con los niños
“en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Dios nunca miente, y desde antes de crear el mundo prometió vida para siempre a los suyos. En el cielo hay una gran mesa de fiesta con una silla para cada hijo de Dios, y hay que cuidar esa silla.
- Dios te escogió antes de hacer el mundo. Ya pensaba en tu nombre y en tu forma, y quería que fueras suyo y vivieras apartado para Él.
- En el cielo no habrá muerte, ni llanto, ni dolor. Dios mismo secará todas las lágrimas, y allí descansaremos de todo trabajo.
- Pero al cielo no entra nada sucio ni malo. Si alguien ama lo malo y no quiere dejarlo, no podría disfrutar el cielo, porque allá no hay nada de eso.
- Un cerdo no quiere una casa limpia y bonita: prefiere revolcarse en el fango. Por eso Dios nos limpia el corazón, para que amemos lo limpio y lo santo.
- Aquí en la tierra hay que trabajar, obedecer y servir. Las alegrías de aquí se acaban pronto, pero la alegría del cielo dura para siempre.
- El cielo está lleno de amor, porque Dios es amor. Ama a Dios con todas tus fuerzas desde ahora, y no quieras más a las cosas de aquí que a Él.
¿Cómo te imaginas el cielo?
Esta semana, cada noche antes de dormir, pídele a Dios que te ayude a vivir limpio para Él.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
