Mega Zoé
Estudio #0260Iglesia en las casas

Levántese Dios y sean esparcidos sus enemigos

Levántese Dios y sean esparcidos sus enemigos enseña a volver a las primeras obras y discernir la batalla espiritual.

Antiguo TestamentoSalmosSEMANA DEL 20 @ 26 DE AGOSTO DE 20026 min lectura

Introducción: Cuando nos hemos encontrado con Dios, el decirle "¡Levántate Dios!" es la frase que en nuestra boca tiene que estar, por los peligros que nos acechan. No todo está bajo control. Si Dios no quisiera moverse a favor nuestro, pereceríamos. No todos tienen el derecho de decir: "Levántate Dios." Tenemos un desierto que cruzar y podemos perecer en el camino por los peligros inesperados. Creemos que la iglesia siempre va a estar abierta y disponible y que por consecuencia, Dios siempre tiene que estar. No es así. En el desierto se mueven los vientos, es árido, seco y peligroso. Dios nos ha escogido para que no estemos ajenos de que existe la trampa del enemigo, y para que no caigamos en ella. Algunos artistas de nuestra época han reconocido a Dios en su camino, pero parece que cuando se les hizo muy difícil permanecer en Él, no hubo quien les animara a decir: "Levántate Jehová". Cuando los salmistas de Dios tienen que recurrir a cantar para que sea el impío quien escuche, es porque no pueden mover a Dios. Se tiende a escoger lo que sea más fácil cuando el camino se pone difícil. Es más fácil cambiar las cosas y caer en nuestras debilidades, que continuar por este Camino que es el más difícil.

Dile a Dios: ¡Levántate Jehová y sal a nuestro favor, porque yo tengo un propósito que cumplir y es llegar a la santidad! El camino es seco, duro, con muchos tropiezos y tentaciones como para que volvamos atrás. A veces tendrás que caminarlo enfermo, o tal vez en escasez.

David escribe este salmo luego de haberse llevado el Arca del Pacto y haber pasado por todos los problemas que pasaron él y el pueblo de Dios. Este salmo deja ver que Él se preparó como líder, que aprendió de Moisés estas palabras, este clamor: ¡Levántate Dios! Números 10:35 "Cuando el arca se movía, Moisés decía: Levántate, oh Jehová, y sean dispersados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen." Podemos ver en este texto, que David aprende esta palabra del gran líder Moisés. (En una encuesta secular, hecha recientemente, se buscaba cual había sido el líder por excelencia de todos los tiempos; y Moisés salió seleccionado. Aun hoy día, se admira su gran liderazgo. Él podía pensar que era un gran líder puesto por Dios para el pueblo de Israel, y tuvo que morir a eso, como parte de su orgullo, para enfrentarse con Dios.) David era un hombre muy hábil y brillante y por su gran liderazgo, lo seguían hasta los rebeldes impíos, llenos de pecado. A través de David, ellos pudieron conocer a Dios. Si no, hubieran perecido en su pecado e inmundicia.

De ambos, Moisés y David, podemos ver que el hombre y la mujer que tienen a Dios, saben que: ¡Jehová es el que se tiene que levantar! Nosotros hoy tenemos el mismo enemigo, el que tienen todos: Satanás. ¿Quién es el que quiere detenerte? Mi enemigo es el mismo tuyo. Él quiere que tu y yo perezcamos, que no lleguemos a la meta, quiere lastimarnos tanto los pies para que no podamos caminar. Pero nosotros tenemos un compromiso y un deber que cumplir. Por eso David tuvo que detener el Arca, y fue a prepararse para ver como la movía para llevarla a Jerusalén. El se sentó con los sabios, con los que conocían la historia. Los Levitas sabían lo cuidadoso, lo serio, lo fuerte, lo estricto que era llevar el Arca. Ellos sabían esta frase, "Levántese Jehová" y entendían que al expresarla, Jehová sería su socorro y les dejaría llegar donde deberían llegar. Cuando conocemos que el poder está en Dios para vencer el mal que se levanta en contra nuestra, logramos cumplir el propósito de Él en nuestras vidas.

David pudo entender lo que Moisés decía; que para poder caminar aquel camino árido, había que hacerlo con Jehová. Moisés se fue al monte para ver a Dios, él iba tomando y ganando terreno, tomando lugar con una multitud que le seguía. El tenía que estar en una comunión con Dios y decirle a Dios delante del pueblo a cada rato, "Levántate Jehová defiéndenos de nuestros enemigos." La gloria de Dios estaba con ellos, de noche fuego y de día nube. ¡Que se levante Dios! ¡Que nos escuche!

Cuando Moisés subió al Monte Sinaí por 40 días, la multitud le preguntaba a Aarón que donde estaba Moisés que no bajaba al pueblo. Se desesperaron y le dieron una terrible idea a Aarón, quien aprovechó el momento y se creció delante de ellos acogiendo y aceptando la pecadora idea de hacer un ídolo. En cuestión de segundos, se recogió una gran ofrenda de oro, para hacer un becerro para adorarle. Éxodo 32: 1 Moisés desde el monte se dio cuenta que el ruido que hacía la multitud no era de pelea, sino que el pueblo estaba pecando en un frenesí de idolatría. Cuando nos olvidamos que nuestra vida tiene que ser siempre un clamor, ocurren estas cosas que le sucedieron al pueblo. Por la continua rebeldía de aquel pueblo, sabemos que todos los de aquella generación quedaron postrados en el desierto y los únicos que llegaron a la tierra prometida, fueron Josué y Caleb. Aarón, quien llegó a ocupar un lugar tan importante como sacerdote, complació al pueblo. Y el hombre y la mujer de Dios lo menos que debe hacer es esto. Éxodo 32: 25 "...el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos."

Está en nuestros corazones para quien queremos vivir. Cual es el motivo de nuestro caminar en esta tierra. Creceremos espiritualmente según lo que nosotros permitamos. Moisés estaba rodeado por el enemigo. Dios no nos llamó a sobrevivir, sino para llegar a la tierra prometida. Por esa gran razón, Para levantar a Dios hay que tener un corazón santo.

"Levántate Jehová y sean esparcidos nuestros enemigos." Que sea quitado del medio todo aquél que no quiere que tú llegues. Que sean turbados y que se le pierda su ruta a aquellos que mal quieren para tu vida. Lucifer fue derrotado en la cruz del Calvario. Él no nos puede tocar, si Dios no se lo permite. La historia nos habla de un Job que fue probado, pero Dios le conocía que tenía un corazón bueno. Job 1: 8, 12

El enemigo quiere poner tropiezo, para que tú no llegues al final de tu camino. Existe un gran problema cuando nos quedamos detenidos en el tropiezo y queremos mover la obra de Dios estando en esa condición. Todo cristiano y todo líder tiene que cuidarse, porque el hastío nos acecha y podemos caer en ese tropiezo. Digamos siempre: ¡Levántate, oh Dios, sobre todo aquello que viene a destruir la iglesia, sobre lo que es burla! Hagamos como David que se asesoró con sus sabios, y ellos le enseñaron a decir esta frase, "!Levántate, oh Dios!"

¡Que Jehová aparte de ti los que le aborrecen, para que puedas llegar hasta el final! "!Levántate, oh Dios!"

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz