Hay una palabra que se llama atemorizar. Se levantan muchas cosas a nuestro alrededor para atemorizamos.
El enemigo nos busca atemorizar para paralizamos y que dejemos de funcionar en la obra de Dios. Y de ahí
llevamos a la derrota. Debemos tener los ojos bien abiertos para ver por donde viene la maquinación del diablo.
Una vez que alguien está lleno de terror toma otro camino y se aparta de sus responsabilidades. Muchos escapan y
por eso pierden. Mejor es la humillación, enfrentarse a la vida. Mejor es el dolor, el clamor y los ruegos. Es
preferible luchar por años, luchar por meses que tomar un camino de miedo, terror y confusión.
La vida no la podemos enfrentar llenos de miedo sino con ruego, con oración y clamor; dependiendo de Dios
cada día para todo. Hay personas que pretenden vivir la vida solos, pero bueno es acumular mucho delante de Dios.
Debemos tener mucho cuidado de cómo debe ser nuestro caminar y conocer quien es nuestro enemigo, para saber
cuando viene y batallar contra él. El que maquina contra nosotros es nuestro enemigo, el adversario, el diablo.
Nehemías batallaba contra su adversario como hombre sabio, tomando decisiones sabias. Él no era confundido
ni turbado por nada; estaba muy claro de todo lo que pasaba al frente de él. Por eso es bueno ver las cosas claras.
Todo lo que vemos claro nos causa dolor, pero esto nos provoca orar, llevárselo a Dios y buscar un consuelo en ÉL
Cada vez que estamos trabajando en la obra de Dios tenemos que saber que el adversario viene para quitamos de la
obra, ponernos el pie para que caigamos y tropecemos y se detenga todo lo que hacemos.
Hay personas que también se levantan en contra nuestra por envidia. Eso es completamente del diablo porque
él siempre deseó lo de Dios. Los que envidian buscan detener y apropiarse del trabajo que otros hacen. Por eso
critican y sugieren cómo hacer las cosas. Tenemos que ver claro cual es nuestro adversario para luchar en contra de
él y no dejar que como Iglesia seamos oprimidos. Tenemos que aprender a discernir. Los que se levantan en contra
de la obra son dominados por demonios. Cuando el adversario prepara un ataque no es de una persona, no viene del
hombre porque este no es capaz de pensar con tanta sutileza sino que se levanta desde el vientre de la tierra donde
esta Satanás y envía a sus demonios muy bien organizados. Nuestros adversarios pretenden que vayamos donde
ellos quieren, pero no iremos donde no se debe ir. A Nehemías comienzan a seducirlo para detenerlo. Aún cuando
estamos humillándonos delante de Dios viene nuestro adversario en contra nuestra. El enemigo quiere
atemorizarnos, entretenemos para detenernos y que no hagamos la voluntad de Dios. Por eso, para que haya
milagros se necesitan hombres y mujeres que venzan al adversario.
Nehemías dijo: "Yo hago una gran obra y no puedo ir". Aquellos hombres le enviaron correspondencia. El
diablo insiste en contra nuestra. No viene una sola vez sino que como en el caso de Nehemías vinieron cuatro veces
en contra suya. Cuando el adversario viene tenemos que suspender el "Ay bendito". Tenemos que decir lo mismo
que dijo Nehemías. No podemos ir a la cita del adversario porque, "yo hago una gran obra". No hay por qué
hacerlo. ¿Por qué ir donde desean mal para mí? Tenemos que conocer; tenemos que ver las cosas claras y precisas.
Nehemías estaba cumpliendo los propósitos de Dios. Si se iba detrás del adversario cesaba la obra. Al igual, si
nosotros lo hacemos, la obra cesa, se detiene. En Nehemías había una meta y era reconstruir el muro en 52 días.
