Salmos 109:6-19
Seguirá multiplicándose la maldad, pero el amor nuestro no se puede enfriar. Es importante saber, para todos nosotros como iglesia, que la maldición es para el impío, para el que no teme a Dios. La iglesia sabrá la diferencia entre el justo y el impío por sus actos, por sus testimonios de cada día. Si vemos con atención, nos daremos cuenta que hoy día es muy común que todo el mundo mencione el nombre de Dios. Eso no quiere decir que todos sean justos y temerosos de Dios. Pero sí debemos saber cada uno de nosotros que Dios es nuestro Padre y que hemos de amar y temer a Dios. Si le tememos, entonces quiere decir: que lo conocemos y somos sus hijos. Iglesia, el ojo de Jehová busca al justo. Le busca para bendecirlo. Sería horrible para alguien que crea ser un buen cristiano que el ojo de Jehová no tropieze con él para buscarle y bendecirle, sería como quedarse en el aire, quedarse sin la bendición. Hay maldición si en vez de vivir como cristiano se vive como impío. Dice el Salmos 109 que la maldición de Dios está en la casa del impío, contrario al creyente que tiene la bendición de Jehová. Por eso debemos vivir la vida cristiana en verdad, en el testimonio de la verdad, en la obediencia del Espíritu y andando en las huellas del Maestro. La Palabra que nos ha dejado nos sirve para alumbrar su camino. Dice en Proverbios 3:33, "La maldición de Jehová está en la casa del impío, pero bendecirá la morada de los justos." Por eso, es claro que a Dios se le debe temer en verdad. Debemos temer en todo nuestro mover. El justo trae bendición para sí mismo y para su casa, pero el impío que no cree, trae la maldición sobre sí y la destrucción. La bendición libra al justo y le hace un muro alrededor de él. (No olvidemos que un justo es el que es justificado por creer en Jesús como Salvador y que persevera en amar justicia y misericordia. El impío no cree y no teme andar en desobediencia delante de Dios.) Vemos un ejemplo de que la bendición libra al justo cuando Jehová envió la plaga del ángel de la muerte a Egipto en los tiempos de Moisés. La maldición venía hacia las casas de los Israelitas, pero siguió de largo y no les hizo daño alguno, mientras que a los egipcios les mató a todos sus primogénitos. De aquí debemos entender que la maldición cuando viene tiene que ver algo en el justo que la aleja de ellos y es que somos fuertes delante de Dios. El Espíritu Santo nos marca y nos defiende. Es el Espíritu Santo de Dios que llegó a nuestras vidas cuando nos convertimos de nuestros pecados a Cristo. Desde el momento de nuestro nuevo nacimiento el Espíritu Santo nos marcó, justificó y comenzó a santificarnos y a perfeccionarnos. Un caso de la lucha entre la maldición y la bendición es cuando en el matrimonio hay algún enojo. La maldición va hacer fuerza para derribar al matrimonio y si logra entrar por alguna puerta que se le abra va a poseer y va a querer tomarlo todo. Ojo entonces con cada paso que vamos a dar. ¿Por qué ha de llegar la maldición al pueblo, a un pueblo que se llama cristiano? Tal vez les suceda a algunos porque se la pasan tropezando en lo externo en vez de cuidar el corazón. Buscan saber quién se pinta el pelo o no para condenarlo, si la falda es larga o no, etc. Nosotros debemos buscar la santidad del corazón y así logramos que no halla ninguna maquinación diabólica que llegue y destruya. ¿Cómo no vamos a cuidar la casa? Es lo más importante, sobre todo en los días que vivimos tan cercanos a la venida del Señor. Nuestros actos declaran lo que nosotros queremos para nuestros hogares, nuestras casas, nuestra familia. Son el hombre y la mujer quienes deciden si quieren la bendición o la maldición. Pensamos mal si pensamos que el pelo largo o las faldas largas son lo que vale para la vida justa ante Dios, no es así. Seamos transparentes y ganaremos la carrera de la fe. Hoy día se aparenta mucho en lo físico, fingiendo que se tiene lo que no hay en el interior. Por eso en la Iglesia no podemos danzar en el Espíritu y luego al salir fuera del templo hacer otras cosas indignas ante Dios. Porque el ojo de Jehová ve al justo y le busca para bendecirlo. Los justos somos cubiertos por la bendición de Dios. Aún cuando sabemos que David pecó, vemos que estuvo siete (7) días sin comer. Estaba en esos siete días en la presencia de Jehová rogando. Dios vió con sus ojos a su siervo humillado y así recibió misericordia de Jehová. Iglesia, Dios es Dios y no deja de ser Dios. El Salmos 109 habla muy claro de la maldición del impío y de la bendición del justo. El impío tiene a Satanás a su derecha, es el acusador. Por eso, mucho ojo, porque nuestros actos gritarán más que todo lo que nuestras bocas puedan decir. Vemos que Job no pudo ser acusado porque era justo. Satanás acusa y eso lo debemos saber bien. La vida del justo es para permanecer en la casa de Jehová por largos días. En cambio, los días del impío son pocos, otros se levantan y ocupan su lugar, no pueden cuidar de sus hijos. La madre creyente tiene que cuidar a sus hijos. ¿Cómo no hemos de cuidar los nuestros? Al impío le llega la ruina, abusarán de su herencia y de su generación. Para el impío que se aleja de Dios no hay misericordia y no tendrá descendencia. Sin embargo, al justo las obras le siguen. El impío no deja obras. Iglesia, somos nosotros los que dejamos caer la desgracia o la bendición. ¿Quién detiene la maldición? Solo pide Jehová un justo que se levante y que se meta en la brecha a interceder delante de Él. Por muchos azotes que el diablo nos quiera dar, de todos nos libra Jehová. Hay una gran diferencia entre uno y el otro. Está delante de Jehová el pecado del hombre impío y hace cortar su memoria. El impío no hace misericordia, pero el justo hace misericordia y si no la hacemos tampoco la recibiremos. La misericordia se le hace al que la necesite. El impío se burla del que sufre. Hermano, todos somos seres pensantes y tenemos la capacidad de escoger entre el bien o el mal. Nuestro mover dirá si amamos la bendición o la maldición. Cuando se ama la maldición lamentablemente llega. Jehová puso en nuestros corazones lo que es bueno y lo que es malo, escojamos bien. (Ojo iglesia, que la maldición puede llegar también cuando no diezmamos. Malaquías 3: 8,9) La maldición es como un aceite que penetra y la carne le ayuda pues produce muerte y por ella llega el mal. Según Proverbios 26:2 la maldición nunca vendrá sin causa. Entonces no hay razón para que un justo tenga maldición. IGLESIA, SOMOS JUSTOS, VIVAMOS COMO JUSTOS Y NOS LIBRE Dios DEL MAL DE LOS IMPIOS. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
