En la vida hay que dar cuenta, y nadie está viviendo solo en la tierra. El hombre es frágil: que le perturbe un pensamiento, a ver si no enloquece en la noche. Ana es conocida porque no tenía hijo, oró a Dios y Dios le dio un hijo; pero lo grande de su historia no es el don sino el Dios que se le reveló en aquella oración. Su acción de gracias fue dictada no solo por el espíritu de oración, sino por el espíritu de profecía, y en ella dejó plasmado para nuestra vida quién es Jehová. Somos injustos si no le pagamos tributo de alabanza y gratitud por lo que Él hace cuando oramos.
I. No hay santo como Jehová; no hay refugio como el Dios nuestro; porque el Dios de todo saber es Jehová, y a él toca el pesar de las acciones (1 Samuel 2:2-3).
A. Ana celebra tres cosas de Dios en su cántico.
1. Su santidad absoluta: no hay santo como Jehová, porque no hay ninguno fuera de Él.
2. Su poder omnipotente: no hay refugio como el Dios nuestro.
3. Su inescrutable sabiduría, esa que no se puede conocer, porque el Dios de todo saber es Jehová. Y su justicia es infalible: no se puede equivocar, no hay error.
4. Lo que ella dictó es totalmente profético, porque solo un profeta puede decir lo que ella está diciendo. Y no era sacerdote ni profeta señalada: fue una mujer que entró en contacto con Dios, y Dios se le reveló.
5. Cuando uno tiene contacto con Dios, Dios se nos revela; pero si caminamos por esta tierra dando cantazos, no.
B. Reconocer el favor recibido y tributarle alabanza.
1. La alabanza es el tributo por el bien y los favores que Dios nos otorga. Ella se sintió obligada a dar gracias, y su acción de gracias es llamada oración.
2. Nosotros, en cambio, vivimos en lamento, en queja, en el problema y en la circunstancia. Hablamos vano y corto, con poca acción de fe: dichos comunes que habla hasta el que no conoce a Dios.
3. En vez de ser victoriosos, somos como los del mundo, porque así habla el que no ha conocido a Dios. El que tiene un encuentro con Dios no habla tan ligeramente.
4. Un pueblo escaso de oración es un pueblo que no alcanza a obtener nada. Respiramos porque Dios nos tiene el aliento de vida y comemos porque en su misericordia provee; pero ¿dónde están los milagros?
5. Cuando ella oró, su voz no se oía: era un murmullo, una angustia. Pero en su acción de gracias habló para que todos pudieran oírla. El día en que Dios contesta, uno puede testificar de las grandes cosas que Él hace a favor del justo.
II. Alabó al donante y pasó por alto el regalo.
A. Casi pasa por alto el don para mejor alabar al que se lo dio.
1. Ella ve que el favor es inmerecido, que no se lo merece; por eso pasa por alto el regalo. ¿Quién le dio el hijo? Dios. Así que el donante es Dios.
2. Cuando Dios nos da los regalos, nos fijamos en el regalo y vivimos en el regalo. La mayoría se olvida del dador para adherirse únicamente a lo recibido.
3. Ella llevó a Samuel al templo y se desprendió completamente: se desgarró el corazón, le llevaba ropa, pero no tenía el contacto con el niño, ni un beso, ni un abrazo, ni sus primeras palabras.
4. Es un acto de fe de alguien valiente: "Yo se lo entrego a Dios, porque si Dios me escuchó, ya Dios lo tiene y Dios lo va a usar". Y así mismo fue: Dios lo llevó a ser el profeta que ungía a los reyes.
5. No se quedó amarrada al hijo ni en la crianza absoluta: se convirtió en una mujer llena de sabiduría, conocimiento, consejo y poder, y creció en amar a Dios sobre todas las cosas, más que a los hijos.
6. Ella se esforzó para que su hijo fuera siervo de Dios. Ahora cuéntame cuánto nos esforzamos nosotros para que nuestros hijos sean hombres y mujeres de Dios. La forma de criar es lo que tú formas en el que tienes en tu vida.
B. Dejar de vivir tanto para uno.
1. Vivimos complaciéndonos veinticuatro horas, y la vida no es darle cuatro pesos a alguien: la vida es cuando uno se desangra.
2. La preocupación que nace del amor lleva a la oración, y la oración lleva a una acción que le hace bien a esa persona. Si hay un pueblo que clama, Dios lo quiere oír para contestar y hacer la obra.
