A nadie le gustan los azotes. La Palabra es para todos, es para ayudarnos a ir creciendo como Iglesia. Lo menos que podemos hacer es buscar conocernos a nosotros mismos. Tenemos que ser mejores administradores de nuestras vidas. Si algo siempre está tramando el diablo en contra nuestra es que estemos amarrados a esta tierra con algo que no sea Dios.
Versículo 22 No nos afanemos, abramos bien los ojos porque a veces nos aferramos a esta tierra y vivimos amarrados a ella y cuando nos damos cuenta en vez de estar en un buen nivel espiritual de búsqueda, nos cuesta orar, leer la Palabra, etc. Si algo el diablo quiere en contra nuestra es amarrarnos y atarnos, pero la Palabra es para que vivamos con los ojos bien abiertos. Si Dios tiene cuidado de un cuervo que no siega ni siembra (Vs. 24), ese mismo Dios nos alimenta, entonces tenemos que tener una dependencia completa de Él. La palabra dice:"Estén ceñidos vuestros lomos y vuestras lámparas encendidas..." Debemos estar preparados para cuando haya que salir corriendo. Si no tenemos los lomos ceñidos cuando tengamos que salir corriendo vamos a tropezar, no podremos hacer las cosas bien porque nos enredaremos en nuestros propios pies. Si nuestra lámpara no está encendida no se puede ver en la oscuridad. Si sabemos alumbrar bien nuestros pies, nada ni nadie nos hará tropezar. Tengamos mucho cuidado porque se nos olvida que viene Jesús por segunda vez a buscar la iglesia. Necesitamos tener nuestra lámpara encendida para alumbrar nuestros pies y evitar así tropezar. Hay muchas cosas que nos hacen tropezar, que nos llevan a amarrarnos aquí en la tierra. Aprendamos a descansar completamente en Dios y buscar las cosas de arriba y no las de la Tierra. Colosenses 3: 2
A veces, según van pasando los años en vez de acercarnos nos alejamos más del conocimiento de las Escrituras. Para eso tenemos que velar. Velar significa darle seguimiento a algo que queremos. Somos personas enviadas a esta tierra para los propósitos de Dios. El que vela lo hace en la segunda y tercera vigilia. Velemos en los momentos más difíciles cuando todo está oscuro. El diablo nos quiere atar con algo que parece ser lo natural para nosotros. Cuando dejamos de vigilar nos podemos entretener con las cosas de aquí, lo material, etc. Dios no nos llamó a eso sino a estar pendientes de las personas. ¿Para qué nos tiene Dios aquí, para estar entretenidos, enojados, chismeando, etc.? ¿Cuánto valor tenemos para Dios? No cambiemos lo de Dios por nada de esta tierra, porque eso nos separará de Él. Debemos mirar adentro nuestro. A Jesús lo estamos esperando. A veces estamos tan atados a lo que es esta tierra que no esperamos la pronta venida de Cristo. No sabemos si Él ha de venir en la segunda o en la tercera vigilia y como creyentes nos resta esperar preparados cada día. Comencemos a buscar lo que hay que arreglar porque habrá unas bodas. Apocalipsis 19: 9
Seamos mayordomos fieles y prudentes. Lucas 12: 42 ¡Qué difícil es al hombre ser fiel! Por eso tenemos que buscar de Dios todo aquello que de Dios hay que buscar. El pueblo de Dios tiene que ser prudente. El prudente se cuida en todo porque está pendiente a lo que está a su alrededor porque Dios nos ha hecho mayordomos de los dones de la gracia, del bienestar que Dios nos ha dado como Iglesia. Somos mayordomos prudentes sabiendo que mientras más prudentes y fieles seamos nadie nos va a tumbar porque vamos a vivir por todo lo que Dios ha puesto en nuestras manos. Todos los que profesamos ser mayordomos de Dios son los que estamos puestos sobre la casa del Señor y que le damos su ración al pueblo. Como Iglesia debemos estar pendientes de como nos es necesario ver las cosas. Bregar con seres humanos es lo más difícil cuando somos mayordomos del Señor. Tenemos ese privilegio de bregar con personas. El pueblo de Dios tiene que vivir todo tipo de padecimientos porque trabajamos con personas, por eso hay que dar lo mejor como mayordomos prudentes. Somos soldados que trabajamos como mayordomos, por eso nos tenemos que ir formando en el sufrir, padecer por los que amamos y están a nuestro cuidado. Somos discípulos, nosotros formamos vidas.
Jesús habló a los discípulos que tuvieran cuidado con el materialismo, la codicia. Cuando nos apegamos a las cosas de esta tierra nuestros pensamientos están en lo nuestro y no en lo de Dios. Si el siervo deja de velar la segunda y tercera vigilia por no estar esperando al Señor vamos a comenzar a dar azotes a la Iglesia porque se dejó de ver. Cuando abrimos la boca para no hacer bien tiramos fango a lo santo. En el altar hemos formado nuestra vida espiritual, entonces ¿cómo vamos a echar fango a lo santo siendo llamados a ser mayordomos de este evangelio? A veces damos azotes como bien se nos antoja y se nos olvida que tenemos que tener nuestros lomos bien ceñidos porque pronto tenemos que salir corriendo. Cuando dejamos de ser mayordomos por estar pensando que el Señor se tarda nos echamos a comer, a embriagarnos, a defendernos, a dormir echando fango a la casa de Dios. El mayordomo cuida todo lo que tiene y se cuida de lo que no puede o debe hacer.
Versículo 46 El Señor castigará y pondrá con los infieles a aquellos que fueron llamados a ser mayordomos y hacen uso injusto de los privilegios dados por Dios. Aquel siervo conociendo la voluntad de Dios no se preparó y por eso no dio la medida que tenía que dar. Por eso se le duplicaron los azotes. Dios nos ha dado privilegios y nos ha llamado a hacer su voluntad. Cuanto mayor sea nuestro privilegio tanto mayor es la responsabilidad. Mientras más lugar como mayordomos más responsabilidad tenemos. El pastorado es un don de mucho privilegio y responsabilidad. A mayor honor más responsabilidad. Son largas horas de silencio y lágrimas. Si Dios nos reclama a nosotros tenemos que ser buenos mayordomos. Aquel que es llamado a ser mayordomo tiene que prepararse en la palabra, amar las vidas, entregarse a ellos hasta gastarse. Nuestro respaldo lo vamos a llevar en nuestras rodillas. No es hacer nuestra voluntad a nuestro antojo sino saber hacer la voluntad de Dios. Al no hacerla se nos duplicarán los azotes y éstos no son buenos para nadie. Los que han llegado a conocer la voluntad de Dios tal como se nos revela en las Escrituras están en la gran responsabilidad de obedecerla. Dios no necesita nuestra ayuda sino que nos entreguemos en sus manos. Al que se le ha dado mucho, mucho se le va a exigir. Es un privilegio tan grande su llamado. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
