Dios le ordenó a Moisés hablarle a la roca; Moisés, agotado por años de quejas y de vueltas por el desierto, la golpeó dos veces. El agua brotó igual -la misericordia no falló-, pero la desobediencia le costó la entrada a la tierra prometida. De ahí el título y la tesis: Dios ordena, y el problema no está en la instrucción sino en la acción con que la respondemos. El estudio sigue a Hebreos 3:12-19 -la incredulidad, que no es duda intelectual sino un corazón que se endurece poco a poco- y termina en Deuteronomio 34, donde el libro cierra exaltando a Moisés por su fidelidad y no por su error.
I. Dios ordena
A. El asunto de la vida es que Dios ordena. Y es verdad que todos queremos ser jefes: el grande, el chiquito, todo el mundo manda en la casa.
B. La palabra es edificante y es de todos los días, no de una vez. Mientras la leas, siempre serás conocedor de las Escrituras.
C. En tus manos está tu crecimiento: mientras más pasión y empeño le pongas, sabrás qué hacer con tu vida y cómo moverte.
D. Hay mucho instinto en uno para impulsar; y uno está sujeto también a muchas ideas y opiniones, incluso a las propias.
E. Por larga que sea la vida, hay que hacer un alto y rogarle a Dios que Él ordene. Tenemos que aprender que sea Él quien ordene.
F. Porque tú tienes una lista para mañana y para los días siguientes; y si no la tienes, la inventas.
II. Moisés
A. Creo que Moisés es el hombre más nombrado de la tierra: no es solamente de Israel, es conocido en todas partes.
B. Con lo de Moisés basta para aprender cuán grande es que Dios conservara la palabra para que nos educáramos.
C. Así Dios escoge personas, y todo lo que se registra desde el Génesis hasta el Apocalipsis -cómo ellos vivieron- forma en nuestra vida mucho conocimiento.
D. Dios le ordenó hablarle a una roca. Si a ti Dios te dijera eso, dirías que a ti Dios nunca te habla así; pero Moisés tenía un contacto divino con Dios.
E. Pero Moisés estaba molesto con el pueblo, porque había mucha rebelión: hablaban mucho, tiraban y jalaban, y en el liderazgo ya se sentía el hastío.
F. Y llevaba mucho tiempo: eran unos pocos días para llegar a la tierra prometida, y estuvieron muchos años dando vueltas.
G. Así que se fue cargando, se fue poniendo pesado, y le toca el momento más complicado ya con enojo y con ganas de explotar.
H. ¿Quién le puede tirar la piedra a Moisés? Ninguno. Porque a todos nos pasa.
III. La instrucción, la acción y el castigo
A. La instrucción: tomar la vara, reunir a la asamblea y hablarle a la roca frente a ellos, para que dé agua para la comunidad y su ganado.
B. La acción: Moisés y Aarón reúnen al pueblo frustrados y enojados. El pueblo estaba molesto, y al estarlo, provocaron a Moisés a que se molestara también.
C. No es acción de criticarlo: esa presión de una multitud exigiéndole lo sacó. El que se crea valiente que lo diga: no se puede.
D. Por las quejas, los llama rebeldes. Y en lugar de hablarle a la roca, la golpeó dos veces con su vara.
E. Podríamos juzgarlo; pero nosotros haríamos peor. Es cuestión de personalidad, de actitudes, de cómo uno piensa y de cómo se crió.
F. Y a pesar de la desobediencia, el agua brotó. Había mucha sed y no había agua: de esa roca dependía que pudieran tomar.
G. El castigo: Dios los reprende porque su acción demostró falta de fe y no reconoció su santidad ante los israelitas; y se les anuncia que no guiarán a la congregación hacia la tierra.
H. Dios dijo "háblale", y él la golpeó. ¿Qué sucede? Que se olvidó. Porque a veces a uno se le olvida.
I. Al desbocarse, al ir con la molestia que tenía, no reconoció la santidad de Jehová, que era quien le hablaba; no tuvo cuidado de la santificación en la que estaba envuelto.
J. Esas tienen que haber sido las palabras más difíciles que Moisés escuchó. Era de morirse. Y ya no había vuelta.
IV. No perder lo que Dios da
A. No perder las bendiciones, ni el propósito, ni las oportunidades, ni las etapas que Él quiere llevarnos a vivir.
B. La vida es una. Y si la echamos a perder, eso no regresa. En nuestras manos está lo que se echa a perder y lo que se cumple.
C. Y perder es lo más fácil para el mortal. Los ejemplos están ahí: Moisés no entrando a Canaán, o la generación que salió de Egipto en desobediencia.
D. Por eso se predica la fe, la obediencia, la perseverancia, la humildad y la dependencia de Dios: es lo que ayuda a caminar hacia las promesas y a no quedarse estancado en el desierto.
E. Tú decides buscar las promesas y ponerlas a crecer, o quedarte dando vueltas en el desierto. Y a eso se le puede llamar tibieza.
F. Y no le eches la culpa a otro, porque la otra persona no lo tiene: está en uno.
G. El Espíritu Santo inquieta, susurra, después habla, y luego viene una acción. Y esa acción muchas veces se convierte en torpeza, como darle duro con la vara.
H. Tampoco podemos vivir en amargura, en quejas ni como víctimas, porque no lo somos. Lo que hay que aprender es que Dios ordena.
I. ¿Y quién hace fácil que Dios ordene? Uno mismo. Cuando oramos decimos "hágase tu voluntad"; ¿y eso qué nos hace? Quebrarnos.
J. Si hoy te sientes estancado en el desierto, debes tener humillación y arrepentimiento. ¿Por qué te estancaste? Porque pensaste que lo de la tierra es lo principal.
K. Y la tierra se tiene hoy y mañana no. Pero las acciones que Dios manda hacer, esas, si se van, no hay más.
V. La incredulidad (Hebreos 3:12-19)
A. Es una advertencia muy fuerte para los creyentes: usa el ejemplo de Israel en el desierto para enseñar el peligro de la incredulidad y de apartarse de Dios.
B. El corazón puede endurecerse poco a poco. El corazón no tiene prisa en endurecerse: sabe que si se apura será delatado.
C. Se endurece por el engaño del pecado, igual que les ocurrió a los israelitas que salieron de Egipto y no entraron a la tierra prometida.
D. "No haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad." Y la incredulidad se acomoda de lo más fácil.
E. Una gotita de incredulidad deforma el corazón, bate y angustia el alma, y mata el espíritu. Es una planta con tantas raíces que nos va comiendo.
F. Cuando uno se pone incrédulo, el corazón ya se puso malo. Y la única persona que puede dejar que entre o no es uno.
G. Y al llegar, se transforma el hablar. Y lo que uno mismo habla es lo que a uno persuade: la mente le sigue chupando al corazón, y cuando ya está en el corazón, hizo una siembra que tendrá cosecha.
H. Aquí se advierte que la incredulidad no es solo duda intelectual: puede convertirse en un corazón que se aparta de Dios.
I. Y entonces buscamos a quién culpar, y eso se hace una cadena que ata tu vida, la de los demás, la iglesia, el trabajo y el sitio donde vives.
J. Nuestra comunión, si tenemos el Espíritu Santo, es directa: Dios y uno; no cabe nadie más. Ningún hermano produce efecto en mi vida: el efecto me lo hago yo si dejo de buscar a Dios.
K. Cuando uno tiene fe de que Dios saldrá a su favor, el cuerpo tiene ausencia de incredulidad; y entonces eres una persona a quien Dios le ordena la vida.
VI. "Exhortaos los unos a los otros cada día"
A. ¿Hay quien exhorte a sus hijos cada día? ¿Qué hijo exhorta a sus padres? ¿Hay esposa que exhorte a su esposo?
B. Exhortar no es corregir ni reprender: es decirle a alguien "ten paz hoy", porque no está en paz.
C. Es exhortar en todo lo bueno, en todo lo justo, en todo lo amable; es hacerte portavoz de Dios en la tierra.
D. Por eso los creyentes necesitan animarse: ¿cuántas veces llegas con cara de que te deben y no te pagan?
E. Y cuando uno exhorta y escucha, los ángeles cubren y el cielo se mueve; de momento uno dice "estoy en paz", porque se hace una atmósfera milagrosa.
F. Pero no se invoca a los ángeles: se invoca a Dios, y Dios desde su trono da órdenes.
G. Porque hay cosas que tú no puedes: si los demonios vienen a destruirte, tú no los ves; sientes que algo pasa. Y Dios da las instrucciones a los ángeles que te cuidan.
H. Como para Jacob subían y bajaban. Pero no se ora a los ángeles: eso es absurdo, eso no es doctrina. Lo que sucede es que el cielo es el que ordena.
I. Y los ángeles también apuntan: el día del gran final se sacarán los libros y se leerán, y de ahí saldrá la medida de nuestra recompensa.
J. Seamos capaces de exhortarnos y de fortalecernos mutuamente antes de que el corazón se endurezca. Porque el peligro de nuestra vida se llama corazón; y es a uno.