3. Es cuando la acción de uno produce un milagro en alguien, y cuando el hablar no es lo que pretendo, sino una espada de doble filo que atraviesa un corazón para que busque a Dios.
4. Hoy se vive muy orgulloso y para uno solo. Hay lágrimas que están de más, y hay lágrimas que Dios nos dice que tenemos que empezar a desarrollar.
III. Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los débiles se ciñeron de poder (1 Samuel 2:4-5).
A. Al mandato de Dios se invierten las fuerzas.
1. Los fuertes se quedan desarmados e impotentes para llevar a cabo lo que hacían antes y lo que planeaban hacer después.
2. Los que antes tropezaban de apuro y de debilidad, y ni aun se podían tener en pie, se ciñen de poder en cuerpo y alma y se sienten capaces de llevar a cabo grandes cosas.
3. A través de Ana se revela la capacidad de Dios de dar fuerza a los débiles, de romper los arcos de los fuertes y de cambiar la situación de los que confían en Él.
4. Hay cosas que a veces hay que decir y no se dicen, y cosas que hay que luchar y no se hace; entonces seguimos en la laguna de ser débiles y nos vamos ahogando lentamente.
5. Para hacer la obra de Dios hay que engancharse en la oración, y nadie te puede quitar la oración.
B. Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca.
1. A Ana la burlaban de algo tan sensible como no poder tener hijos; tenía enemigos. Tras ser bendecida, su confianza en Dios le permite hablar sin miedo sobre ellos.
2. Así se le calla la boca a los arrogantes: dejándoles ver que Dios estaba con ella, mostrando el milagro de Dios porque oró y Dios contestó.
3. No dejes nunca que nadie te destruya la fe por una broma o por una burla. Aprender a contestar no es malcriar, sino dar a conocer al Dios que ha salido a favor nuestro.
4. Ya nosotros, por nosotros mismos, tenemos un valor para Dios. ¿Quién abre el cielo? Tu oración; y te oye Dios.
IV. Jehová mata y él da vida; abate y enaltece; porque de Jehová son las columnas de la tierra (1 Samuel 2:6-8).
A. Dios es dueño soberano de la vida y de la muerte.
1. El día de cada uno Dios lo tiene. Para Dios no hay nada demasiado difícil, ni siquiera resucitar a los muertos y poner vida en huesos secos dispersados.
2. El subir y el bajar en la vida a Dios se deben: a unos los hace descender y a otros levantar; humilla al orgulloso y da gracia y honor al humilde.
3. Los hijos piensan que quien controla es mamá y papá, y el que trabaja piensa que es el jefe; al fin y al cabo el control está bajo las manos de Dios, y lo que hay que hacer es ser manso.
4. El enemigo no se levanta por su cuenta: con Job tuvo que presentarse delante de Dios y pedir permiso, y Dios le dijo hasta aquí. Solo Dios tiene poder para abatir a los orgullosos y quebrantar a los altivos.
5. El día no se pone malo de cantazo: se va poniendo difícil, a ver si en uno hay alguna reacción y hay una humillación. Humillaos delante del Señor, y Él os exaltará (Santiago 4:10); todo el que se humilla delante de Él, Dios lo levanta.
B. De Jehová son las columnas de la tierra, y Él afirmó sobre ellas el mundo.
1. Todo líder, gobernante y jefe de estado parece ser la columna en torno a la cual gira todo, y parecen ser ellos los que hacen los cambios; pero de Él han recibido el poder y la autoridad que tienen, y por eso Él puede elevar o abatir a quien quiere.
2. De opinar hay que tener cuidado, porque podemos estar rebelándonos contra Dios. No somos analistas y no conocemos lo que hay detrás; lo que conocemos es que somos hombres y mujeres de oración.
3. ¿Podemos hacer algo? Orar. No hay poder en nuestro hablar ni en nuestro opinar; Dios es el que lleva la tierra, y cada uno será como Dios lo lleve.
4. Él sustenta todas las cosas con la palabra de su poder (Hebreos 1:3): un poder omnipotente que no puede ser resistido ni manipulado. Eso es lo que nos hace descansar.
5. Cuando uno tiene complejos e inseguridades, habla sin ton ni son, y pobres los oídos que quedan cautivos de lo que no vale la pena. Dejemos de ser grandes y seamos tranquilitos, humillándonos cada mañana delante de Aquel que sí puede abatir a quien quiera. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