Nosotros también tenemos el tiempo de nuestra obra. Tenemos que pararnos con valentía, con fuerza porque hay
muchos que no han podido llegar, pero nosotros tenemos que llegar, tenemos una meta y es Dios. Si se detiene la
obra de Dios no es causa de fiesta sino de dolor. Si ésta se detiene las almas se pierden en el Infierno. Habrá un
Sambalat para tomar lo que es de Dios y lo que es de Dios hay que cuidarlo. Nuestra meta es que sea Dios quien
siembre, no Sambalat, ni nuestros adversarios. Hay que tener los ojos bien abiertos porque ahí están Sambalat,
Tobías y Gesem el árabe para quitar lo que Dios tiene para nosotros. Tenemos que levantamos como Nehemías.
El adversario quiere que se deforme lo que es divino y si eso pasa nos sentiremos culpables porque no lo
cuidamos. Y un día tendremos que dar cuenta a Dios. Fijémonos que según había en el corazón de Sambalat así
hablaba. El adversario habla de acuerdo a lo que hay en su corazón y nos lo quiere implantar como si fuera nuestro.
No tomemos lo que no es nuestro. No prestemos oídos al adversario que se levanta en contra nuestra.
Israel estaba destruido; todo el mundo había hecho fiesta con aquel pueblo. Lo menos que quería Nehemías era
ver a Jerusalen en ruinas, por eso fue delante del rey muy triste. Se había levantado en oración, en búsqueda,
creyendo las promesas de Dios para él. Venía a reconstruir las ruinas y no tenía ningún empeño en que lo llamaran
rey. Aquellos hombres hablaban, de acuerdo a la maldad y a la perversidad que había en sus corazones.
El adversario siempre está ocioso, es vago. Mientras Nehemías trabajaba de mañana a noche Sambalat
caminaba de arriba a abajo. Siempre el que critica es quien menos hace. El que más trabaja no puede ser adversario
porque siempre está muy ocupado. Para llevar a un pueblo hay que amarlo mucho y no es fácil. El corazón de
Nehemías era un corazón lleno de mucha bondad, él no tenía un corazón pequeño. Aquellos hombres comenzaron
a amenazarlo con decirle al rey persa que Nehemías quería ser rey en Jersusalem, pero el rey lo conocía muy bien.
Nehemías había ido a construir el muro con el apoyo de su rey y con el apoyo de Jehová. Cuando otro ser humano
quiere guiar nuestra vida despertemos porque el que tiene que guiar nuestra vida es el Espíritu Santo. El adversario
quiere que nos sentemos a escuchar el mal que hay en su corazón, donde lo que hay es envidia, celos, mala voluntad,
errores, etc. Y se usa el nombre de Dios falsamente. Comenzaron a profetizarle a Nehemías. Le pedían que se
escondiera en el templo. Cuando se iba al templo era para buscar misericordia porque se había hecho algo malo y
Nehemías no había hecho nada malo. (Vers. 10) Trataban de amedrentarlo. Pero Nehemías le contestó: "¿Un
hombre como yo he de huir?" No podemos huir porque Dios nos llamó. No tenemos que consultar nada con el que
es enemigo. No hay por qué temer al adversario. Mejor es temerle a Dios.
Es por Dios esta obra. Es por Él que viene nuestra fe. No dejemos que nadie nos robe. Es por Dios que nos
congregamos. El nos unió a esta obra. Nehemías entendió bien que su bendición venía de Dios y no de sus
adversarios. La Iglesia es lo más grande, lo más perfecto; es la que escogió Dios para hacerse presente. Esta obra la
comenzó el Espíritu Santo y no hay quien la detenga. Como personas maduras debemos conocer a los adversarios
que se levantan. No pongamos nuestra obra en manos de quien no se ha esforzado por ella. Unámonos para detener
:;¡]:;¡oversl'lrio 011e 011iere ciestn1ir. No nos:;¡temorizl'lni nosotros tl'lmhién comnlefaremos nuestro muro. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
