Mega Zoé
Estudio #1512Iglesia en las casas

Dios es Majestad

Perseverar en la oración y permanecer firmes en las pruebas sostienen el llamado central de este estudio.

Antiguo TestamentoIsaíasDomingo, 15 de junio de 20259 min lectura

A la gente le encanta que le hablen del Señor; siempre hay un aceptar y siempre hay un deseo. Lo que cuesta es permanecer hasta el final, porque viene la prueba y viene la circunstancia; y si vienen momentos demasiado espléndidos, también hay que cuidar la vida. Siempre hay que estar alerta, porque nosotros servimos a un Dios que tiene majestad. Le es muy fácil al ser humano decir Diosito, y eso es una falta de las más grandes, porque Dios es Dios. Isaías pide que se rompan los cielos y que Dios descienda; y si Dios es majestad, nosotros somos sus hijos y Él es nuestro Rey.

I. ¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras... para que hicieras notorio tu nombre a tus enemigos! (Isaías 64:1-2).

A. La petición es que Dios se manifieste de forma maravillosa a favor de su pueblo.

1. Cuando Dios lleva a cabo alguna extraordinaria liberación, resplandece para mostrarse a sí mismo fuerte. Porque Dios es fuerte, Dios no conoce lástima, Dios es sí o no.

2. ¿Qué quiere Dios siempre? Resplandecer. Porque si Dios resplandece, Él mismo se está dejando conocer; no como si estuviera opacado, ni como si no fuera el dueño del universo.

3. Mientras más usted sepa, más fe, porque ha adquirido más fe; y entonces usted es un guerrero y ninguna espada puede permanecer para liquidarlo.

4. Porque el enemigo siempre lo que quiere es liquidar: si no es de una forma, es de una bobada; y después de la bobada, el atrevimiento. Siempre para querer destruir.

5. Y si Dios es majestad, nosotros somos sus hijos, Él es nuestro Rey, y ha puesto estatutos y reglas espectaculares a favor nuestro. En esta tierra meramente somos pasajeros.

B. Isaías escribió desde la pérdida.

1. Escribió en parte viviendo aún en su nación, y luego llevado por todo el proceso del pueblo en el cautiverio: fueron lágrimas, desvelo y necesidad de alimento.

2. Para escribir así tendría que haber sido desde un sentimiento hondo: no era cualquier momento, era un momento difícil, desangrante, de pérdida tras pérdida.

3. Y aun así deja ver claro que hay esperanza: cielos nuevos y tierra nueva, ya en el capítulo 65.

4. Cada palabra que él escribió Dios se la conservó a través del Espíritu Santo, y le cuidó ese libro para que tú y yo lo conociésemos.

5. Nosotros, en cambio, somos favorecidos porque la gracia nos alcanzó; y la gracia es todo lo que se nos da de gratis. Nada nos hace difícil venir a la iglesia.

II. Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor (1 Crónicas 29:11).

A. David adora a Dios y le tributa la gloria debida.

1. ¿A usted le gusta estar metido en su problema veinticuatro horas, repetirlo y volverlo a decir, hasta que la angustia se nos convierte en todo?

2. Lo que hay que hacer es adorar a Dios, ir en oración y darle tributo y gloria a este Dios a quien servimos, que es bendito desde el siglo hasta el siglo.

3. Cuando el día se hace complicado y la mente sugiere mil cosas, vienen los ataques de ansiedad, de desespero y de no saber para dónde correr. Pues uno pone los pies derechitos y dice: aquí estoy en pie.

III. 4. Suya es la magnificencia: su grandeza es inmensa e incomprensible. Tú no la vas a comprender; pero tienes que decir: yo no puedo seguir viviendo así, yo tengo que ver a Dios y lo que Él es como una realidad en mi vida.

5. Suyo es el poder, y esa grandeza es absoluta, total e íntegra: Dios es de una sola pieza. Y si Dios es de una sola pieza, tú y yo debemos ser de una sola pieza.

6. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Todos los reyes son súbditos: todos están debajo y todos dependen de Él. Un día esta tierra se deja; más tarde o más temprano, un día.

B. Verdadera alabanza de Dios con santo pavor.

1. Llega el momento en que nos acostumbramos a ver a Dios: tenemos el desliz, nos caemos y no pasó nada; hablamos, hicimos aquello y no pasó nada.

2. Cuando vamos a adorarlo, cuando escuchamos la Palabra y cuando estamos a solas y nadie nos ve, siempre hay que tener ese pavor de quién es Dios; porque Él nos ve cada segundo y Él lo sabe todo.

3. ¿Tú crees que tu corazón no lo lee Dios? Tu astucia Dios la ha visto y la ha conocido mucho antes de que tú la hicieras manifiesta.

4. ¿Y a qué nos lleva ese temor? A demostrarle que somos hijos. Ni contra el padre carnal uno se rebelaría.

5. Reconozcamos sus infinitas perfecciones. Cuando uno lloró por las circunstancias y ve que Dios salió, tiene que ver cuán excelente es Dios con sus hijos, cómo nos cuida y cómo se nos revela.

6. No hay nada mejor que llevar oración en la mañana. El día es ligerito y tú crees que tú compones tu día; pero nosotros nunca tenemos nada en el puño: lo que pretendes tener, mañana no está bajo tu control. En Dios hay una majestad terrible (Job 37:22); voz de Jehová con potencia, voz de Jehová con gloria (Salmo 29:3-4).