K. "Somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza": hay que perseverar en la fe y no rendirse espiritualmente.
VII. Vieron milagros y no entraron
A. "Recuerda cuando Israel endureció su corazón en el desierto." Aun habiendo visto milagros, iban tirando, jalando y rebelándose.
B. El mar Rojo se abrió para que pasaran; se podían haber ahogado todos, pero no era lo que el Señor quería.
C. Tenían hambre y el maná caía. Estaba la nube, y el fuego de Dios en la noche. Y muchos siguieron murmurando y desconfiando. ¿Qué se ve ahí? Misericordia.
D. "No pudieron entrar a causa de la incredulidad": esa fue la razón principal.
E. Cuando hay incredulidad uno siente que pesa quinientas libras, porque hay ausencia de fe; y entonces no se pueden ver los milagros.
F. En la vida hay milagros; pero si el pueblo está escaso de fe, no los hay. Y entonces hasta la gracia se anula.
G. Luego decimos que la gente no nos quiere y que es odiosa. ¿Y quién repele? Uno, porque hay ausencia de amor y de expresarlo.
H. El amor no es difícil: el amor sale. ¿Quién lo retiene? Uno mismo. Y eso nos va agrietando, y vamos perdiendo en vez de tener cada día más entrega.
I. Hay que amar y no cansarse; porque si uno se cansa, ¿con quién va a tener problemas? ¿Y es bueno tener problemas con Dios?
J. Caleb y Josué entraron porque creyeron: dijeron que las uvas eran grandes y los frutos una bendición. Los otros llegaron peleando, diciendo que todo allá estaba mal.
K. La tierra prometida representaba bendición, descanso, tierra propia y el cumplimiento de la promesa. ¿Y qué atormenta? Lo que hay dentro de uno. ¿Y quién deja que entre? Uno.
VIII. El final de Moisés (Deuteronomio 34)
A. Dios lo lleva al monte Nebo y desde allí le muestra toda la tierra de Canaán.
B. Dios conocía con quién trabajaba: trabajaba con su Moisés, como un padre que trabaja con un hijo, un padre que ama. Y en esa ternura le dijo: te voy a llevar; pero mira.
C. Y Moisés tiró su mirada desde el Nebo: allí estaba Galaad, Neftalí, Efraín, Judá, el Neguev, Jericó. Una sola mirada fue lo que tuvo.
D. "Esta es la tierra que juré." Cuando Dios dice que va a ser, va a ser.
E. "Y murió allí Moisés, siervo de Jehová." Y Dios mismo se encarga de él y lo sepulta en Moab: no permitió que nadie más lo tocara, y nadie conoce su sepulcro.
F. Tenía ciento veinte años; su vista no se había oscurecido ni había perdido su vigor. Podía haber entrado con su fuerza intacta.
G. Israel lo lloró treinta días. Había sido libertador, intercesor y profeta; fue el líder del éxodo, el que sacó al pueblo.
H. Y Josué tomó el liderazgo, lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él. Ahí comienza una nueva etapa.
I. "Nunca más se levantó profeta como Moisés", y habló Jehová con él cara a cara: señales, milagros, autoridad espiritual, las plagas, el mar Rojo, el poder mostrado ante el faraón.
J. "Terrible" en ese pasaje significa asombroso, imponente, lleno de reverencia.
K. Y algo muy profundo del cierre: el libro termina exaltando a Moisés, no enfocándose en su error final, sino en su fidelidad, su intimidad con Dios y su servicio a un pueblo que se rebelaba.
L. También es honrado en Hebreos 3: "Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios".
M. Y siglos después aparece junto a Elías en la transfiguración (Mateo 17:1-3): eran amigos, compañeros y siervos, y vinieron a hablar con Jesús sabiendo que estaba pronto a ser crucificado.
N. Moisés era un mortal, y como mortal estuvo cerca de Dios. Nosotros también podemos estarlo; y además tenemos la sangre de Cristo, y en la gracia se puede hablar al Padre.
IX. Aplicación
A. Pídale a Dios que sea Él quien ordene su vida, antes de hacer su propia lista para mañana.
B. Cuide la acción, no solo la instrucción: ahí fue donde Moisés perdió la tierra prometida.
C. No pierda las bendiciones ni las etapas: la vida es una y lo perdido no regresa.
D. Vigile la incredulidad, que no es duda intelectual sino un corazón que se va endureciendo tranquilito.
E. Exhorte a alguien hoy: no es corregir, es animar en todo lo bueno y lo amable.
F. Y no deje de amar por cansancio, porque el que retiene el amor es uno mismo.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