A. La nube densa y la claridad que viene del norte.

1. Al principio impresiona desfavorablemente la visión de la densa nube que impide ver la luz y amenaza con un tremendo aguacero; pero al mirar al norte se presiente que el viento va a barrer las nubes.

2. En muchas ocasiones esa nube impide que uno vea lo que debe ver para luchar y para prepararse. Pero de acuerdo a cómo buscas a Dios, todo marchará bien.

3. Dios no guarda para siempre su enojo. Si tú sientes que Dios se enojó contigo, Él está presto a mostrar su grande misericordia.

4. Eliú concluye diciendo que Dios está rodeado de una majestad que impone pavor por la trascendencia infinita de sus perfecciones; y que al hablar del Todopoderoso hemos de reconocer que nuestra mente limitada no puede comprender sus perfecciones ilimitadas.

5. No es algo de religión, ni de si me gusta la iglesia o no me gustan los coros: es que Dios es majestuoso, y nosotros lo necesitamos para respirar y para vivir.

B. La voz de Jehová quebranta y desgaja.

1. Todo el que oye el trueno debe reconocer que es la voz de Jehová con majestad. Si su voz es tan terrible, ¿qué será su brazo?

2. Esa voz es tan fuerte que quebranta y desgaja los cedros del Líbano, que son altísimos.

3. Cuando tú lees la Biblia, es la voz de Dios la que te quebranta. Si lees la Biblia y escuchas las predicaciones, tendrías esa voz como un trueno dentro de todo tu ser.

4. ¿Y qué desgarra? Lo que hay que quitar y no acabamos de quitar.

C. Una mezcla que no sirve.

1. En un momento la vida se pone lenta, porque te quedaste lento en la comunión con la majestad de Dios y comenzaste a mezclar tu vida con Dios.

2. A Dios no se le da mezcla: a Dios se le da el cien. Esa mezcla es que el setenta por ciento eres tú y el resto pareciera que está Dios; pero llega un momento en que Dios sale, y el cien eres tú.

3. Ni un granito de arena del mundo se lo va a permitir Dios en su santidad y en su deidad. Sácate los granitos, porque son los que hacen que no puedas escuchar el mensaje y son un tormento dentro de tu ser.

4. No podemos vivir a flor de piel, ni seguir siendo hoy igual que hace diez años buscando al Señor; eso es plena crisis espiritual. Pero uno va a Dios, Dios nos escucha, Dios nos perdona y nos levanta.

IV. Jehová reina; se vistió de magnificencia (Salmo 93:1); y Jehová solo será exaltado en aquel día (Isaías 2:10-11).

A. Se ciñó a sí mismo de poder.

1. Este es el cántico de la iglesia glorificada, ya citado en Apocalipsis 19:1. Dios reina gloriosamente, vistiéndose de majestad; y Dios reina poderosamente.

2. No solo se viste de majestad como un príncipe en su corte, sino también de poder como un general en el campo de batalla. A ese Dios es al que servimos.

3. Se ciñó a sí mismo; no lo ciñó otra persona, ya que ni su fuerza ni su poder para administrarla se derivan de otro. Esa es la esencia magnífica de Dios.

4. Y aun siendo tan glorioso, condesciende a cuidar de este mundo y de sus asuntos.

5. Alabanza y magnificencia delante de Él, poder y gloria en su santuario (Salmo 96:6): en su presencia los serafines se cubren el rostro, incapaces de soportar su resplandor.

6. Si de verlo uno podría morirse, piensa qué pasa al fallarle. Dar coces contra el aguijón es la rebelión; es venir y golpear a Dios. Hay que tener temor a Dios.

B. La altivez será abatida; aprendamos la humillación.

1. El profeta amonesta a buscar un lugar donde refugiarse del terror de la ira de Jehová que se aproxima, y a que el pueblo se humille de su altivez.

2. Si algo debemos aprender es la humillación; es el mejor plato que debemos desear en nuestra vida. El problema es que lo que mucho conocemos es la altivez, la arrogancia y lo altanero.

3. En una conversación de adultos no pasan cinco palabras sin que se presuman tres. De tanto hablar se presume, y del presumir uno se hunde: todo lo que es presumir es hundirnos.

4. Y el que te está escuchando va anotando; cuando se anota en la mente y en el corazón, ahí está la vida, y ese corazón se quedó con el que presumió la altivez.

5. Tú no estás en tres familias: tú estás en el cuerpo de Cristo. Si no aprendemos lo de Cristo, ¿para qué una iglesia que solo nos lleva a la exigencia, al reclamo y a una mueca de molestia?

C. Tu morada será conforme a lo que hiciste aquí.

1. En el cielo se dice que hay moradas. Pues entonces tú estás construyendo la tuya, y será conforme a cómo lo buscaste aquí, cómo te santificaste aquí y cómo escuchaste el mensaje aquí.

2. Tus hechos, y lo que le has creído al Dios que te llamó: Él será el que te recompense. Por eso, lo que toque vivir en las pruebas y en las circunstancias, no importa.

3. Por larga que nos parezca la vida, aunque vivas cien años, la eternidad es la larga, porque es perpetua. Lo que hemos hecho aquí en la tierra será nuestra recompensa.

4. En tu vida tú haces lo que bien quieres: la llenas de bien o la llenas de dolor. Deja aquí las amarguras, las inseguridades y los complejos, y disfruta la vida que Cristo te ha dado.

5. Nunca vas a encontrar a alguien tan maravilloso como Él, tan tierno y tan lleno de santidad, y que nos mira aún con la crueldad que podemos tener. Él es el que ama mi alma, y se dio en la cruz por ella. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz